Seguridad hídrica: desafíos y soluciones para garantizar el acceso sostenible al agua

A través de una gestión integrada, la implantación de una estrategia adaptativa para hacer frente al cambio climático y el diseño de un sistema de gobernanza eficiente, es posible conseguir la seguridad hídrica para las generaciones presentes y futuras
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17-08-2023
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La escasez de agua es uno de los principales desafíos para la seguridad hídrica. La demanda de agua es creciente a la par que se incrementa la población y el desarrollo económico. Incrementamos la demanda de servicios de agua y no es posible satisfacer esta creciente demanda con el enfoque tradicional de oferta.

Junto al problema de escasez surge el problema de calidad. Los impactos causados por las presiones ejercidas por las actividades humanas provocan problemas en la calidad de los recursos y en el medio ambiente. Estos impactos tienen consecuencias sobre los usos del agua y sobre los ecosistemas.

 

La seguridad hídrica descansa sobre tres pilares: cantidad (escasez), calidad y gestión. Se trata de equilibrar la demanda y el suministro de agua, promoviendo un uso sostenible a largo plazo de los recursos hídricos y protegiendo los ecosistemas.

 

La única forma de afrontar estos problemas es a través de un sistema de gestión integral de los recursos. Esto es, un sistema que incluya la gestión eficiente de las diferentes fuentes de recursos disponibles, el tratamiento óptimo de las aguas residuales y la preservación del medio ambiente. Cuando a este sistema le damos un enfoque de sostenibilidad a largo plazo, estamos garantizando la seguridad hídrica, permitiendo el acceso sostenible al agua para las generaciones presentes y futuras.

Para estos desafíos disponemos de un conjunto de herramientas que abordan de manera eficaz el problema. Previamente, es esencial la existencia de un sistema de gobernanza adecuado a las circunstancias, debido a que este sistema de gobernanza es el responsable de implementar todos estos mecanismos y el proceso de toma de decisiones.

La primera solución o herramienta para lograr la seguridad hídrica es establecer la gestión integrada de los recursos hídricos para abordar el problema de la escasez. Incluir en este sistema no sólo a los recursos naturales convencionales (superficiales y subterráneos), también a los de producción industrial (aguas regeneradas y desalinización).

 

La única forma de afrontar estos problemas es a través de un sistema de gestión integral de los recursos que incluya la gestión eficiente de las diferentes fuentes de recursos disponibles, el tratamiento óptimo de las aguas residuales y la preservación del medio ambiente.

 

La ventaja de la desalación y regeneración deriva de su capacidad para proporcionar un suministro de agua seguro en regiones donde los recursos hídricos convencionales son limitados, reduciendo la presión sobre masas de agua sobreexplotadas, sin limitar las oportunidades para el crecimiento y desarrollo económico.

No obstante, la seguridad hídrica que pueden proporcionar estas fuentes alternativas debe ir acompañada de una sostenibilidad financiera y una sostenibilidad energética. Sostenibilidad financiera tanto de los servicios proporcionados, como de las actividades sostenidas con estos recursos. El coste de producción de estos recursos (especialmente en el caso de la desalinización) es muy elevado. La estrategia de producción a una escala óptima, la integración con otras fuentes y la distribución de costes entre todos los agentes implicados, con elementos que están presentes para la necesaria sostenibilidad financiera que coadyuve a alcanzar a la seguridad hídrica y permita el acceso a estos recursos de forma sostenible para la mayor parte de la población y las actividades vulnerables.

La desalinización es intensiva en el uso de energía, por lo que requiere de acceso a una fuente fiable y económica de energía, lo que puede ser un reto importante en áreas donde la escasez de agua y energía van unidas.

El pilar de la calidad en la seguridad hídrica queda como asignatura pendiente. Hemos mejorado mucho en los últimos años, pero el actual modelo desarrollado en Europa en las últimas décadas se ha quedado obsoleto y no responde a problemas significativos de los vertidos y su impacto en el medio ambiente. Existen importantes lagunas no consideradas hasta el momento como son los contaminantes de atención emergente (carga relacionada con productos farmacéuticos y cosméticos, fundamentalmente), la escorrentía provocada por las aguas pluviales en zonas urbanas y los contaminantes que arrastra, el alto consumo energético de las plantas de tratamiento, etc.

Para hacer frente a este reto de calidad, vienen cambios importantes en el tratamiento de determinadas sustancias ahora no consideradas (microcontaminantes), la extensión de los requerimientos legales a pequeños núcleos ahora exentos (menores de 2.000 habitantes), gestión de las aguas pluviales, reducción en el uso de la energía, etc. Medidas muy ambiciosas que supondrán (según la Comisión Europea) un ahorro de 3.000 millones de euros anuales a partir de 2040, y que garantizarán la calidad buen estado de las masas de agua europeas.

Esta gestión integrada debe venir acompañada de una gestión eficiente, de una mejora de la gobernanza, del proceso de toma de decisiones. Debido a la situación de escasez, las actividades económicas y el uso de “boca” han abordado el problema reduciendo el insumo de agua, pero sin reducir la producción o los servicios. Esto ha sido posible con la mayor productividad y eficiencia en el uso del agua, permitiendo el crecimiento económico y el incremento del bienestar de la sociedad, a pesar de la escasez de agua. Escasez motivada por la limitación de los recursos hídricos convencionales. Pero también, surgen nuevos retos para abordar mejoras en los procesos y en la gestión. El sistema de gobernanza debe ser dinámico y adaptarse a las circunstancias cambiantes.

Todo esto implica un incremento del coste de los servicios del agua que, necesariamente, se traducirá en cambios en los precios. La cuestión financiera será uno de los grandes retos que debemos afrontar. Es imprescindible adoptar mecanismos más dinámicos de financiación que superen el exclusivo recurso presupuestario y permitan fórmulas de colaboración público-privado.

La seguridad hídrica es un desafío que requiere acciones coordinadas. A través de una gestión integrada, la implantación de una estrategia adaptativa para hacer frente al cambio climático y el diseño de un sistema de gobernanza eficiente, es posible conseguir la seguridad hídrica para las generaciones presentes y futuras.