"Estamos aplicando la RAP con exigencias altas, pero sin contar todavía con metodologías y certificaciones claras"
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La implementación de la responsabilidad ampliada del productor (RAP) en envases industriales y comerciales, los retos asociados a la gestión de la información y la trazabilidad, y el papel de los sistemas colectivos en este nuevo escenario centraron el diálogo protagonizado por Joan Ros, director general de Envalora, en el marco de Future4 Circularity 2026, celebrado el pasado 25 de marzo en el Auditorio El Beatriz de Madrid.
En una conversación moderada por la periodista de ciencia y tecnología y colaboradora de RETEMA, Patricia Ruiz Guevara, el responsable de Envalora ofreció una visión práctica y aterrizada sobre el impacto de este nuevo marco en el día a día de las empresas. A lo largo del diálogo, Ros puso el foco en el cambio operativo que supone la RAP, la necesidad de mejorar la trazabilidad y los sistemas de información, y la importancia de avanzar hacia modelos más circulares basados en la reutilización, la coordinación entre actores y un marco regulatorio que aporte certidumbre y reglas de juego claras.
La RAP irrumpe en la operativa empresarial: de obligación desconocida a transformación del negocio
Desde la perspectiva de Envalora, Joan Ros explicó que la implantación de la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP) en envases industriales y comerciales ha supuesto, en muchos casos, un cambio abrupto para las empresas, especialmente para aquellas que hasta ahora no estaban familiarizadas con esta obligación. Según señaló, el primer impacto ha sido de “shock”, al enfrentarse a nuevos registros, declaraciones, costes y exigencias que afectan directamente a la cadena de valor. Pero, más allá de la carga administrativa, subrayó que el verdadero cambio es estructural, ya que la RAP incide en el núcleo del negocio: el proceso de comercialización, obligando a integrar estos requisitos en la operativa diaria de las compañías.
Ros destacó que esta transformación no es homogénea, ya que conviven empresas con distintos tamaños, capacidades y niveles de madurez. Mientras que las más avanzadas han tenido que adaptar sus sistemas de información —realizando inversiones para incorporar tarifas RAP y mejorar la trazabilidad—, otras requieren un acompañamiento más intensivo. En este contexto, defendió el papel de los SCRAP como agentes que cubren todo el ciclo, desde el ecodiseño y la declaración de envases hasta la gestión del residuo y la obtención de materias primas, facilitando así la adaptación progresiva de las empresas a este nuevo marco.
“La RAP no es solo un trámite: impacta en el proceso principal de las empresas, que es la comercialización de sus productos.”
Trazabilidad y datos: el gran reto operativo de la RAP para las empresas
En continuidad con el diagnóstico anterior, Joan Ros profundizó en uno de los principales desafíos que introduce este nuevo marco: la gestión de la información y la trazabilidad de los envases. Según explicó, este reto debe entenderse en dos planos diferenciados. Por un lado, la información que las empresas deben suministrar a los SCRAP; y por otro, la capacidad de gestionar internamente esos datos a lo largo de toda la cadena de valor. En este sentido, advirtió de que muchas compañías se están encontrando con dificultades prácticas para cumplir, especialmente por la falta de metodologías y estándares claros. Como ejemplo, citó los sistemas de reutilización, donde se exigen certificaciones basadas en normas desactualizadas o poco desarrolladas, lo que genera incertidumbre y dificulta acreditar correctamente el cumplimiento, a pesar de la voluntad de las empresas de adaptarse.
Ros subrayó que esta situación se agrava ante los nuevos requisitos que se avecinan, como la incorporación de material reciclado o la comodulación prevista para los próximos años, en un contexto donde los sistemas de certificación siguen siendo limitados. Aun así, defendió que la RAP es una herramienta adecuada, ya que introduce una señal económica directa en la cadena de valor, a diferencia de otros instrumentos como los impuestos no finalistas. En paralelo, destacó el papel de la tecnología y la inversión en sistemas de gestión de datos como elementos clave para avanzar en eficiencia y control, aunque insistió en la necesidad de tener en cuenta la diversidad del tejido empresarial. En este sentido, recalcó que el objetivo de los SCRAP es acompañar a todas las empresas —independientemente de su tamaño— para garantizar que puedan cumplir con sus obligaciones en este nuevo escenario.
“Las empresas quieren cumplir, pero muchas veces no tienen metodologías claras ni certificaciones que les permitan acreditar ese cumplimiento.”
Reutilización: alto potencial, pero aún sin trazabilidad suficiente
En este contexto, Joan Ros puso el foco en el papel de los sistemas de reutilización en los envases industriales, subrayando que, aunque su implantación es ya una realidad en muchos casos, su desarrollo presenta importantes carencias en términos de trazabilidad. A través de una analogía, explicó que el sector se encuentra en una situación similar a tener “mucho margen de mejora”: existe reutilización efectiva, pero no se está midiendo ni registrando conforme a las exigencias normativas. Esta falta de trazabilidad limita la capacidad de poner en valor estos sistemas dentro del nuevo marco de la RAP, donde la información y el control de los flujos son elementos clave.
Más allá de esta limitación, Ros insistió en la necesidad de un cambio de enfoque en toda la cadena de valor —incluida la administración— para entender el envase no como un residuo, sino como un producto. En el ámbito industrial, defendió que elementos como palets o IBC deben gestionarse con una lógica similar a la de otros activos, alargando su vida útil mediante reparación, reacondicionamiento y reutilización. Solo en una fase posterior, cuando el envase se convierte en residuo, entra en juego el reciclaje. En este punto, además, planteó la necesidad de revisar el propio concepto de “materias primas secundarias”, apostando por considerarlas como materias primas prioritarias para favorecer un cambio de percepción y avanzar hacia un modelo verdaderamente circular.
“Realmente se reutiliza mucho, pero se traza poco; ahí es donde tenemos un gran margen de mejora.”
Certidumbre regulatoria y acceso a información: claves para la preparación empresarial
Al abordar cómo deben prepararse las empresas ante este nuevo escenario, Joan Ros reconoció que el contexto normativo es complejo y todavía presenta importantes incertidumbres. En primer lugar, quiso poner en valor el trabajo realizado por los SCRAP para trasladar información al tejido empresarial, destacando el esfuerzo colectivo para ayudar a las compañías a entender sus nuevas obligaciones. A partir de ahí, subrayó que la principal demanda de las empresas es clara: disponer de información rigurosa, interpretada y útil que les permita anticiparse y tomar decisiones con seguridad en un entorno en constante evolución.
En este sentido, explicó que la entrada en vigor del nuevo Real Decreto de Envases y su futura adaptación al reglamento europeo generan un escenario cambiante que dificulta ofrecer certezas a corto plazo. Ante esta situación, defendió la necesidad de trabajar con prudencia, analizando en profundidad la normativa y traduciéndola en criterios claros para las empresas. Según apuntó, las compañías no operan con una visión de corto plazo, sino que necesitan estabilidad para planificar a medio y largo plazo, por lo que recomendó informarse, contrastar fuentes y apoyarse en sistemas colectivos que aporten valor real y acompañamiento en la toma de decisiones.
“Las empresas necesitan información analizada, correcta y, sobre todo, certidumbre sobre lo que va a ocurrir en el futuro.”
Reglas claras y compromiso compartido: condiciones para el éxito del modelo
Como mensaje final, Joan Ros se mostró convencido de que el sistema funcionará, apoyándose en el creciente compromiso del tejido empresarial con la RAP. No obstante, advirtió de que este avance debe ir acompañado de un marco de juego claro y homogéneo para todos los actores. En este sentido, hizo un llamamiento a reforzar el papel de la administración para garantizar que las normas se apliquen de forma coherente, con criterios comunes y sin generar desequilibrios entre operadores, especialmente en un contexto donde aún conviven distintas velocidades en la implementación del sistema.
Asimismo, insistió en que la certidumbre regulatoria es un elemento clave para facilitar la adaptación de las empresas, y que esta debe construirse desde toda la cadena de valor. Como recomendación práctica, animó a las compañías a informarse, comparar opciones y elegir el sistema colectivo que mejor se adapte a su actividad, destacando la importancia de actuar con coherencia sectorial. En su opinión, solo a través de este equilibrio entre compromiso empresarial, claridad normativa y acompañamiento técnico será posible consolidar el modelo y avanzar hacia una implantación efectiva de la responsabilidad ampliada del productor.
“Estoy convencido de que lo vamos a conseguir, pero necesitamos reglas del juego claras y iguales para todos.”
Han respaldado Future4 Circularity 2026….
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