Talento femenino y biometano: la oportunidad del sector energético de no dejar a nadie atrás

La transición energética y la innovación tecnológica abren nuevas oportunidades para avanzar hacia entornos STEM más diversos, inclusivos y capaces de aprovechar todo el talento disponible
Autor/es
Valeria Arpuzzo
Entidad
23-06-2026

Hablar de mujeres ingenieras o en carreras STEM no debería ser, en el futuro, una necesidad. Pero hoy, todavía lo es. Y no porque el talento tenga género, sino porque la realidad nos muestra que aún existen desequilibrios que merece la pena analizar, comprender y, sobre todo, seguir mejorando desde una mirada constructiva.

Durante décadas, las profesiones STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas— han estado mayoritariamente ocupadas por hombres. Hoy, afortunadamente, cada vez somos más las mujeres que decidimos formarnos y desarrollar nuestra carrera en este ámbito. Aun así, basta con mirar a nuestro alrededor —en las aulas universitarias o en los equipos de trabajo— para comprobar que la igualdad numérica todavía no se ha alcanzado. Y esta constatación, lejos de ser un reproche, es una invitación a la reflexión.

En mi caso, no siempre supe a qué quería dedicarme. Escuché lo que me movía por dentro y finalmente me decanté por estudiar la naturaleza. Siempre me ha fascinado su equilibrio, su capacidad de adaptación y su continuidad en el tiempo. Es la base de todo lo que nos rodea y, sin embargo, durante décadas hemos evolucionado como sociedad a costa de ella, en lugar de hacerlo junto a ella.

 

Hablar de mujeres en STEM no debería ser, en el futuro, una necesidad. Pero hoy, todavía lo es.

 

El sector energético y el medioambiente siempre han estado íntimamente ligados. Como la gran mayoría de industrias conectadas a STEM, las mujeres hemos sido minoría. No obstante, la energía siempre ha estado pegada a lo nuevo: nuevas tendencias, nuevas formas de producir energía y, sobre todo, nuevas formas de ver la realidad. Este espíritu es la gran baza que me hizo formarme en energías renovables: una nueva manera de contribuir a un modelo más sostenible y que se inspire en los ciclos naturales. En ese aspecto, las bioenergías como el biometano son el mejor ejemplo, ya que en un digestor se puede transformar residuos en energía limpia, replicando el ciclo natural del carbono. En esencia, es aprender de la naturaleza para avanzar sin romper sus equilibrios.

Hoy, veo esa vocación materializarse en mi día a día a través de una empresa joven, dinámica y comprometida con la sostenibilidad, como Biorig, la división de gases renovables de Solarig, fundada en 2023. También observo cómo, aunque cada vez somos más mujeres, aún no somos tantas como podríamos ser. Y la pregunta surge de forma natural: ¿por qué?

 

Mismas funciones y responsabilidades sin el mismo contexto

Desde mi experiencia, la respuesta no está en la capacidad. Hombres y mujeres desempeñamos las mismas funciones, resolvemos los mismos problemas y asumimos las mismas responsabilidades. El talento no entiende de género. Sin embargo, el contexto en el que se desarrollan estas profesiones sí tiene una historia, y esa historia ha moldeado la forma en que trabajamos hoy.

Las profesiones STEM han evolucionado durante mucho tiempo en entornos diseñados, en gran medida, en torno a patrones de vida tradicionalmente masculinos. No se trata de señalar culpables, pero quizá el reto no esté solo en incorporar más mujeres a un sistema existente, sino también seguir transformando ese sistema para que pueda acoger mejor la diversidad.

 

Fomentar el empleo femenino en STEM no pasa únicamente por incentivar vocaciones desde edades tempranas —aunque esto sea fundamental—, sino por garantizar que, una vez dentro, las mujeres encuentren espacios donde puedan desarrollarse plenamente.

 

Aquí es donde vuelvo a la naturaleza como fuente de inspiración. Si algo la caracteriza es su capacidad para integrar la diversidad y convertirla en fortaleza. Los ecosistemas más resilientes son aquellos que cuentan con múltiples especies, ritmos y formas de interacción. ¿Por qué no trasladar esa lógica al ámbito profesional?

 

Nuevas tendencias, nuevas formas de entender la realidad

Existen diferencias biológicas y de funcionamiento entre las personas, algo que no debería interpretarse como una limitación, sino como una realidad que puede enriquecer la manera en que entendemos la productividad. Los ritmos de energía, la concentración o incluso la forma de abordar los problemas no son idénticos en todos los individuos. Integrar esta diversidad no significa segmentar, sino flexibilizar: diseñar entornos laborales que permitan diferentes maneras de aportar valor.

Las organizaciones jóvenes, así como las personas jóvenes que, a mayores, trabajamos por el desarrollo de energías nuevas como el biometano, tenemos la obligación de poner en tela de juicio las dinámicas que nos han llevado hasta aquí. Quienes apuestan por la innovación tecnológica y la descarbonización ya están rompiendo inercias en muchos aspectos. Están diciendo que los modelos tradicionales no siempre son los más eficientes ni los más sostenibles. Y esa mentalidad abre también la puerta a repensar cómo gestionamos el talento.

Fomentar el empleo femenino en STEM no pasa únicamente por incentivar vocaciones desde edades tempranas —aunque esto sea fundamental—, sino por garantizar que, una vez dentro, las mujeres encuentren espacios donde puedan desarrollarse plenamente. Espacios donde no tengan que adaptarse constantemente a estructuras rígidas, sino donde exista margen para conciliar, para liderar desde distintos estilos y para evolucionar profesionalmente sin renuncias innecesarias.

 

Hombres y mujeres desempeñamos las mismas funciones, resolvemos los mismos problemas y asumimos las mismas responsabilidades. El talento no entiende de género.

 

Esto no es una cuestión que beneficie solo a las mujeres. Es una oportunidad para mejorar los equipos, enriquecer las perspectivas y construir entornos más resilientes. Cuando incorporamos diversidad real —de género, pero también de pensamiento y de experiencia—, las soluciones que encontramos suelen ser más completas y sostenibles.

 

Transición energética que sume talento femenino

En el contexto actual, marcado por la transición energética necesitamos todas las miradas posibles. Limitar el acceso o la permanencia de talento por razones estructurales no solo es injusto, sino también ineficiente.

Empresas como Biorig y Solarig ya están dando pasos en esta dirección, impulsando culturas corporativas que entienden la sostenibilidad en un sentido amplio: no solo medioambiental, sino también social. Pero, como en cualquier proceso de transformación, aún hay camino por recorrer. Se trata de seguir aprendiendo, de escuchar activamente y de adaptar los modelos para que reflejen mejor la realidad diversa de las personas que los integran.

Hablar de mujeres en STEM no debería ser, en el futuro, una necesidad. Pero hoy, todavía lo es. Y si lo hacemos desde una perspectiva constructiva, centrada en mejorar el sistema para todos, estaremos más cerca de lograrlo. Me ilusiona pensar que estamos en una etapa de transición. Igual que el sector energético está evolucionando hacia fuentes más limpias y sistemas más inteligentes, también nuestras formas de trabajar pueden seguir evolucionando. No desde la confrontación, sino desde la colaboración. No desde la imposición, sino desde la comprensión.

Porque, al final, no se trata de quién ocupa más espacio, sino de cómo construimos juntos un entorno en el que todas las personas puedan aportar lo mejor de sí mismas. Y eso, igual que ocurre en la naturaleza, siempre conduce a sistemas más equilibrados, más eficientes y, en definitiva, más sostenibles.

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