Entrevista

“Circularidad y competitividad son dos caras de una misma moneda”

Entrevista a Daniel Calleja y Crespo, director de la Representación de la Comisión Europea en España
Autor/es
Griselda Romero
08-06-2026
Publicado en

Europa ha dejado de mirar la economía circular como una política exclusivamente ambiental. Ya no se trata solo de residuos, reciclaje o protección del entorno, sino de una pieza cada vez más decisiva para su competitividad industrial y su autonomía estratégica. Tras años marcados por la crisis energética, la fragilidad de las cadenas de suministro y la presión creciente sobre las materias primas críticas, la Unión Europea intenta evitar que su dependencia de recursos externos se convierta en una nueva vulnerabilidad económica. En ese contexto, la circularidad emerge como una respuesta industrial: usar mejor los materiales, recuperar valor de los residuos y construir un mercado europeo capaz de alimentar su propia transición.

Pocas voces conocen mejor ese cruce de agendas que Daniel Calleja y Crespo, actual director de la Representación de la Comisión Europea en España. Con más de tres décadas de trayectoria en las instituciones comunitarias, Calleja ha ocupado puestos de máxima responsabilidad en ámbitos clave para esta conversación: fue director general de Medio Ambiente de la Comisión Europea, director general de Mercado Interior, Industria, Emprendimiento y Pymes, y director general del Servicio Jurídico de la institución. Su perfil reúne tres dimensiones esenciales del debate actual —ambición ambiental, competitividad industrial y arquitectura normativa—, lo que le otorga una perspectiva especialmente completa sobre uno de los grandes desafíos europeos: convertir la circularidad en una ventaja competitiva para la economía europea.

En esta entrevista, Calleja reflexiona sobre ese cambio de paradigma y analiza el papel que la economía circular está llamada a desempeñar en la nueva agenda europea. Aborda los obstáculos que aún frenan su despliegue, la lentitud de los avances, la ausencia de un verdadero mercado único de materias primas secundarias, el papel de la futura Ley de Economía Circular y la necesidad de simplificar cargas regulatorias sin rebajar la ambición. Su mensaje apunta a una idea de fondo: la circularidad ha dejado de ser un complemento del Pacto Verde para convertirse en una condición de futuro para la economía europea. Si Europa quiere ser más resiliente, menos dependiente y más competitiva, tendrá que aprender a convertir sus residuos en recursos y su ambición ambiental en capacidad industrial.

 

Para comenzar con un diagnóstico, ¿qué valoración hace de la situación actual de la economía circular en Europa? ¿Diría que la UE está avanzando al ritmo necesario o que sigue existiendo una brecha importante entre la ambición política y los resultados reales?

Europa necesita acelerar su transición hacia una economía circular. El uso racional de nuestros recursos naturales, que son limitados, resulta esencial para mejorar la seguridad económica, fortalecer la competitividad y la reducir las emisiones de carbono. Bajo esta premisa, reducir, reutilizar y reciclar se han consolidado como los ejes fundamentales de nuestra estrategia de economía circular.

 

“El uso racional de nuestros recursos naturales, que son limitados, resulta esencial para mejorar la seguridad económica, fortalecer la competitividad y reducir las emisiones de carbono”

 

Si bien la industria de la UE es pionera en circularidad, los avances tangibles han sido lentos. Un indicador fiable para medir este progreso es la llamada “tasa de circularidad”, que refleja qué proporción de los materiales utilizados vuelve al ciclo productivo mediante el reciclaje o la reutilización, en lugar de acabar convertida en residuo. Actualmente, esta tasa se sitúa en el 12,2 % en la UE, lo que representa un avance muy modesto frente al 11,2 % registrado en 2015. Estos datos evidencian que todavía existe un gran potencial para optimizar la eficiencia en el uso de nuestros recursos.

Este escenario presenta una gran diversidad, tanto entre Estados miembros como entre tipos de materiales. En 2024, observamos tasas elevadas en los Países Bajos (32,7 %), Bélgica (22,7 %) e Italia (21,6 %), que contrastan con cifras significativamente más bajas en Rumanía (1,3 %), Finlandia e Irlanda (2,0 %) y Portugal (3,0 %). En cuanto a los materiales, la tasa de circularidad en la UE fue elevada para los minerales metálicos (23,4 %), seguidos de los minerales no metálicos (14,3 %), la biomasa (9,9 %) y, en última instancia, los portadores de energía fósil (3,8 %).

En términos generales, los esfuerzos hacia la circularidad se ven frecuentemente obstaculizados por la falta de economías de escala y la ausencia de un verdadero mercado único para los residuos, las materias primas secundarias y los materiales reutilizables.

Nuestro objetivo desde la Comisión Europea, tal como viene expresado en el Pacto Industrial Limpio de la UE, es duplicar la tasa de circularidad hasta alcanzar el 24 % de aquí a 2030. Para lograrlo, es imperativo que Europa elimine los obstáculos que aún frenan el desarrollo de las prácticas circulares.

 

“Los esfuerzos hacia la circularidad se ven frecuentemente obstaculizados por la falta de economías de escala y la ausencia de un verdadero mercado único para los residuos, las materias primas secundarias y los materiales reutilizables”

 

La tasa de circularidad de la UE se sitúa en el 12,2 %, lo que representa un avance muy modesto frente al 11,2 % registrado en 2015. El objetivo de la Comisión es duplicarla hasta alcanzar el 24 % de aquí a 2030

 

En los últimos años, la economía circular ha dejado de plantearse en la UE únicamente como una agenda ambiental. ¿Qué factores explican que hoy se vincule cada vez más con la competitividad, la resiliencia industrial y el mercado interior?

Efectivamente. La transición a una economía más circular ha dejado de ser una cuestión puramente ambiental para convertirse en una necesidad económica. Como señalaba recientemente en Múnich la comisaria europea de Medioambiente, Resiliencia Hídrica y Economía Circular Competitiva, Jessika Roswall, los acontecimientos de los últimos años han puesto de relieve el grado de exposición de la UE a la vulnerabilidad de las cadenas de suministro.

Nuestra dependencia de terceros países para la obtención de materias primas fundamentales, así como los conflictos geopolíticos pueden impactar muy rápidamente en nuestra economía. Cuando eso sucede, Europa recuerda de modo doloroso que sus dependencias tienen un coste: el incremento en los precios de la energía y los materiales encarece la producción e intensifica la presión sobre hogares y empresas.

Esta es la razón por la que la economía circular importa tanto. Su función no se limita a la reducción de la cantidad de residuos, sino que actúa como una herramienta clave para mitigar nuestras vulnerabilidades. Al usar los materiales de manera más eficiente, aliviamos la presión sobre los ecosistemas y reforzamos nuestra base económica. En definitiva, circularidad y competitividad son las dos caras de una misma moneda.

 

 

¿Cree que estamos ante un verdadero cambio de paradigma en la forma de entender la economía circular en Europa o, más bien, ante una evolución natural de objetivos que ya estaban presentes en la agenda comunitaria? ¿Cuáles han sido los grandes hitos de ese proceso?

Estamos ante un auténtico cambio de paradigma. El impulso a la circularidad ha pasado de ser un “plus” opcional a favor del medioambiente a convertirse una respuesta estratégica a la realidad de un continente pobre en muchos de sus recursos.

Las cifras actuales son elocuentes y demuestran la urgencia de este cambio: solo recuperamos un 1 % de algunas tierras raras, se reutiliza el 1 % de los materiales obtenidos tras la demolición de edificios y se recicla el 1 % de la ropa usada, cuya base es principalmente petroquímica. En este contexto, una mayor circularidad se traduce directamente en más eficiencia, menos costes y un modelo productivo más sostenible y competitivo.

La comisaria Roswall, señalaba recientemente, durante su discurso en el Foro LOOP, tres aportaciones fundamentales de la circularidad a nuestra economía: competitividad, resiliencia y seguridad económica.

  • En primer lugar, refuerza nuestra competitividad. Los fabricantes europeos destinan más del doble de recursos a materiales que a mano de obra o energía. Las prácticas circulares mitigan estos costes al reducir la necesidad de insumos. De hecho, un estudio reciente sugiere que una implementación profunda de estas prácticas podría reducir el uso de metales en un 10 %, el de electricidad en un 7 % y el de combustibles fósiles en un 6 %.
  • En segundo lugar, aumenta nuestra resiliencia. Las soluciones circulares reducen la dependencia de recursos escasos, aumentan nuestra autonomía estratégica y hacen que la economía sea menos vulnerable a las interrupciones del suministro. El margen de mejora es enorme: en una Europa circular, los materiales recuperados de baterías podrían abastecer más de la mitad de la demanda de cobalto de la UE de aquí a 2040.
  • En tercer lugar, garantiza nuestra seguridad económica. La circularidad podría mejorar la balanza comercial de la UE en 35.000 millones de euros al año, reduciendo la exposición a la volatilidad y aumento de los precios.

En cuanto a los hitos de este proceso, la UE ha consolidado su estrategia a través de dos Planes de Acción de Economía Circular (el último de ellos de 2020), que proponían iniciativas legislativas y no legislativas que abordaban todo el ciclo de vida de los productos. El objetivo de las iniciativas, adoptadas ya en su mayoría, ha sido garantizar que los recursos se mantengan en el sistema productivo de la UE el mayor tiempo posible, evitando la generación de residuos desde la fase de diseño.

Mirando hacia el futuro inmediato, a finales de este año 2026, una Ley de Economía Circular reforzará el mercado único de materias primas secundarias. Asimismo, una segunda Ley de Biotecnología servirá de base para el mercado de materiales de origen biológico, en particular en lo relativo a la conversión de residuos en recursos de alto valor como energía y fertilizantes.

 

La circularidad podría mejorar la balanza comercial de la UE en 35.000 millones de euros al año, reduciendo la exposición a la volatilidad y al aumento de los precios

 

La Declaración de Budapest situó la circularidad, la eficiencia en el uso de los recursos y el mercado de materiales secundarios en el centro del debate sobre competitividad. ¿Qué significado político tiene, a su juicio, este paso?

La Declaración de Budapest de noviembre de 2024 representa un hito importante en la definición de la agenda política para la presente legislatura europea. El Consejo Europeo, reunido en la capital húngara para analizar lo expuesto en los informes de Enrico Letta y Mario Draghi nos urgió a dar una respuesta unificada en Europa ante el desafío de la competitividad.

Es de destacar el papel central que la circularidad ocupa en ese nuevo pacto por la competitividad. En su punto 8, la declaración llamaba explícitamente a desarrollar una economía más circular y eficiente en el uso de los recursos, promoviendo la creación de un mercado integrado para los materiales secundarios, con especial énfasis en las materias primas críticas.

Con este fin, los líderes europeos solicitaron formalmente a la Comisión Europea la presentación de una iniciativa legislativa específica sobre economía circular. Esta mención es de una gran relevancia política, ya que consagró definitivamente la circularidad como una prioridad económica, superando su percepción histórica como una agenda meramente medioambiental.

 

En este contexto, ¿qué papel desempeña la economía circular dentro de la nueva agenda europea de competitividad y, en particular, en iniciativas como la Competitiveness Compass y el Clean Industrial Deal?

Desempeña un papel clave, principalmente porque Europa no quiere que la dependencia de las materias primas se convierta en el próximo gran problema para su industria, como ya lo ha sido la dependencia energética. Las cifras actuales subrayan esta urgencia: hoy se recoge menos del 40 % de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos y solo se recicla el 30 %. Esto significa que estamos dejando atrás cientos de miles de toneladas de materias primas críticas, que además de contaminar nuestro planeta, podrían reintegrarse en el ciclo productivo para satisfacer la demanda de nuestra industria.

Otro ejemplo claro es el sector de los fertilizantes, donde la circularidad se erige como una cuestión de seguridad. La producción interior, incluyendo los fertilizantes hipocarbónicos y aquellos derivados de nutrientes reciclados, permite reducir la dependencia de las importaciones y mitigar las emisiones asociadas. Además, este enfoque promueve modelos de negocio circulares que, en última instancia, deberían contribuir a reducir los precios de los insumos para los agricultores.

 

“Europa no quiere que la dependencia de las materias primas se convierta en el próximo gran problema para su industria, como ya lo ha sido la dependencia energética”

 

En ese cruce entre circularidad y competitividad, ¿dónde ve hoy las principales fortalezas del marco regulatorio europeo y dónde sus principales debilidades?

Actualmente nos encontramos en la fase de construcción de ese marco europeo. En la futura Ley de Economía Circular, será esencial alcanzar un equilibrio estratégico entre una ambición regulatoria en aras de una mayor sostenibilidad y un buen acompañamiento de las empresas encargadas de implementarla.

La resiliencia económica y la responsabilidad ambiental son hoy dos elementos indisociables. Una legislación con un alto grado de ambición ha resultado en un agua y un aire más limpios, mayor penetración de energías renovables y una reducción drástica de las emisiones de carbono. Sin embargo, más allá de los beneficios evidentes para la salud y el medioambiente, esta ambición regulatoria también puede transformarse en una ventaja competitiva para las empresas que han de adecuarse a ella.

La economía circular representa una etapa crucial en el viaje europeo hacia una economía sostenible. Dado que el éxito de esta transición dependerá directamente de la solidez del marco legal, acertar con el diseño y la ejecución de la futura Ley de Economía Circular será vital para nuestro tejido industrial.

 

“En la futura Ley de Economía Circular, será esencial alcanzar un equilibrio estratégico entre ambición regulatoria y acompañamiento a las empresas encargadas de implementarla”

 

 

Uno de los mensajes que más se repiten en el debate comunitario es la necesidad de construir un verdadero mercado único de materias primas secundarias. ¿Por qué es tan importante este punto para el futuro económico e industrial de Europa?

La circularidad debe ser el motor de la innovación. Europa necesita actuar de forma más estratégica en la obtención tanto de materias primas vírgenes como secundarias, con el fin de reducir drásticamente nuestra exposición a proveedores poco fiables y evitar alteraciones del suministro.

 

“La circularidad debe ser el motor de la innovación. Europa necesita actuar de forma más estratégica en la obtención tanto de materias primas vírgenes como secundarias”

 

Para lograrlo, debemos actuar en dos frentes complementarios. Por un lado, es imperativo actualizar el marco normativo para que la transición delos residuos a materias primas secundarias sea más fácil y coherente en toda Europa. Esto incluye armonizar conceptos clave como la definición de residuos y examinar las normas que rigen el traslado de los mismos entre Estados miembros.

Por otro lado, no basta con eliminar los obstáculos regulatorios; debemos facilitar un aumento significativo de las inversiones que permitan escalar el suministro de materias primas secundarias que la fabricación industrial precisa. En este sentido, se fomentará la cooperación entre los Estados miembros y los agentes económicos interesados mediante la creación de centros de circularidad interregionales. Estas infraestructuras serán clave para promover la especialización inteligente y alcanzar las economías de escala necesarias en los procesos de reciclaje.

 

La futura Circular Economy Act se perfila como una de las próximas iniciativas relevantes en este ámbito. ¿Qué objetivos considera prioritarios en esta nueva propuesta y qué cambios podría aportar respecto al marco actual?

Esta es una cuestión de máxima actualidad, ya que el Colegio de Comisarios está precisamente abordando el debate sobre la economía circular. La futura propuesta para una Ley de Economía Circular, actualmente en su fase final de preparación, tiene prevista su presentación para el tercer trimestre de este año y se articula en torno a dos objetivos principales: reforzar el mercado único de materias primas secundarias y eliminar los cuellos de botella que afectan tanto a la oferta como a la demanda.

Para el tejido empresarial, la circularidad puede traer enormes oportunidades. Un estudio reciente sugiere que las prácticas circulares adicionales podrían reducir el uso de metales para los fabricantes de la UE en un 10 %, la electricidad en un 7 % y los combustibles fósiles en un 6 %. Además de optimizar los costes, este modelo puede generar nuevas fuentes de ingresos y fortalecer la resiliencia corporativa frente a las perturbaciones mundiales.

 

Las prácticas circulares adicionales podrían reducir el uso de metales para los fabricantes de la UE en un 10 %, la electricidad en un 7 % y los combustibles fósiles en un 6 %

 

Desde la gestión circular del plástico hasta la producción de bionafta, existe una vasta capacidad industrial subutilizada con un elevado potencial de escalabilidad. Al optar por suministros circulares o biológicos procedentes de Europa, las empresas no solo ganan resiliencia, sino que mitigan su vulnerabilidad ante las incertidumbres geopolíticas y la volatilidad de los mercados internacionales. No obstante, si queremos que las empresas inviertan en circularidad, hemos de mejorar las condiciones de mercados y reforzar el argumento empresarial a favor de la circularidad. Por el momento, aguardamos a su presentación oficial para conocer los detalles técnicos definitivos.

 

“Si queremos que las empresas inviertan en circularidad, hemos de mejorar las condiciones de mercado y reforzar el argumento empresarial a favor de la circularidad”

 

En el actual debate europeo sobre competitividad aparece con fuerza la idea de simplificar el marco regulatorio y reducir barreras. ¿Cómo puede compatibilizarse esa agenda de simplificación con una política de economía circular que, en muchos casos, exige nuevas obligaciones y mayores requisitos de trazabilidad?

Si queremos ser más competitivos, hemos de reducir la carga regulatoria y administrativa que soportan nuestras empresas. Nos lo dijo Draghi, nos lo dijo Letta, y nos lo dice nuestro propio tejido empresarial desde hace tiempo. En respuesta, la Comisión ya ha presentado diez paquetes de simplificación legislativa, incluyendo una propuesta relativa a los requisitos medioambientales en diciembre de 2025.

 

“Si queremos ser más competitivos, hemos de reducir la carga regulatoria y administrativa que soportan nuestras empresas. Nos lo dijo Draghi, nos lo dijo Letta, y nos lo dice nuestro propio tejido empresarial desde hace tiempo”

 

Dicha propuesta contenía diversas iniciativas de economía circular, que están siendo debatidas con los colegisladores. Por ejemplo, en virtud de los requisitos de la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP), los productores deben designar a un representante autorizado para vender productos fuera del país de origen. Esto genera costes innecesarios y obstaculiza el funcionamiento sin fisuras del mercado interior. Por ello, se buscó introducir una mayor flexibilidad en este requisito.

Asimismo, se planteó suspender la base de datos SCIP sobre sustancias peligrosas en los productos, tras constatar que no ha sido eficaz para proporcionar la información necesaria a los recicladores y que supone una carga económica para los productores. Sus funciones se cumplirán progresivamente mediante la legislación química de la UE y a través del Pasaporte Digital del Producto.

Finalmente, otras propuestas surgidas de la consulta sobre el “paquete ómnibus” medioambiental se incorporarán a la futura Ley de Economía Circular. En línea con el compromiso asumido por la Comisión en diciembre de 2025 de reformar en profundidad el sistema de responsabilidad ampliada del productor —también para los productores de terceros países—, la nueva ley propondrá reducir la información que deben aportar los productores sobre los productos puestos a disposición, así como los datos relativos a la recogida y el tratamiento de los residuos asociados a esos productos. Además, limitará la frecuencia de notificación a un máximo de una vez al año.

 

Si la agenda comunitaria avanza como prevé la Comisión, ¿cómo se imagina Europa de aquí a 2030-2035? ¿qué tendría que haber cambiado para que la economía circular pudiera considerarse una verdadera palanca de competitividad, autonomía estratégica e industria?

Debemos hacer un esfuerzo por pensar a medio plazo, con la mente puesta en mediados de siglo. La circularidad nos ofrece una oportunidad para prosperar, invertir en nuestro futuro y defendernos frente a la próxima crisis. Según la información recabada por el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea, las soluciones circulares pueden reducir en un 45 % las emisiones climáticas del sector, contribuir a descarbonizar el uso de la energía y mejorar su balanza comercial en 18.000 millones de euros anuales de aquí a 2050.

 

“La circularidad nos ofrece una oportunidad para prosperar, invertir en nuestro futuro y defendernos frente a la próxima crisis”

 

Queremos hacer avanzar la agenda comunitaria para reciclar más, recuperar tierras raras a partir de productos usados, adoptar prácticas de producción sostenible y proseguir con la transición energética. En definitiva, nuestro futuro será circular, o no será.

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