“Si evitar el vertedero cuesta más que usarlo, todas las decisiones irán en contra de los objetivos”
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La capacidad del sistema para cumplir los objetivos europeos, el papel de los distintos actores en la cadena de valor y las condiciones necesarias para activar la economía circular centraron el diálogo protagonizado por Rafael Sánchez, director de Residuos y Plásticos de Veolia España, en el marco de Future4 Circularity 2026, celebrado el pasado 25 de marzo en el Auditorio El Beatriz de Madrid.
Desde un diagnóstico directo, Sánchez describió el momento actual como un escenario de turbulencia, marcado por objetivos cada vez más exigentes que resultan especialmente complejos de alcanzar para España, al partir de una posición más rezagada. En este contexto, advirtió de una falta de claridad sobre el papel que debe desempeñar cada agente en la cadena de valor, lo que genera disfunciones relevantes.
Señaló que, en ocasiones, se atribuyen responsabilidades de reciclaje a entidades que no tienen capacidad para asumirlas, mientras otros actores no cumplen con sus obligaciones, lo que evidencia la necesidad de clarificar funciones e identificar qué palancas corresponden a cada actor para avanzar de forma efectiva. En este sentido, subrayó que las entidades municipales, pese a su papel clave en la recogida selectiva y la gestión del vertido, difícilmente podrán cumplir los objetivos sin el apoyo de la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP) y sin un marco económico adecuado.
“Muchas veces hay cierta confusión sobre quién tiene que hacer qué dentro de la cadena de valor, y eso dificulta movilizar las palancas necesarias para cumplir los objetivos”
Un sistema desalineado: objetivos claros, pero señales contradictorias
Uno de los principales problemas identificados por el directivo de Veolia es la desconexión entre los objetivos regulatorios y las señales económicas reales. A su juicio, el hecho de que el vertedero siga siendo la opción más barata condiciona todas las decisiones del sistema, generando un freno estructural a la inversión en soluciones más avanzadas. Sánchez alertó de que, en este contexto, la normativa pierde eficacia si no va acompañada de incentivos económicos coherentes, ya que los agentes tienden a priorizar el coste inmediato frente al cumplimiento de los objetivos ambientales.
Esta distorsión en los precios provoca que cualquier alternativa sostenible resulte significativamente más costosa, enviando señales contradictorias al mercado que dificultan el cumplimiento de la normativa. Según el directivo de Veolia, mientras las restricciones presupuestarias y el bajo coste del vertido sigan vigentes, existirá la tentación de priorizar el ahorro inmediato o incluso de asumir posibles sanciones antes que invertir en proyectos de reducción de residuos que encarezcan la gestión actual.
“No puede ser que evitar el vertedero cueste más que llevar los residuos a vertedero, porque entonces todas las decisiones van en contra de los objetivos"
Responsabilidad Ampliada del Productor: herramienta necesaria, pero aún incompleta
En relación con la Responsabilidad Ampliada del Productor, Sánchez planteó que en un escenario ideal no sería necesaria, ya que el propio mercado integraría en el diseño de los productos el coste de su gestión al final de su vida útil. Esto permitiría que los productos más difíciles de reciclar fueran también más caros, incentivando de forma natural decisiones orientadas al ecodiseño y al uso de materias primas secundarias.
“Si viviéramos en un mundo de color y fantasía, la Responsabilidad Ampliada del Productor no existiría”
Sin embargo, reconoció que este escenario no se da en la práctica, por lo que la RAP se convierte en un instrumento imprescindible dentro del sistema actual. En este sentido, destacó su papel como elemento de dinamización y traducción, capaz de conectar los objetivos generales de la normativa con la realidad técnica de los materiales. Subrayó que su función es trasladar a toda la cadena de valor el coste de la “no sostenibilidad”, especialmente en flujos complejos como los plásticos. Asimismo, insistió en la necesidad de que las administraciones aprendan a trabajar con este instrumento, mejorando la coordinación y alineación entre actores para garantizar su eficacia y poder desplegar la infraestructura necesaria para cumplir los objetivos.
Valorización energética: pieza clave en la transición
En paralelo, el directivo defendió el papel de la valorización energética como un eslabón previo al vertedero dentro de la jerarquía de residuos y una pieza clave para gestionar aquellos materiales que no pueden reciclarse. En un contexto de transición desde un modelo lineal, advirtió de que este proceso no será inmediato, sino que llevará más de una generación, por lo que será necesario contar con infraestructuras robustas capaces de absorber estos flujos.
Asimismo, destacó que este tipo de instalaciones permiten avanzar en el cierre de vertederos, generar energía y dotar a los territorios de un tejido industrial que puede vertebrar el desarrollo de la economía circular. En este sentido, señaló que en Europa existen ejemplos donde esta infraestructura juega un papel central, actuando como base sobre la que se articula el sistema, mientras que en España, pese al importante despliegue de infraestructuras de selección, el reto sigue siendo utilizarlas de forma eficiente.
“La valorización energética es un elemento capital para el aprovechamiento de materiales que no pueden reciclarse y para vertebrar un tejido industrial sobre el que construir la economía circular”
Demanda y precio: motores del sistema
Más allá de la tecnología o la capacidad instalada, Sánchez insistió en que el elemento clave es el mercado. Para los materiales reciclables, subrayó, es imprescindible que exista una demanda capaz de absorberlos, ya que sin demanda no es posible cerrar el círculo.
En este punto, introdujo una reflexión sobre el papel del precio: reciclar puede ser más caro que utilizar materia prima virgen, pero aporta ventajas estratégicas como seguridad de suministro, continuidad de la actividad y mayor resiliencia frente a crisis externas. Por ello, defendió la necesidad de activar la demanda de materiales reciclados mediante instrumentos como la contratación pública, de forma que se genere un mercado estable que permita consolidar el modelo y adaptar los precios a su evolución.
“Lo más importante es que exista una demanda estable de material reciclado; sin ella, el sistema no funciona”
Llamada a la acción: alinear economía y regulación
Como conclusión, Rafael Sánchez señaló que la activación de la economía circular como ventaja competitiva en España depende de dos factores clave: fomentar una demanda real de materiales reciclados que genere oportunidades de inversión y corregir las señales de precio.
Advirtió que, mientras el vertedero siga siendo la opción más barata, las decisiones del mercado irán en contra de los objetivos. A su juicio, solo combinando una demanda sólida con señales económicas adecuadas será posible generar el diferencial necesario para impulsar inversiones y evitar que el sistema quede atrapado en una dinámica en la que se aparentan avances sin cambios estructurales reales.
“Sin una señal de precio clara que incentive el cambio, todo el mundo tenderá a no moverse y la economía circular no avanzará"

