Más circularidad, menos emisiones, más industria

Según cifras de la Base de datos de Emisiones para la Investigación Atmosférica Global (EDGAR) de la CE, las emisiones globales de gases de efecto invernadero fueron en 2024 las más altas jamás registradas
Autor/es
Olga Martín
09-06-2026
Publicado en

El momento actual genera desconcierto e impaciencia entre quienes creemos en el potencial de la economía circular. Nuestra industria necesita de un revulsivo en competitividad y resiliencia sin renunciar a la descarbonización, y el tiempo apremia. En este contexto, conviene distinguir entre el ruido de los titulares que señalan la deriva de los consensos climáticos, de las tendencias de fondo en materia ambiental, que al menos en Europa son sostenidas y avanzan con paso firme, señalando la circularidad como herramienta clave para la reindustrialización del continente.

Según cifras consolidadas y recogidas en la Base de datos de Emisiones para la Investigación Atmosférica Global (EDGAR) de la Comisión Europea, las emisiones globales de gases de efecto invernadero fueron en 2024 las más altas jamás registradas. En total, crecieron un 1,3% respecto al año anterior como consecuencia de la actividad humana. Entre las conclusiones más esclarecedoras y visuales de la magnitud del problema destaca que las emisiones de GEI procedentes de actividades antropogénicas en todo el planeta han aumentado una media del casi 1,5% anual desde 1990, por lo que en 2024 fueron un 65% más altas que en 1990. Siendo más del 60% de las emisiones mundiales atribuibles a las regiones más industrializadas del planeta, la buena noticia es que todos los principales emisores redujeron su intensidad en términos de emisiones de GEI por unidad del PIB.

 

La economía circular deja de ser un complemento ambiental para situarse en el núcleo de la competitividad industrial europea

 

Centrándonos en la Unión Europea, esta ha reducido sus emisiones en un 40% respecto a 1990 según datos recientes de la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) mientras que su PIB es un 71% más alto. El crecimiento económico constante del PIB basado en paridad del poder adquisitivo durante el mismo periodo pone de manifiesto el desacoplamiento entre ambas variables y refuerza el compromiso de que Europa sea el primer continente climáticamente neutro en 2050.

Atendiendo al origen de las emisiones, las atribuidas a la industria alcanzaron más de un 20% en el cómputo global, es evidente que es necesario emplear todos los instrumentos posibles para apoyar el objetivo recogido en el Acuerdo de París. Centrándonos en las aspiraciones europeas, recientemente reafirmadas con la adquisición de compromisos legalmente vinculantes de neutralidad climática para 2050 y con hitos intermedios que fijan un 90% de reducción para 2040 o el conocido Fit for 55% para 2030; la economía circular representa no solo una pieza clave, por sus posibilidades con relación a la reducción de emisiones, sino una oportunidad histórica por su valor en el desarrollo de nuevos modelos de negocio, la consolidación de nuestro tejido industrial y el fomento del empleo.

La evidencia científica refuerza esta dirección. El informe Assesing the climate mitigation potential of the circular economy recientemente publicado por la EEA revela el potencial de la Economía Circular en cuanto a la reducción de emisiones, evidenciando su papel decisivo en la lucha contra el cambio climático y afirmando que podría conseguir una mitigación media del 33% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Este informe, resalta, además, que las emisiones derivadas de la extracción y el procesamiento de materias primas representan alrededor del 55% de las emisiones mundiales de GEI. En lo que impactaría de forma directa el escalado progresivo de la economía circular, evidenciando que actuar sobre los flujos materiales es actuar sobre el clima.

 

En un contexto de dependencia exterior y tensiones geopolíticas, cerrar ciclos materiales es reforzar la resiliencia económica

 

Las estrategias de la UE con relación al medio ambiente han conectado durante esta última legislatura comunitaria con otros elementos muy presentes en la actualidad geopolítica mundial. Conceptos cómo la autonomía estratégica o la estabilidad en precios y flujos de abastecimiento de materias primas críticas se han tornado clave para afianzar la industria europea, y con ello, su gestión sostenible, reciclaje y valorización.

En esta línea, el Pacto Industrial Limpio lanzando por la Comisión Europea pretende ser un estímulo y hoja de ruta para un desarrollo económico que defina el futuro del continente. ¿La novedad? Que refuerza el papel de la circularidad en la estrategia europea de descarbonización, siendo una pieza clave para garantizar el suministro de las materias primas necesarias para la producción de tecnologías limpias.

En realidad, esta evolución apunta a algo más relevante; la economía circular se convierte en un componente imprescindible para la competitividad industrial. En un contexto de cadenas de suministro fragmentadas y dependencia de materias primas críticas, cerrar ciclos materiales significa aumentar la resiliencia de nuestra industria y reforzar la autonomía estratégica. En este sentido, la actual tasa de circularidad en la UE, de apenas el 12%, revela una brecha que puede convertirse en una oportunidad.

En este escenario, en el que la Comisión Europea fija entre sus prioridades conjugar la ambición climática del continente con la competitividad de la industria, destaca la nueva Circular Economy Act impulsada desde Bruselas. Convertida en una pieza clave del Pacto Industrial Limpio, reconfigura y eleva la economía circular como estrategia y política industrial y no solo como un mero apoyo de carácter ambiental. Se espera que la propuesta vea la luz a lo largo del tercer trimestre de este 2026 sentando unas bases sólidas que consigan duplicar la tasa de circularidad europea hasta el 24% en 2030.

 

La evidencia científica es clara: sin circularidad no hay descarbonización suficiente ni industria preparada para el futuro

 

La nueva Ley de Economía Circular quiere resolver las fricciones que actualmente limitan el escalado efectivo del mercado del reciclaje, impulsando un mercado único de materias primas secundarias. La información pública sobre las orientaciones de la norma nos sitúa en un escenario que pretende reforzar la oferta de materiales reciclados de alta calidad aumentando la capacidad de tratamiento, recogida separada y potenciando medidas de certificación y trazabilidad. Y, por otro lado, impulsar la demanda; lo que previsiblemente pasará por objetivos horizontales o sectoriales de contenido reciclado en los productos finales, y criterios obligatorios o armonizados en la compra pública. El objetivo es claro; habilitar el mercado único de materias primas secundarias como una opción competitiva y adquirible a gran escala.

Variables como el diseño circular son claves fundamentales para avanzar en una sostenibilidad integral. El impulso a la economía circular a través de normas como el Reglamento sobre Ecodiseño de Productos Sostenibles implicará menos emisiones, menos recursos utilizados y mayor valor circular, facilitando la reutilización y el reciclaje y minimizando el volumen de residuos.

Entre el resto de las variables que destacan de entre los usos de la economía circular, su aplicación podría incluso duplicar la reducción de GEI en industrias de alto consumo energético para 2050 según conclusiones de un informe del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea (JRC).  El informe señala además que la dependencia de materias primas importadas disminuiría en casos como el del hierro en hasta un 22%, o un 11% en el caso de la bauxita, un material crítico para la industria europea. Todo lo anterior, conllevaría una mejora de la balanza comercial de la UE en aproximadamente un 4%, lo que equivale a 35.000 millones de euros.

 

Europa avanza hacia la neutralidad climática apoyándose en un modelo donde materiales, energía e industria convergen

 

En Euskadi, los datos avalan el impacto de esta transición. Según el Inventario de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero de 2024, la Comunidad Autónoma del País Vasco ha reducido sus emisiones un 38% respecto a 2005, con descensos especialmente significativos en gestión de residuos (-57%), energía (-56%), agricultura (-51%) e industria (-50%). Si bien, debemos seguir dando pasos firmes y la economía circular no puede quedarse sólo en el relato; es una palanca real de mitigación y modernización industrial.

Y esta urgencia se entiende especialmente en economías con peso industrial como la vasca, intensiva en materiales y con una dependencia exterior elevada. En un escenario, el de Euskadi, donde el 67% del total del material procesado procede de importaciones, lo que ahora llamamos residuos debe convertirse en un recurso industrial. Su transformación justifica una apuesta por capacidades avanzadas de recogida, clasificación y valorización que produzca y fomente el uso de materiales secundarios trazables y de calidad en las distintas cadenas de valor de nuestra economía.

Todo lo anterior representa dos oportunidades estratégicas de construcción de país y bienestar social que no debemos ni podemos dejar escapar. Por un lado, a la industria manufacturera se le presenta la oportunidad de seguir aumentando su competitividad a través del acceso a materias primas recicladas, de proximidad y con un flujo de suministro más estable, trazable y de calidad. Esa ventaja se apoya, además, en la mejora de los sistemas de recogida y valorización de residuos, reduciendo incertidumbres.  Y, al sector ambiental, la oportunidad de consolidarse como habilitador de ese cambio; impulsando un tejido industrial innovador y con propósito y, pasar de acompañantes a coprotagonistas de un modelo industrial que compita con nuevas herramientas en los mercados internacionales.

 

El sector ambiental de Euskadi afronta un nuevo escenario donde su papel se refuerce como transformador y fuente de competitividad

 

En este contexto, el sector ambiental de Euskadi, representado por Aclima, Basque Environment Cluster, con un marcado carácter innovador y amplia experiencia en la gestión del fin de vida de los residuos, está preparado y afronta con ilusión un nuevo escenario donde su papel se refuerce como transformador y fuente de competitividad para una industria que actualmente depende en gran medida de un suministro de materias primas que no son accesibles en nuestro entorno inmediato.

Apostar por la economía circular es un imperativo competitivo. La nueva Circular Economy Act acompañada de un despliegue real que asuman como propio desde las instituciones y la industria, puede ser una pieza clave para la resiliencia de nuestra economía, empleo y bienestar social.

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