Economía circular en la empresa: avanzar en sostenibilidad sin perder competitividad

Autor/es
Luis Bustamante
Publicado en
04-02-2026

La transición hacia una economía circular avanza entre oportunidades y tensiones para el tejido productivo. A través de las voces de cuatro grandes empresas —ASEDAS, IKEA, LG y Primark— este reportaje analiza cómo las compañías afrontan el reto de avanzar en sostenibilidad sin comprometer su competitividad, en un contexto marcado por la presión regulatoria, los costes y la respuesta del mercado.

La economía circular se ha consolidado como uno de los grandes ejes de la agenda climática, industrial y económica. Frente al modelo lineal de extraer, producir, consumir y desechar, la circularidad busca mantener el valor de los recursos y materiales el mayor tiempo posible, reduciendo la presión sobre materias primas, energía y ecosistemas. Sin embargo, los datos muestran que la transición avanza a un ritmo insuficiente: a escala global, el Circularity Gap Report sitúa la tasa de circularidad en el 7,2 %, mientras que en la Unión Europea Eurostat la estima en torno al 12,2 % en 2024, aún lejos del objetivo del 23,2 % en 2030. En España, el uso de materiales de origen reciclado se situó en el 7,4 % en 2024.

 

Este escenario coincide con un momento de alta complejidad para el tejido productivo: volatilidad de materias primas, tensiones en cadenas de suministro, encarecimiento energético y endurecimiento del marco normativo europeo. La circularidad emerge así no solo como estrategia ambiental, sino también como palanca de política industrial, autonomía estratégica y resiliencia. La pregunta clave es cómo avanzar sin convertir la sostenibilidad en una desventaja competitiva.

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Cuando la sostenibilidad se convierte en ventaja competitiva

Para las empresas, aplicar principios circulares —ecodiseño, reutilización de materiales, optimización de procesos y valorización de residuos— puede traducirse en ahorros, reducción de riesgos de abastecimiento y mejoras de productividad. Estudios citados por la Comisión Europea y la OCDE apuntan que integrar criterios circulares reduce vulnerabilidad ante la volatilidad de precios, especialmente en el caso de materias primas críticas.

Sin embargo, la implantación real sigue siendo desigual. Persisten barreras como el impacto en los costes a corto plazo (rediseño, inversión tecnológica, trazabilidad), la limitada estabilidad de los mercados de materiales reciclados y la falta de armonización normativa. A ello se suma una brecha de mercado: crece la intención de compra sostenible, pero no siempre se traduce en decisiones reales cuando implica pagar más o cambiar hábitos.

 

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Del marco teórico a la realidad empresarial

Para entender cómo se aterriza este equilibrio, RETEMA ha recogido la visión de cuatro organizaciones líderes en sectores muy distintos.

 

ASEDAS: circularidad con márgenes estrechos

En la distribución alimentaria, con márgenes netos del 1 % al 3 %, la circularidad se plantea como eficiencia operativa para evitar encarecer la cesta de la compra. ASEDAS destaca la optimización de costes energéticos —con compañías que ya operan con electricidad 100 % renovable— y el control de mermas y desperdicio como vías que mejoran sostenibilidad y competitividad a la vez.

En envases, el reto es reducir materiales no reciclables sin comprometer la seguridad alimentaria. La asociación subraya avances en gestión interna: más del 90 % de los residuos en plataformas se recupera. Además, la logística inversa y la recuperación centralizada de cartón y plástico en tienda rozan el 100 %, y el uso de envases reutilizables de transporte en frescos (“pool”) reduce residuos de un solo uso y mejora el llenado de camiones, con impactos directos en costes y emisiones. En regulación, ASEDAS insiste en evitar obligaciones rígidas que incrementen costes logísticos sin mejoras ambientales equivalentes, defendiendo marcos flexibles y diálogo sectorial.

 

IKEA: reparabilidad para sostener la asequibilidad

IKEA concibe la circularidad como un cambio sistémico que atraviesa diseño, materiales, servicios y relación con el cliente. Impulsa la segunda vida de productos mediante recompra y reventa, pero recalca que la clave está en integrar la circularidad desde el origen: ecodiseño y, sobre todo, reparabilidad.

La compañía trabaja en rediseños que faciliten montaje, desmontaje y reparación, apoyados en la disponibilidad de repuestos: en el FY24 entregó más de 25,8 millones de piezas gratuitas. Para que el modelo escale, IKEA subraya la necesidad de confianza: un producto reparado o reacondicionado debe ofrecer garantías claras de calidad y durabilidad. También reclama marcos europeos armonizados que faciliten la reparación y eviten que la opción lineal siga siendo la más simple o barata.

 

LG: durabilidad y circularidad como estándar en electrónica

En un sector de alta competencia e innovación acelerada, LG plantea la sostenibilidad como parte estructural del producto: eficiencia energética, durabilidad, materiales reciclados y reparabilidad. La empresa vincula durabilidad y lucha contra la obsolescencia programada con una ventaja competitiva basada en la fiabilidad.

LG reconoce, no obstante, que la sostenibilidad de producto no basta y propone ampliar el enfoque con acciones de regeneración ambiental. En ese marco sitúa su iniciativa Smart Green, orientada a proyectos de restauración de ecosistemas (reforestación, protección de polinizadores o recuperación de praderas marinas) mediante alianzas. Para acelerar la circularidad sin perder competitividad, reclama marcos regulatorios e incentivos que premien eficiencia, durabilidad y reparación.

 

Primark: diseño circular y durabilidad sin penalizar el precio

El textil afronta presión ambiental con el precio como variable crítica. Primark señala desafíos como la fragmentación normativa y la desigual infraestructura de reciclaje. También alerta de limitaciones técnicas: diseñar con menos materiales o monomaterial puede afectar tacto y durabilidad.

La compañía defiende que la asequibilidad se sostiene con simplicidad operativa, compras a gran escala y márgenes ajustados. Su enfoque circular busca mantener productos y materiales en uso durante más tiempo, ampliando opciones de reutilización y reparación. Ante la falta de una definición sectorial clara de “prenda reciclable”, Primark ha desarrollado un marco propio de evaluación, reforzando una idea clave: el precio no es un indicador fiable de durabilidad. También subraya que la armonización y digitalización del cumplimiento normativo serían determinantes para reducir costes administrativos y centrar recursos en impacto real.

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