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Las aguas residuales se consolidan como una herramienta para vigilar la resistencia a los antimicrobianos

La Comisión Europea pone en valor una investigación liderada por el ICRA-CERCA que plantea integrar el análisis de aguas residuales en las estrategias de vigilancia bajo el enfoque One Health

La vigilancia de las aguas residuales está ganando protagonismo como herramienta para reforzar el seguimiento de la resistencia a los antimicrobianos (RAM), una de las principales amenazas para la salud pública mundial. La Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión Europea ha destacado recientemente un trabajo del investigador José Luis Balcázar, del Instituto Catalán de Investigación del Agua (ICRA-CERCA), que analiza el potencial de este enfoque para complementar los sistemas actuales de vigilancia y mejorar la detección temprana de cambios en la circulación de genes de resistencia.

 

Las aguas residuales permiten obtener una visión colectiva de los microorganismos y genes de resistencia presentes en una comunidad, complementando la vigilancia clínica.

 

Las aguas residuales concentran material biológico procedente de miles de personas, además de aportes de hospitales, explotaciones ganaderas, actividades industriales y otras fuentes. Su análisis ofrece una visión integrada de los microorganismos y genes de resistencia que circulan en una población, lo que facilita la identificación de cambios en su presencia, zonas de mayor riesgo o tendencias que podrían pasar desapercibidas mediante sistemas basados exclusivamente en datos clínicos.

"Las aguas residuales pueden funcionar como un observatorio de la resistencia antimicrobiana a escala poblacional. No se trata de sustituir la vigilancia clínica, sino de complementarla con información que nos permita comprender mejor dónde circula la resistencia, cómo cambia y qué factores pueden favorecer su propagación", explica el Dr. Balcázar.

 

Una herramienta con alcance global

La resistencia a los antimicrobianos está condicionada por múltiples factores sanitarios, ambientales y sociales, entre ellos el uso de antibióticos, la calidad del saneamiento, la contaminación ambiental o el acceso a los sistemas de salud.

En este contexto, la vigilancia basada en aguas residuales puede resultar especialmente útil en regiones donde la información clínica es limitada o existen diferencias significativas en las infraestructuras sanitarias. Además de aportar información a escala local y regional, este enfoque permite disponer de una visión más amplia sobre la circulación de la resistencia.

En Europa, el desarrollo de estrategias basadas en el concepto One Health (Una Salud) y el avance de los sistemas de vigilancia ambiental abren la puerta a integrar progresivamente la información procedente de las aguas residuales con los datos clínicos y epidemiológicos, adaptando su aplicación a las características de cada territorio.

 

De la experiencia con la COVID-19 a la vigilancia de la resistencia

La pandemia de COVID-19 demostró la utilidad de las aguas residuales para seguir la circulación de un agente infeccioso sin necesidad de realizar pruebas individuales a toda la población.

Sin embargo, la aplicación de este modelo a la resistencia a los antimicrobianos supone un reto mucho más complejo. En lugar de monitorizar un único microorganismo, es necesario analizar una amplia diversidad de bacterias, genes de resistencia y elementos genéticos implicados en su propagación.

Los avances en secuenciación genómica y análisis bioinformático están incrementando la capacidad para extraer información de estas muestras y convertirlas en un apoyo a los sistemas tradicionales de vigilancia.

 

El desafío de convertir los datos en herramientas de prevención

La incorporación de este enfoque a las políticas de salud pública requiere superar diversos retos técnicos y metodológicos. Entre ellos figuran la armonización de los métodos de muestreo y análisis, la identificación de los microorganismos portadores de determinados genes de resistencia, la interpretación de grandes volúmenes de información genética y la garantía de un uso responsable de los datos.

Asimismo, será necesaria una mayor coordinación entre países y sistemas de vigilancia para que los resultados obtenidos puedan compararse y convertirse en información útil para la toma de decisiones.

"La resistencia antimicrobiana es un problema global, pero sus señales pueden aparecer primero a escala local. Si conseguimos integrar información ambiental, clínica y epidemiológica, podremos avanzar hacia sistemas capaces de detectar antes algunos de los cambios que anuncian su expansión", señala el Dr. Balcázar.

La investigación se enmarca en el enfoque One Health, que reconoce la estrecha relación entre la salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas. Desde esta perspectiva, las aguas residuales constituyen un punto de encuentro entre estas tres dimensiones y una fuente de información con creciente interés para reforzar la vigilancia de la resistencia a los antimicrobianos.

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