“Integrar los riesgos climáticos en la planificación hídrica hará la adaptación más eficaz”
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El cambio climático es una realidad que está alterando de forma tangible el ciclo hidrológico. España no queda exenta de este cambio; de hecho, figura entre las regiones europeas más vulnerables al calentamiento global, con una tendencia hacia mayor irregularidad en las precipitaciones, sequías más prolongadas y episodios de lluvias torrenciales más intensos, tal y como vienen señalando tanto el IPCC como la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Esta creciente variabilidad no solo tensiona los recursos disponibles, sino que obliga a replantear la planificación hidrológica, el diseño urbano y la gestión del ciclo del agua desde una perspectiva de anticipación y resiliencia.
Por este motivo, la adaptación se ha consolidado como uno de los ejes estratégicos de la política climática en España. Instrumentos como el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC) 2021-2030 o la reciente integración explícita de los riesgos climáticos en la planificación hidrológica reflejan un cambio de enfoque: pasar de la reacción ante emergencias a la incorporación sistemática del riesgo climático en la normativa, las infraestructuras y la gobernanza del agua. La resiliencia hídrica urbana, las soluciones basadas en la naturaleza y la modernización del ciclo del agua se sitúan así en el centro del debate técnico e institucional.
Para analizar cómo se está abordando esta transición y cuáles son los principales retos a medio y largo plazo, conversamos con Elena Pita, Directora General de la Oficina Española de Cambio Climático (OECC). Desde su responsabilidad en la coordinación de las políticas estatales de adaptación, Pita detalla los avances normativos, el papel de las administraciones locales, la importancia de la financiación europea y la necesidad de un marco estable de gobernanza que permita anticipar riesgos y reforzar la seguridad hídrica en un escenario climático cada vez más difícil.
El cambio climático es una realidad y cada vez son más habituales las sequías prolongadas, los episodios de lluvias torrenciales o fenómenos extremos como la DANA, que azotó duramente Valencia y otras regiones. ¿Cómo se está adaptando la planificación hidrológica y urbana en España para anticiparse a estos fenómenos extremos?
Me gustaría destacar dos vías complementarias: por un lado, estamos avanzando en el conocimiento de los riesgos climáticos, y por otro, en la integración de la adaptación al cambio climático en el marco normativo de la planificación hidrológica.
El MITECO ha impulsado la Evaluación de Riesgos e Impactos derivados del Cambio Climático en España (ERICC), que analiza 141 riesgos en 14 ámbitos temáticos y proporciona una base científica sólida para orientar políticas públicas y la gestión del riesgo climático.
Uno de los ámbitos temáticos analizados en la ERICC es precisamente el del agua y los recursos hídricos. Con el cambio climático estamos asistiendo a cambios en los patrones de distribución de la precipitación, la reducción de la precipitación media anual, con notables diferencias a nivel regional, y el aumento de los episodios de lluvia torrencial. A ello se suman el incremento de la temperatura del aire, del suelo, de la vegetación y del agua, así como la alteración de la dinámica de fusión de la capa de nieve.
La ERICC identifica tres riesgos clave en el sector: los daños derivados de las sequías de larga duración; los asociados a las inundaciones pluviales y fluviales y los riesgos para los diferentes usos y demandas derivados de la reducción de la disponibilidad de recursos hídricos en cantidad y calidad suficientes. Estos riesgos generan, de forma inevitable, nuevas amenazas y desafíos que requieren una adaptación continua y una planificación robusta.
Además, la planificación hidrológica, a través de los Planes Hidrológicos de Cuenca y de los Planes de Gestión del Riesgo de Inundación, incorpora el enfoque de resiliencia hídrica, y son planes consensuados con todos los actores implicados. La reforma del Reglamento de Planificación Hidrológica de 2021 y la Ley de Cambio Climático del mismo año exigieron integrar explícitamente los riesgos climáticos, incluyendo medidas de corrección hidrológico‑forestal, prevención de la erosión y análisis específicos de adaptación, lo que mejora la capacidad de anticipación ante escenarios futuros.
“La planificación hidrológica ya integra explícitamente los riesgos climáticos para anticiparse a sequías e inundaciones futuras”
Desde la visión de la Oficina Española de Cambio Climático, ¿qué estrategias o líneas de acción deben desplegarse para fortalecer la resiliencia hídrica de las ciudades en el nuevo contexto climático?
En la OECC entendemos que fortalecer la resiliencia hídrica de las ciudades requiere actuar simultáneamente sobre el conocimiento del riesgo y sobre la forma en que planificamos y gestionamos los entornos urbanos. Como órgano coordinador de las políticas climáticas estatales, nuestro papel consiste en facilitar ese acceso al conocimiento, apoyar la evaluación de riesgos y orientar la acción pública hacia enfoques más preventivos y adaptativos.
En el ámbito urbano, los riesgos climáticos clave se agrupan en tres dimensiones: disponibilidad de agua, eventos extremos y calidad del recurso. A ello se suman problemáticas urbanas específicas, como la elevada impermeabilización del suelo, que reduce la infiltración, incrementa la escorrentía y agrava los impactos de lluvias intensas.
Por ello, es fundamental avanzar hacia una planificación urbana que integre la adaptación, incorporando soluciones basadas en la naturaleza y criterios de renaturalización: incremento de superficies permeables, creación de zonas verdes y corredores urbanos, restauración de riberas, sistemas de drenaje sostenibles o infraestructuras verdes que mejoren la capacidad de absorción, retención y gestión del agua a escala local. Estas medidas, combinadas con la mejora de redes e infraestructuras críticas, ayudan tanto frente a la escasez y el estrés hídrico como ante sequías más prolongadas o inundaciones más severas.
En este contexto, la OECC trabaja para identificar prioridades, fortalecer redes de colaboración, difundir buenas prácticas y apoyar a los actores implicados mediante herramientas técnicas que faciliten la toma de decisiones basada en el mejor conocimiento disponible. La Plataforma AdapteCCa reúne estos recursos en un único portal público, incluyendo el visor de escenarios de cambio climático, resúmenes de las guías del IPCC o recopilaciones de experiencias prácticas en España y Europa.
Asimismo, resulta esencial avanzar desde el conocimiento hacia la acción, y para ello contribuimos al diseño y evaluación de convocatorias de ayudas orientadas a la adaptación como las financiadas con fondos PRTR, o el programa PIMA Adapta.
Se trata, en definitiva, de un esfuerzo compartido entre distintos niveles de la administración, sectores técnicos y económicos, y la propia ciudadanía, que debe adquirir nuevas competencias para convivir con condiciones climáticas diferentes a las habituales.
“Fortalecer la resiliencia hídrica requiere actuar simultáneamente sobre el conocimiento del riesgo y sobre la forma en que planificamos los entornos urbanos”
En los últimos años se ha puesto el foco en la infraestructura verde y azul como herramienta clave para la adaptación urbana. ¿Qué papel considera que deben tener soluciones como los parques inundables, la renaturalización fluvial o los pavimentos permeables en la gestión del agua urbana?
Efectivamente, estas líneas de actuación han suscitado en estos años un enorme interés, en el marco de un cambio en la forma de abordar los riesgos climáticos y su gestión que parte de una comprensión más integral de cómo funciona el territorio, qué influencia tienen distintos modelos de urbanismo o qué cobeneficios aportan los espacios naturalizados en el medio urbano.
Este tipo de soluciones se inspiran o tratan de recuperar procesos y funcionalidades ecológicos, de hecho se agrupan comúnmente bajo la denominación de “soluciones basadas en la naturaleza” (SbN), dado que utilizan mecanismos y elementos propios de los sistemas naturales —la vegetación, el suelo, agua, biodiversidad— para abordar desafíos socioambientales, entre ellos los riesgos climáticos, la gestión del agua, la salud o la resiliencia urbana.
Las SbN constituyen uno de los ejes transversales que identifica el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático como herramienta a integrar en las políticas públicas. Entre las medidas de adaptación para hacer frente al riesgo de inundación, el PNACC considera prioritarias las actuaciones encaminadas a la recuperación de la morfología y dinámica natural de los cauces y al fomento de SbN que promuevan cobeneficios para otros objetivos como el estado de conservación de los ecosistemas, la protección de la calidad del agua, la recarga de acuíferos o la conectividad ecológica.
De modo que, sí, las actuaciones SbN son hoy un pilar de las políticas de adaptación climática, pero interesa destacar que, más allá de su contribución innegable a la reducción de riesgos e impactos climáticos, están haciendo aportaciones muy relevantes al bienestar social, a la mejora de la calidad del aire y la salud de la ciudadanía o a la recuperación de la biodiversidad.
Además, y no es un tema menor, muchas de estas soluciones requieren menos energía y mantenimiento que infraestructuras grises tradicionales, y suelen tener costes de ciclo de vida más bajos, un aspecto que merece la pena considerar en un escenario en el que los costes de prevención, respuesta y recuperación frente a posibles impactos climáticos van a crecer considerablemente.
“Las soluciones basadas en la naturaleza no solo reducen riesgos, también mejoran la calidad del aire, la biodiversidad y la salud urbana”
España avanza en el desarrollo del Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC). ¿Qué medidas concretas relacionadas con la gestión del agua en entornos urbanos recoge el plan?
El PNACC 2021-2030 incorpora varias líneas de acción que afectan directamente a la gestión urbana del agua. El Plan es un marco general de actuación a diez años, que se concreta en medidas a través de sus dos programas de trabajo quinquenales, el primero de ellos recién concluido y el segundo que se encuentra en plena elaboración.
De este modo, el PNACC marca orientaciones generales de trabajo en ámbitos como la gestión eficiente de los recursos hídricos en el abastecimiento urbano, que apela a la modernización de infraestructuras y redes para evitar pérdidas y al control del consumo; la adaptación de los sistemas urbanos, que implica tanto la evaluación de las vulnerabilidades del ciclo urbano del agua frente a sequías e inundaciones como la integración de esta perspectiva en la planificación y la gestión; la prevención y gestión de riesgos, que supone apostar por un urbanismo en el que se vayan integrando las "soluciones basadas en la naturaleza”, de las que antes hablábamos, los pavimentos permeables o los sistemas de drenaje sostenible, que mejoren la infiltración, reduzcan la escorrentía y ayuden a laminar avenidas.
El PNACC también plantea la mejora de la gobernanza del agua y la coordinación entre administraciones para integrar la adaptación en la gestión del agua, empezando por la normativa base, un aspecto en el que se ha desarrollado mucho trabajo de integración de la perspectiva climática en normativa sectorial como los Planes hidrológicos de cuenca, los Planes de gestión de riesgo de inundación, los Planes especiales de sequía de los organismos de cuenca o el Plan Nacional de Depuración, Saneamiento, Eficiencia, Ahorro y Reutilización (Plan DSEAR), como ya hemos comentado.
El PNACC 2021-2030 se articula en programas quinquenales que integran la adaptación en el abastecimiento urbano, la gestión de riesgos y la modernización del ciclo del agua.
El cambio climático está afectando la disponibilidad y calidad del agua. ¿Cómo se integran las políticas de mitigación y adaptación con las de depuración, reutilización y gestión de aguas pluviales en las ciudades? En este contexto, ¿qué papel deben desempeñar las administraciones locales en esta transición hacia una gestión más sostenible y resiliente del agua urbana? ¿Existen mecanismos de coordinación o apoyo técnico desde el Ministerio para impulsar estas acciones?
Aunque los organismos de cuenca establecen el marco básico que organiza el uso del agua en cada demarcación, el papel de los ayuntamientos y las administraciones locales es esencial, desde muchos puntos de vista. A modo de ejemplo, la tendencia en muchas cuencas a contar con menos recursos hídricos otorga un valor añadido a las medidas orientadas a la reutilización de los recursos.
Por otra parte, los cambios en los niveles de torrencialidad en el medio urbano, donde el porcentaje de suelo impermeabilizado es elevado, hacen que pueblos y ciudades sean más vulnerables a las inundaciones. En este contexto, la gestión de las aguas pluviales se convierte en un reto clave.
Acciones como la recuperación de la permeabilidad en los suelos urbanos, la creación de infraestructuras para laminar las crecidas como los parques urbanos inundables o los tanques de tormentas, o la mejora de los drenajes se convierten en auténticas iniciativas de carácter adaptativo.
“En un contexto de mayor torrencialidad y menor disponibilidad de recursos, la gestión de las aguas pluviales se convierte en un reto clave para pueblos y ciudades”
La financiación europea (como los fondos del PRTR o los mecanismos LIFE) ha permitido avanzar en proyectos de adaptación hídrica. ¿Cree que España está aprovechando al máximo estos instrumentos? ¿Qué ejemplos destacaría?
La financiación europea está siendo una palanca esencial para impulsar transformaciones relevantes en el panorama actual en el que los retos a abordar se multiplican.
En el ámbito concreto de la adaptación hídrica local, el MITECO, a través de la Fundación Biodiversidad, ha gestionado fondos europeos (Next Generation y FEDER) por valor de más de 195 millones de euros para impulsar proyectos de renaturalización urbana y de recuperación ecológica de tramos urbanos de ríos en más de 120 ciudades españolas. Muchos de los proyectos están todavía en ejecución, por lo que todavía no podemos apreciar en toda su magnitud la potencia de los cambios, pero con seguridad van a marcar un antes y un después en la manera de abordar los retos urbanos en muchos aspectos, entre ellos la relación con el agua dentro de las ciudades.
Otro ejemplo muy destacable, y del que ya pueden apreciarse plenamente sus resultados pues se ha desarrollado entre los años 2017 y 2025, es el llamado LIFE-IP NAdapta-CC, un proyecto clave en Navarra para reforzar la resiliencia de los municipios frente al riesgo de inundaciones. Gracias al LIFE NAdapta, se elaboraron planes municipales de autoprotección, adaptados a la casuística de cada localidad, en 16 municipios con tramos ARPSI (Áreas con Riesgo Potencial Significativo de Inundación) y se implantaron sistemas de alerta temprana para avisar a la población y a los servicios municipales ante crecidas o eventos extremos. El proyecto también ha contribuido a la mejora de infraestructuras de saneamiento y depuración, y a la instalación de SUDS en entornos urbanos para reducir el impacto de lluvias intensas.
Más de 195 millones de euros de fondos europeos han impulsado proyectos de renaturalización urbana y recuperación fluvial en más de 120 ciudades españolas.
Más allá de los programas europeos, ¿cómo podemos garantizar la financiación sostenida de las actuaciones e infraestructuras necesarias para adaptar la gestión del agua al cambio climático? ¿Qué papel podrían desempeñar los instrumentos nacionales, regionales o la colaboración público-privada?
Garantizar una financiación sostenida para la adaptación hídrica exige combinar fuentes y mecanismos que aporten estabilidad en el largo plazo. Más allá de los programas europeos, es necesario reforzar instrumentos nacionales y regionales que permitan integrar determinados aspectos relacionados con la adaptación en la programación presupuestaria ordinaria, priorizar inversiones estratégicas y asegurar la continuidad de proyectos que requieren mantenimiento y seguimiento a lo largo del tiempo.
Desde una perspectiva de gobernanza y planificación, ¿cuáles son los principales retos para integrar la gestión del agua y la adaptación climática en las agendas urbanas? ¿Cómo se está promoviendo la cooperación entre administraciones, sector privado y centros de investigación para desarrollar soluciones innovadoras en gestión del agua urbana?
La participación coordinada de todos los niveles de la administración junto con el resto de la sociedad, incluyendo el sector privado, la academia y la sociedad civil es fundamental para enfrentar los retos del cambio climático, por eso se ha identificado la necesidad de alcanzar un Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática.
Un Pacto que proporcione estabilidad y coherencia a las políticas públicas y que permita anticipar riesgos, reducir vulnerabilidades y aprovechar las oportunidades de la transición ecológica, alineando bajo una visión científica común las políticas económicas, climáticas, energéticas, hídricas, territoriales, agrarias, industriales y sociales.
La actual propuesta de Pacto dedica una atención específica a los recursos hídricos: propone reforzar la planificación hidrológica, las soluciones basadas en la naturaleza, la gestión digital e inteligente de cuencas y la eficiencia del ciclo urbano del agua, así como reducir riesgos en zonas inundables, controlar la contaminación difusa e integrar criterios de resiliencia climática en todas las infraestructuras públicas. Su implementación implica a todos los niveles de la Administración y requiere un marco de gobernanza estable.
En la Convención celebrada en Ponferrada en octubre de 2025, que reunió a una amplia diversidad de actores sociales, económicos, científicos y territoriales, se subrayó precisamente el papel central de la ciencia y el conocimiento experto como guía de la acción climática, así como la necesidad de reforzar la gobernanza y la colaboración público‑privada para hacer posible este gran acuerdo nacional.
“Necesitamos un Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática que proporcione estabilidad y coherencia a la gestión de los recursos hídricos”
Mirando al futuro, ¿cómo imagina el modelo de gestión urbana del agua que España debería alcanzar en la próxima década para adaptarse a los nuevos escenarios climáticos?
Me gustaría ver un modelo de gestión urbana del agua que tenga siempre presentes los escenarios hídricos futuros y se anticipe a ellos. La experiencia nos demuestra que la anticipación es clave: cuanto antes incorporemos los riesgos climáticos a la planificación, más eficaz y menos costosa será la adaptación.
El primer paso, por tanto, es comprender con detalle cómo evolucionarán los escenarios climáticos en cada territorio, identificando los rasgos que los caracterizan y, muy especialmente, los riesgos más relevantes a los que deberán responder las ciudades.
A partir de ese conocimiento, es posible desarrollar estrategias ajustadas a cada contexto. Las respuestas serán necesariamente diversas. Deberán incluir medidas relacionadas tanto con la gestión de la oferta como de la demanda, así como un refuerzo de la resiliencia de las infraestructuras urbanas para que puedan funcionar en condiciones más variables y extremas. Y sin duda las soluciones basadas en la naturaleza representarán un papel clave, ya que aportan flexibilidad, aumentan la permeabilidad y ayudan a gestionar eficazmente la escorrentía. Todo ello deberá acompañarse de cambios culturales que permitan adaptar nuestros usos del agua a un clima cuya evolución va a transformar, inevitablemente, las reglas del juego.

