La economía circular avanza en innovación y tecnología, pero tropieza en su aplicación real
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El tercer panel de debate de Future4 Circularity 2026, celebrado el pasado 25 de marzo en el Auditorio El Beatriz de Madrid, reunió a empresas tecnológicas y operadores clave del sector para analizar el papel de la innovación y la tecnología en el desarrollo de la economía circular. En un contexto marcado por la creciente exigencia regulatoria y la necesidad de escalar soluciones, el debate se centró en una cuestión crítica: si la base tecnológica está realmente preparada y qué barreras están frenando su despliegue efectivo.
Moderado por la periodista de ciencia y tecnología y colaboradora de RETEMA, Patricia Ruiz Guevara, el panel contó con la participación de Ana López, directora comercial Iberia de STADLER; Alberto Tuñón, director comercial de Econward Tech; Albert Sabala, director de Desarrollo de Grupo Griñó; Óscar Madrid, director comercial de Europa-Parts; Eduardo Fernández, director de Innovación de Urbaser; y Alex Mas, area manager para Europa, UK y desarrollo de negocio internacional de Bianna.
A lo largo de la sesión, los participantes coincidieron en un diagnóstico compartido: la tecnología existe y está preparada, pero su implantación a gran escala sigue condicionada por factores estructurales que van más allá de lo técnico. Desde la falta de mercado para los materiales reciclados hasta las barreras administrativas, la necesidad de inversión o la falta de coordinación entre actores, el debate puso de relieve que el verdadero reto no es desarrollar nuevas soluciones, sino crear las condiciones necesarias para que puedan desplegarse con eficacia y competitividad.
Tecnología disponible, pero con un desfase en su aplicación real
El arranque del panel dejó un diagnóstico ampliamente compartido entre los participantes: la base tecnológica para avanzar en la economía circular ya existe y ha alcanzado un grado de madurez relevante en los últimos años. Así lo defendió Ana López (STADLER), quien aseguró que el sector dispone hoy de soluciones consolidadas en ámbitos como la automatización, la selección de envases o la digitalización de procesos, con equipos cada vez más robustos y capaces de garantizar altas disponibilidades y niveles de pureza en la recuperación de materiales. Además, destacó la creciente capacidad de adaptación de estas tecnologías tanto a la variabilidad de los flujos de entrada como a un marco regulatorio cada vez más exigente.
En esta misma línea, Alberto Tuñón (Econward Tech) coincidió en que no existe un desfase entre la ambición regulatoria y la capacidad tecnológica, pero sí introdujo un matiz clave al señalar que el verdadero problema se sitúa en la fase de implementación. A su juicio, el sistema no está siendo capaz de trasladar al terreno operativo soluciones que ya están disponibles, debido a barreras administrativas y a la dificultad de escalar proyectos en condiciones reales. Esta reflexión fue compartida, desde una perspectiva distinta, por Albert Sabala (Grupo Griñó), quien puso el foco en la viabilidad económica de las soluciones, advirtiendo de que el creciente grado de complejidad de los residuos —con materiales cada vez más diversos y difíciles de tratar— está elevando los costes y dificultando que los materiales reciclados puedan competir en el mercado.
“Las tecnologías existen, pero el problema es la viabilidad comercial de su aplicación”, advirtió Albert Sabala, director de Desarrollo de Grupo Griñó.
El debate incorporó también una visión más operativa sobre los tiempos del sistema. Óscar Madrid (Europa-Parts) subrayó que, aunque la tecnología evoluciona de forma constante, su implantación se ve condicionada por los ciclos de gestión de las plantas, especialmente en el ámbito público, lo que dificulta incorporar innovaciones al ritmo al que surgen. En paralelo, Eduardo Fernández (Urbaser) introdujo una lectura más estructural al advertir de que la disponibilidad tecnológica no garantiza su aplicación si no va acompañada de inversión suficiente y de una modernización de las infraestructuras, recordando que gran parte del desarrollo del sector se produjo en etapas anteriores con mayores niveles de financiación.
Por su parte, Alex Mas (Bianna) cerró el diagnóstico con una reflexión de fondo, señalando que en muchos casos se está trasladando a la tecnología la responsabilidad de resolver problemas que en realidad son económicos. En un contexto en el que los materiales reciclados compiten con industrias altamente consolidadas y con fuertes economías de escala, defendió que el reto pasa por generar condiciones de mercado que permitan hacer viables estas soluciones, evitando que la circularidad quede limitada por una falta de competitividad frente a los modelos lineales.
“Muchas veces se pide a la tecnología que resuelva un problema que en realidad es económico”, apuntó Alex Mas, area manager para Europa, UK y desarrollo de Negocio Internacional de Bianna.
Más allá de la inversión: mercado, regulación y gobernanza como palancas del cambio
Una vez identificado el diagnóstico, el debate se centró en las soluciones, donde los participantes coincidieron en que la inversión es una condición necesaria, pero no suficiente para acelerar la economía circular. Desde una perspectiva operativa, Óscar Madrid (Europa-Parts) defendió la necesidad de actuar sobre las señales económicas del sistema, proponiendo elevar el coste del vertido para corregir el actual desequilibrio que favorece esta opción frente al reciclaje. En paralelo, planteó revisar los criterios de contratación pública —a menudo centrados en el precio más bajo— e introducir incentivos que impulsen la incorporación de nuevas tecnologías en las plantas.
“El hecho de que el vertedero tenga un precio económico da pie a que sea más fácil llevar allí los residuos que reciclarlos”, señaló Óscar Madrid, director comercial de Europa-Parts.
Sobre esta base, Ana López (STADLER) amplió el foco al señalar que el verdadero reto no es tecnológico, sino de mercado. A su juicio, la clave está en generar una demanda estable y sostenida de materiales reciclados que garantice el retorno de las inversiones y permita escalar las soluciones existentes. En esta misma línea, Albert Sabala (Grupo Griñó) subrayó la necesidad de actuar tanto sobre el diseño de los productos —apostando por el ecodiseño— como sobre las condiciones de mercado, introduciendo mecanismos que incentiven el uso de materiales reciclados o desincentiven el consumo de materias primas vírgenes, evitando situaciones en las que el material recuperado no encuentra salida comercial.
El debate incorporó también una dimensión institucional clave. Alberto Tuñón (Econward Tech) situó la gobernanza como una de las principales palancas de transformación, reclamando una mayor coordinación entre administraciones y sectores, así como un enfoque estratégico que facilite la implantación real de las tecnologías. En esta línea, defendió la necesidad de integrar la economía circular en las políticas industriales, superando una visión fragmentada que limita su desarrollo. Por su parte, Alex Mas (Bianna) apuntó al potencial del dato como infraestructura, destacando que el uso de tecnologías digitales e inteligencia artificial puede mejorar la trazabilidad de los residuos, optimizar la toma de decisiones y facilitar una mejor regulación al aportar mayor conocimiento del sistema.
Finalmente, Eduardo Fernández (Urbaser) ofreció una visión integral de las palancas necesarias, insistiendo en que el reto no es únicamente financiero, sino también normativo, industrial y social. En el ámbito de la innovación, subrayó la necesidad de reforzar las fases previas de I+D y de adaptar el marco regulatorio para permitir el desarrollo de nuevas tecnologías. Asimismo, defendió el reconocimiento de la gestión de residuos como una actividad industrial estratégica, con mayor peso en las políticas públicas, y señaló el papel clave de la contratación pública como instrumento para impulsar la innovación. Junto a ello, recordó que la ciudadanía también desempeña un papel determinante, tanto a través de la correcta separación en origen como mediante sus decisiones de consumo, configurando así una palanca adicional para consolidar el modelo circular.
“No solo es un problema financiero; también es normativo, industrial y de innovación”, subrayó Eduardo Fernández, director de Innovación de Urbaser.
De la innovación a la realidad: plantas más flexibles, valorización y nuevos modelos tecnológicos
El bloque de ejemplos permitió aterrizar el debate en soluciones ya operativas, evidenciando cómo la innovación se está materializando en infraestructuras concretas, aunque con retos aún por resolver. En el ámbito de la clasificación de envases, Ana López (STADLER) destacó la evolución hacia plantas de mayor capacidad, más automatizadas y capaces de responder a mayores exigencias regulatorias en términos de pureza y separación de materiales. Como ejemplo, puso en valor la nueva planta de Amorebieta, que ha duplicado su capacidad y permite una clasificación más avanzada y flexible, adaptada tanto a las demandas actuales como a las futuras del mercado.
Desde la perspectiva tecnológica, Alberto Tuñón (Econward Tech) centró el foco en aquellas soluciones con mayor potencial de desarrollo, señalando que el futuro no pasa necesariamente por tecnologías disruptivas, sino por aquellas capaces de adaptarse al entorno, ya maduras, económicamente viables y que generen sinergias con otros sectores, especialmente el energético. En esta misma línea, Albert Sabala (Grupo Griñó) ejemplificó cómo la aplicación de tecnologías en el tratamiento de la materia orgánica está avanzando, especialmente en la producción de biometano, aunque advirtió de que determinadas exigencias regulatorias pueden encarecer los procesos y dificultar la valorización final de subproductos como el digestato.
“Las tecnologías con más futuro no son las más futuristas, sino las que mejor se adaptan al entorno”, explicó Alberto Tuñón, director comercial de Econward Tech.
El papel de la flexibilidad tecnológica también emergió como un factor clave. Óscar Madrid (Europa-Parts) explicó cómo la incorporación de equipos móviles permite complementar las instalaciones existentes y mejorar la valorización de residuos que anteriormente acababan en vertedero, facilitando su transformación en combustibles como el CSR. Por su parte, Alex Mas (Bianna) puso el foco en el desarrollo de plantas descentralizadas de valorización energética a pequeña escala, más integradas en el entorno local y con mayor aceptación social, que incorporan además herramientas avanzadas como la inteligencia artificial para optimizar procesos y adaptarse a la variabilidad de los residuos.
Finalmente, Eduardo Fernández (Urbaser) situó el debate en el ámbito de la implantación real de estas soluciones, subrayando que tecnologías como la valorización energética son ya imprescindibles para cumplir los objetivos europeos. En este contexto, defendió el papel de la compra pública innovadora como herramienta para impulsar el desarrollo de nuevas tecnologías, aunque advirtió de su escasa aplicación actual. A su juicio, el reto pasa por activar la demanda desde el ámbito público y compartir riesgos entre administraciones y empresas para facilitar la transición desde la innovación hasta su despliegue a escala.
Colaboración, agilidad y mercado: condiciones para que la circularidad sea una realidad
El cierre del panel dejó un mensaje claro y compartido: la transición hacia una economía circular plenamente operativa en España no depende de una única herramienta, sino de la capacidad del sistema para actuar de forma coordinada. En este sentido, Eduardo Fernández (Urbaser) puso el foco en la necesidad de reforzar la colaboración tanto dentro de la propia administración —entre medio ambiente e industria— como entre el sector público y el privado, subrayando que sin un enfoque conjunto será difícil alcanzar resultados tangibles.
La simplificación administrativa emergió como otra de las prioridades clave. Albert Sabala (Grupo Griñó) planteó avanzar hacia modelos más ágiles, como el uso de la declaración responsable en determinados procesos, con el objetivo de reducir los tiempos y desbloquear proyectos. Una idea que fue respaldada por Alberto Tuñón (Econward Tech), quien insistió en la necesidad de flexibilizar los procedimientos y asumir cierto nivel de riesgo para acelerar la implantación de soluciones, superando un modelo excesivamente garantista que, en la práctica, ralentiza la innovación.
Desde una perspectiva más estructural, Óscar Madrid (Europa-Parts) recordó que el avance de la tecnología sigue estando condicionado por el marco normativo, señalando que sin una regulación que incentive activamente su adopción será difícil generalizar su uso. En esta línea, Alex Mas (Bianna) apeló a una administración más ágil, realista y valiente, capaz de ofrecer mayor certidumbre regulatoria en un contexto de transformación acelerada.
Por su parte, Ana López (STADLER) cerró el bloque insistiendo en la necesidad de consolidar un mercado estable para los materiales reciclados y reforzar la coordinación a lo largo de toda la cadena de valor —desde el ecodiseño hasta la reintroducción en el mercado—, incluyendo el papel de la ciudadanía. Un enfoque sistémico que resume el consenso del panel: solo con alineación entre regulación, mercado, tecnología y sociedad será posible que la economía circular deje de ser una aspiración y se convierta en una realidad consolidada.
“El problema no es la tecnología, sino poder aplicarla de forma masiva y coordinada… tiene que existir un mercado que absorba esos subproductos para que la rueda empiece a girar”, concluyó Ana López, directora comercial Iberia de STADLER.
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