Por qué es Groenlandia tan importante: clima, energía y recursos en uno de los territorios más frágiles del planeta

El deshielo acelerado, los recursos estratégicos y los límites ambientales marcan el devenir de un territorio fundamental para el equilibrio climático global
22-01-2026

Groenlandia se ha convertido en las últimas semanas en uno de los principales focos de la geopolítica mundial. No obstante, más allá de su papel en este contexto, la región es uno de los epicentros del cambio climático a escala global, especialmente en el contexto del calentamiento acelerado del Ártico. Este vasto territorio, cubierto en gran parte por hielo, concentra algunos de los procesos ambientales más acelerados del planeta, con efectos que trascienden sus fronteras y afectan al clima global, los océanos y la transición energética.

Así, el progresivo deshielo del casquete glaciar groenlandés no es solo un fenómeno local. La pérdida de masa de hielo, registrada de forma sostenida en las últimas décadas, contribuye de manera directa al aumento del nivel del mar y altera dinámicas oceánicas fundamentales para el equilibrio climático del hemisferio norte. Lo que sucede en Groenlandia es, en realidad, una señal clara de los impactos del calentamiento global.

 

Groenlandia como termómetro del cambio climático

El Ártico se está calentando a un ritmo muy superior a la media global, un fenómeno conocido como amplificación ártica. El aumento de las temperaturas reduce la superficie cubierta por hielo y nieve, disminuyendo la capacidad del territorio para reflejar la radiación solar. Como consecuencia, el suelo y el océano absorben más calor, acelerando aún más el calentamiento. Groenlandia es uno de los territorios donde este proceso resulta más evidente, lo que la convierte en un laboratorio natural del cambio climático.

Hay que tener en cuenta que el casquete glaciar de Groenlandia es el segundo mayor del planeta, solo por detrás del antártico. Su estabilidad es fundamental para el equilibrio climático global. Lamentablemente, las noticias en este sentido no son optimistas, ya que, según datos recopilados por misiones satelitales como GRACE y GRACE-FO, de la NASA, se observa una pérdida sostenida de masa de hielo desde principios de siglo, con medias anuales de cientos de gigatoneladas.

 

 

A esta tendencia estructural se suma una elevada variabilidad interanual. Informes como el Arctic Report Card de la NOAA advierten de que, aunque algunos años concretos registren pérdidas algo menores por condiciones meteorológicas específicas, la tendencia a largo plazo sigue siendo claramente negativa.

 

Efectos sobre océanos y clima regional

Como consecuencia directa de este proceso, el deshielo de Groenlandia es ya uno de los principales contribuyentes al aumento del nivel del mar. Según el IPCC, la criosfera -y en particular las grandes masas de hielo- desempeña un papel clave en el incremento observado y proyectado del nivel del mar durante este siglo.

 

El deshielo de Groenlandia es ya uno de los principales factores que contribuyen al aumento del nivel del mar y tendrá efectos irreversibles incluso en escenarios de estabilización climática

 

Más allá de esta tendencia ya constatada sobre el deshielo, la comunidad científica advierte de un efecto añadido de gran relevancia: el denominado sea level commitment. Estudios de la NASA señalan que, incluso si las temperaturas globales se estabilizaran, parte del deshielo ya es irreversible, lo que implica una subida del nivel del mar comprometida a largo plazo.

La entrada masiva de agua dulce procedente del deshielo trae como consecuencia una alteración de la salinidad de los océanos y puede influir en grandes sistemas de circulación marina, como la circulación termoalina. Estos cambios tienen potencial para modificar patrones climáticos regionales, especialmente en el Atlántico Norte, aunque también con implicaciones para Europa y Norteamérica.

 

Energía y recursos: la cara material de la transición

Más allá de su relevancia climática, Groenlandia alberga recursos minerales estratégicos, entre ellos tierras raras, litio o cobalto, fundamentales para tecnologías asociadas a la transición energética, como energías renovables, baterías o sistemas de almacenamiento.

En este sentido, informes del Geological Survey of Denmark and Greenland (GEUS) destacan el potencial geológico del territorio, situándolo en el radar de la cadena global de suministro de minerales críticos. Sin embargo, esta oportunidad plantea un dilema ambiental significativola extracción de estos materiales conlleva impactos sobre el suelo, el agua y la biodiversidad en un entorno especialmente sensible.

La explotación de recursos en Groenlandia se enfrenta además a importantes limitaciones logísticas. La ausencia de infraestructuras extensas, las condiciones climáticas extremas y la fragilidad de los ecosistemas elevan los costes ambientales y energéticos de cualquier actividad industrial, poniendo en cuestión su viabilidad desde un punto de vista estrictamente sostenible.

 

Desarrollo sostenible en Groenlandia: retos y límites ambientales

En este contexto, el debate sobre un posible desarrollo sostenible en Groenlandia no puede desligarse de criterios técnicos y ambientales exigentes. La fragilidad de los ecosistemas árticos, la escasa capacidad de regeneración natural y las limitaciones hídricas y energéticas del territorio obligan a evaluar cualquier proyecto desde una perspectiva integral, que contemple no solo su viabilidad económica, sino también su impacto acumulado sobre el clima, la biodiversidad y los recursos naturales.

Cualquier estrategia de desarrollo en Groenlandia debería basarse en evaluaciones ambientales rigurosas, criterios de trazabilidad, protección de la biodiversidad y una planificación a largo plazo alineada con los objetivos climáticos globales. La sostenibilidad no puede limitarse a la disponibilidad de recursos, sino que debe incorporar la capacidad real del territorio para absorber impactos.

Groenlandia simboliza así uno de los grandes retos ambientales actuales: cómo avanzar en la transición energética y la descarbonización sin trasladar los impactos a territorios frágiles. Más allá de su valor estratégico, lo que está en juego es la capacidad del sistema global para integrar ciencia, planificación y gobernanza ambiental en la toma de decisiones frente al cambio climático.

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