Cuando un producto llega al final de su vida útil, parte de la información necesaria para gestionarlo puede haberse perdido por el camino. Qué materiales contiene, qué componentes deben retirarse, dónde hay sustancias que requieren un tratamiento específico o qué piezas pueden recuperarse no siempre resulta evidente observando físicamente el residuo.
La Unión Europea quiere evitar esa pérdida de información mediante el Pasaporte Digital de Producto (DPP, por sus siglas en inglés), establecido por el Reglamento de Ecodiseño para Productos Sostenibles.
Desde este verano, el sistema cuenta ya con la infraestructura necesaria para empezar a desplegarse. El 16 de julio de 2026, la Comisión aprobó el Reglamento de Ejecución (UE) 2026/1778, que establece cómo funcionará el registro europeo de pasaportes digitales. Cuatro días después, el registro y su entorno de pruebas quedaron operativos.
La infraestructura ya existe, pero su despliegue será progresivo. Los requisitos concretos se definirán para cada grupo de productos.
Un pasaporte distinto para cada producto
El DPP no será una ficha idéntica para todo lo que se comercialice en Europa. La Comisión lo plantea como un contenedor digital de información sobre productos, componentes y materiales. Según la categoría, podrá incorporar datos sobre composición, reparabilidad, rendimiento ambiental, reutilización, reciclaje o seguridad.
El Reglamento aprobado en julio fija la arquitectura común del sistema, pero no determina qué información deberá incluir cada producto. Eso se establecerá mediante normativa específica. También dependerá de cada caso si el pasaporte se crea a nivel de modelo, lote o artículo.
Entre los grupos prioritarios figuran hierro y acero, aluminio, textiles —especialmente prendas de vestir—, muebles, neumáticos y colchones, además de distintas actuaciones sobre productos relacionados con la energía. Las baterías serán uno de los primeros casos con obligaciones específicas ya definidas.
Qué podrá saber un reciclador
Para los gestores de residuos, una de las principales novedades está en la información a la que podrán acceder.
La Comisión identifica expresamente a reparadores, reacondicionadores, remanufacturadores y recicladores como usuarios potenciales del sistema. En función del producto y de sus derechos de acceso, podrán consultar información sobre composición material, cantidad y tipo de materiales valiosos —incluidas materias primas críticas— y componentes que contienen sustancias preocupantes.
En el caso de reparadores o reacondicionadores, el pasaporte podrá incluir además instrucciones de desmontaje, piezas compatibles, herramientas necesarias o información de diagnóstico.
Conocer mejor qué entra en una planta puede facilitar el desmontaje, la separación de materiales y la gestión segura de determinados componentes.
Pero no conviene dar por hecho que toda esa información estará siempre disponible. Dependerá de la regulación de cada producto y del nivel de acceso asignado a cada actor.
No todo el mundo verá lo mismo
El sistema no plantea un acceso indiscriminado a toda la información. El Reglamento 2026/1778 considera agentes de la cadena de valor a actores como reparadores, reacondicionadores, remanufacturadores o recicladores y establece que deberán completar un proceso de verificación para acceder al registro. Las acciones que puedan realizar en él dependerán de lo que establezca la normativa aplicable.
El sistema contempla así diferentes niveles de acceso. Un consumidor puede necesitar información sobre durabilidad o reparabilidad; un reciclador, datos técnicos sobre composición y desmontaje; y las autoridades, información vinculada al cumplimiento normativo.
Cada actor podrá acceder así a los datos que le correspondan de acuerdo con sus derechos de acceso y con la regulación aplicable.
Las baterías serán el primer gran banco de pruebas
Las baterías ofrecen ya un ejemplo más concreto de cómo funcionará este modelo. A partir del 18 de febrero de 2027, las baterías de vehículos eléctricos, las destinadas a medios ligeros de transporte y las baterías industriales de más de 2 kWh deberán disponer de un pasaporte cuando se introduzcan en el mercado europeo o se pongan en servicio.
La normativa prevé distintos niveles de acceso y contempla que reparadores, remanufacturadores, operadores de segunda vida y recicladores puedan consultar información necesaria para el desmontaje y sobre la composición de la batería.
Además, estas baterías estarán vinculadas a su pasaporte mediante un código QR. La Comisión publicó en agosto de 2026 una guía que reúne 71 puntos de datos asociados al futuro pasaporte de baterías, diferenciando qué información será obligatoria, opcional o aplicable únicamente en determinadas circunstancias.
Este será uno de los primeros casos en los que podrá comprobarse si el acceso a datos más detallados mejora realmente la gestión al final de la vida útil.
El registro europeo no guardará todo
El funcionamiento técnico del sistema introduce otra particularidad. El registro europeo no será una gran base de datos centralizada con toda la información de todos los productos. El modelo será descentralizado.
La Comisión gestionará una infraestructura común con identificadores, metadatos, verificación y control de acceso, mientras que la información completa del pasaporte podrá permanecer bajo responsabilidad del operador económico o de proveedores de servicios especializados.
El Reglamento prevé, entre otros elementos, una interfaz web, una API, una plataforma de verificación, identificadores únicos y un repositorio semántico para que los datos sigan estructuras y definiciones comunes.
Este repositorio permitirá interpretar la información de forma homogénea entre distintos sistemas. Incluirá modelos de datos, definiciones semánticas y vocabularios comunes, con recursos legibles por máquina accesibles mediante API.
Más información no garantiza más circularidad
El Pasaporte Digital de Producto puede resolver una limitación concreta: evitar que la información generada durante el diseño y fabricación desaparezca antes de que el producto llegue a quien debe repararlo, reutilizarlo o reciclarlo.
Disponer de esos datos no garantiza que un material vaya a recuperarse.
Seguirán influyendo el diseño del producto, la facilidad de desmontaje, las tecnologías disponibles, la calidad de los materiales recuperados y la existencia de mercados para las materias primas secundarias.
También queda por definir qué información incluirán exactamente muchos de los futuros pasaportes y qué podrán consultar los distintos gestores.
En 2026, la infraestructura común ya está en marcha y el despliegue sectorial empieza a concretarse. Queda por comprobar si esa información consigue acompañar al producto hasta el final de su vida útil y si, cuando llegue ese momento, resulta realmente útil para conservar más materiales y valor dentro de la economía.

