Añadir RETEMA en Google

Control de olores en derivados de hidrocarburos: tanques, carga/descarga y patios

Los cambios de nivel y temperatura en los depósitos, las maniobras de carga y descarga y la dispersión en patios pueden generar episodios puntuales de olor que requieren combinar prevención en origen, captación y tratamientos adaptados a cada foco

En las plantas dedicadas a la fabricación, almacenamiento o manipulación de derivados de hidrocarburos, los episodios de olor no siempre están vinculados al proceso productivo principal. Operaciones aparentemente rutinarias, como llenar un tanque, conectar una cisterna, purgar una línea o trasladar producto entre depósitos, pueden modificar durante unos minutos las condiciones de presión, volatilización y dispersión y provocar emisiones perceptibles en el entorno.

Esta variabilidad obliga a abordar el control de olores desde una perspectiva más amplia que la instalación de un único sistema de tratamiento. Los focos pueden ser canalizados o difusos, continuos o intermitentes, y su comportamiento depende tanto del producto manipulado como de las condiciones operativas y meteorológicas.

El diagnóstico pasa así por identificar qué operación genera la emisión, por dónde se libera y cómo se desplaza hasta los posibles receptores, para posteriormente determinar si la actuación debe realizarse en origen, mediante captación o con sistemas complementarios de tratamiento.

 

La volatilización, origen de buena parte de los episodios

Bajo la denominación de derivados de hidrocarburos conviven procesos muy diferentes, desde la formulación y mezcla hasta el almacenamiento, trasiego, envasado o expedición. También varían las materias primas y los productos finales, por lo que no existe un único perfil de emisión aplicable a todas las instalaciones.

En términos generales, el impacto odorífero aparece cuando determinados componentes volátiles pasan del producto a la fase gaseosa y encuentran una vía de salida. Factores como la temperatura, la presión de vapor, la agitación, el movimiento del líquido, la superficie expuesta o la ventilación condicionan la cantidad y velocidad de esa liberación.

Es importante, no obstante, diferenciar entre olor, emisiones de compuestos orgánicos volátiles y seguridad. No todos los COV producen olor y la percepción olfativa no permite determinar por sí sola ni la concentración de una sustancia ni su nivel de riesgo. La gestión odorífera debe integrarse, por tanto, con los sistemas de captación, monitorización, prevención e higiene industrial correspondientes.

 


La percepción de olor no permite determinar por sí sola ni la concentración de una sustancia ni su nivel de riesgo.

 

Tanques: emisiones condicionadas por nivel y temperatura

Aunque puedan considerarse elementos relativamente estáticos, los tanques experimentan cambios constantes en su espacio de vapor. La entrada o salida de producto, las variaciones de temperatura y los cambios de presión pueden desplazar gases hacia venteos, válvulas y otros puntos del sistema.

Durante el llenado, el líquido sustituye parte del volumen que ocupaba la fase gaseosa y desplaza ese gas hacia el exterior. Si contiene compuestos olorosos, puede producirse un episodio breve pero de elevada intensidad. Durante el vaciado se genera el fenómeno inverso, con entrada de aire y cambios en el equilibrio del espacio de cabeza.

La magnitud de estas emisiones depende del producto, el caudal de trasiego, el nivel inicial del depósito, la temperatura y los sistemas de recuperación o tratamiento disponibles.

Los cambios térmicos también son relevantes. La exposición solar puede elevar la temperatura del tanque y del producto durante el día, favoreciendo la volatilización de determinados componentes y modificando la presión del espacio gaseoso. Por ello, la caracterización de los focos debería considerar el comportamiento de la instalación durante ciclos operativos completos y no limitarse a observaciones puntuales.

Además de los venteos, deben revisarse juntas, bridas, bocas de hombre, conexiones, válvulas, sellos y drenajes. Una fuga de reducido caudal pero persistente puede mantener una presencia odorífera continua en determinadas zonas de la instalación.

 

Carga y descarga: episodios breves de elevada intensidad

Las operaciones de recepción y expedición concentran varios factores potencialmente emisores: apertura y cierre de conexiones, desplazamiento de vapores, producto residual en mangueras, goteos y circulación de vehículos.

En las transferencias entre cisternas y tanques, el nivel de emisión está condicionado por el sistema empleado, ya sea carga superior, inferior o mediante circuitos cerrados, así como por la existencia de recuperación de vapores, la velocidad de llenado y la estanqueidad de las conexiones.

Para caracterizar correctamente el foco resulta útil analizar por separado cada fase: conexión, inicio del trasiego, régimen estable, finalización, drenaje y desconexión. El máximo de emisión puede concentrarse únicamente en una de ellas, circunstancia relevante para ajustar el funcionamiento de los sistemas de control.

También los pequeños derrames, bandejas de recogida, absorbentes utilizados o restos de producto pueden prolongar las molestias después de finalizar la operación. En estos casos, la prioridad debe ser corregir el origen mediante procedimientos adecuados de limpieza, mantenimiento y gestión del residuo.

Cuando las maniobras están programadas, los sistemas de tratamiento pueden vincularse a la operación, activándose antes del momento crítico y manteniéndose durante el periodo necesario.

 


Una operación de carga de pocos minutos puede concentrar el principal episodio de olor de toda una jornada.

 

Patios y perímetros, el efecto combinado de varios focos

La interpretación de los episodios se complica en espacios abiertos. En patios y viales pueden coincidir emisiones procedentes de tanques, cargas y otros puntos, mientras que edificios, cerramientos, cubiertas o desniveles alteran el movimiento del aire.

Estas estructuras pueden originar recirculaciones, zonas de baja velocidad o corredores que dirigen las emisiones hacia puertas, viales o límites de parcela. Por este motivo, una actuación situada únicamente junto al receptor no siempre permite controlar adecuadamente el fenómeno.

En determinados casos puede ser más eficaz combinar una primera intervención próxima al foco o a su vía de escape con una segunda protección sobre la trayectoria de dispersión. El diseño debe considerar tanto los vientos predominantes como aquellas condiciones menos frecuentes que coinciden con los episodios registrados.

 

Del diagnóstico al tratamiento

La definición de una estrategia de control requiere relacionar fuentes, operaciones, vías de escape y receptores. El análisis puede incluir el inventario de tanques y venteos, los horarios de trasiegos y limpiezas, la identificación de emisiones canalizadas y difusas, los sistemas de captación existentes, la geometría de la instalación y los registros meteorológicos y de incidencias.

El objetivo es determinar qué escenarios explican la mayor parte del impacto, ya que no todas las áreas necesitan necesariamente el mismo nivel de tratamiento.

Entre las tecnologías disponibles se encuentra la micronización de agentes activos en corrientes gaseosas conducidas o determinados espacios interiores. Para emisiones exteriores o difusas pueden emplearse sistemas de nebulización de alta presión próximos a zonas de carga, trayectorias frecuentes o perímetros sensibles.

En ubicaciones concretas sin determinados servicios auxiliares también pueden plantearse sistemas de evaporación controlada, siempre que la naturaleza y extensión del foco permitan este tipo de actuación.

La selección del agente de tratamiento debe partir de la composición real de la corriente. La denominación genérica de “olor a hidrocarburo” no permite definir por sí misma una solución, ya que productos aparentemente similares pueden liberar mezclas diferentes y una misma instalación puede variar sus formulaciones o materias primas.

 

Complementar, no sustituir, la prevención en origen

Los sistemas destinados específicamente al control de olores deben integrarse con las medidas de prevención y tratamiento ya existentes. La neutralización no sustituye de forma general a la recuperación de vapores, la estanqueidad de equipos, la captación localizada, los lavadores de gases o la adsorción.

La estrategia puede combinar la prevención de pérdidas y el confinamiento del foco, la recuperación o tratamiento de las corrientes cuando resulte viable y una actuación adicional sobre las emisiones residuales o difusas.

La eficacia de las medidas implantadas debe evaluarse comparando situaciones operativas equivalentes, teniendo en cuenta el producto, el caudal, la operación y las condiciones meteorológicas. Entre los indicadores pueden incluirse las mediciones de concentración de olor, el seguimiento de COV cuando corresponda, los registros de episodios y meteorología o las quejas recibidas.

Esta evaluación resulta especialmente relevante en instalaciones donde los episodios se producen cuando cambia el estado habitual de operación, por ejemplo, al modificarse el nivel de un tanque, comenzar un trasiego, finalizar una descarga o variar las condiciones de viento y temperatura.

Newsletter

La información más relevante en tu correo.

Suscribirme

Último número