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Residuos de las gigafactorías de baterías: el próximo reto para el reciclaje en España

España está construyendo una nueva capacidad industrial alrededor de las baterías. Junto a las inversiones y la producción prevista, surge otra cuestión: qué residuos generarán estas fábricas y qué oportunidades abre su recuperación
Autor/es
Águeda García de Durango
10-09-2026

España quiere hacerse un hueco en la nueva industria europea de las baterías. Figueruelas, Sagunto, Valladolid o Extremadura concentran algunos de los proyectos que aspiran a construir una cadena de valor propia alrededor del vehículo eléctrico.

Pero fabricar baterías a gran escala tiene una consecuencia menos visible: antes de que una batería llegue a un vehículo, su producción ya genera residuos.

Restos de electrodos y celdas, disolventes, polvos, lodos, aceites o materiales fuera de especificación comenzarán a aparecer a medida que entren en funcionamiento las nuevas fábricas. Algunos serán residuos peligrosos; otros contienen materiales de interés estratégico susceptibles de recuperación.

Para el sector de los residuos, las gigafactorías abren así un nuevo escenario: los primeros grandes flujos asociados a las baterías no procederán necesariamente de vehículos al final de su vida útil, sino de las propias fábricas que empiezan a producirlas.

 

La gigafactoría de Figueruelas anticipa la escala

La futura gigafactoría que Stellantis y CATL desarrollan a través de Contemporary Star Energy (CSE) en Figueruelas, Zaragoza, pone cifras a ese escenario.

La instalación, diseñada para alcanzar una capacidad de hasta 50 GWh anuales, está autorizada para generar un máximo de 111.067 toneladas de residuos peligrosos al año.

La cifra supera a las 106.132 toneladas de residuos peligrosos generadas en todo Aragón en 2021, máximo de la serie reciente, pero esta comparación necesita dos matices importantes: el primero es que las 111.067 toneladas corresponden a una cantidad máxima autorizada, no a residuos efectivamente producidos. La fábrica irá aumentando progresivamente su actividad hasta alcanzar su capacidad prevista.

El segundo es que no estamos hablando de 111.000 toneladas de baterías desechadas: más de la mitad del volumen corresponde al N-metil-2-pirrolidona (NMP), un disolvente empleado en la fabricación de electrodos, con hasta 60.560 toneladas anuales. A continuación aparecen los cartuchos colectores de polvo, con 15.600 toneladas, y los restos de pilas y celdas descartados durante la fabricación, con cerca de 12.900 toneladas.

 


La gigafactoría de Figueruelas podrá generar hasta 111.067 toneladas anuales de residuos peligrosos. Más de la mitad corresponde a un disolvente utilizado en la fabricación


 

Más allá del dato, Figueruelas muestra que la llegada de las gigafactorías puede modificar significativamente los flujos de residuos industriales de los territorios donde se implantan.

 

Un nuevo mapa de generación en España

Además de Figueruelas, España está desarrollando otros polos industriales vinculados a las baterías. A la gigafactoría de PowerCo en Sagunto se suman proyectos en Aragón, Extremadura o Castilla y León, además de instalaciones relacionadas con componentes y materiales.

A medida que estas plantas entren en operación, aparecerá también un nuevo mapa de generación de residuos.

No todos los proyectos producirán los mismos flujos ni en las mismas cantidades. La química de las baterías, la tecnología de fabricación, la capacidad productiva y el grado de recuperación interna determinarán tanto el volumen como las posibilidades de valorización.

 

bateria

 

Por eso, no procede extrapolar directamente las cifras de Figueruelas al conjunto de las gigafactorías españolas, pero sí permiten anticipar una demanda creciente de capacidad especializada para gestionar los residuos vinculados a esta nueva actividad industrial.

Para gestores y recicladores, la pregunta será dónde se generará este material, en qué cantidades y qué parte podrá recuperarse.

 

El reciclaje empieza en la fábrica

Existe además una cuestión temporal que puede resultar especialmente relevante para el mercado: las baterías en vehículos eléctricos pueden permanecer años en circulación antes de convertirse en residuos; los descartes de fabricación, en cambio, aparecen desde el primer día de producción.

La propia regulación europea de baterías reconoce esta circunstancia: durante las primeras etapas de expansión de la industria, los residuos de fabricación constituirán una fuente relevante de materias primas secundarias.

Restos de electrodos, celdas defectuosas y otros materiales pueden contener litio, níquel, cobalto, cobre, aluminio o grafito, dependiendo de la tecnología empleada. Recuperarlos permite reducir pérdidas y devolver parte de esos recursos al proceso productivo.

 


Antes de la llegada masiva de baterías de vehículos al final de su vida útil, las propias fábricas generarán los primeros grandes flujos para el reciclaje


 

Esta proximidad entre producción y residuo abre además la posibilidad de desarrollar circuitos más cortos. Instalar capacidad de pretratamiento y recuperación cerca de los polos de fabricación puede reducir transportes y facilitar que los materiales secundarios regresen a la cadena industrial.

 

De gestionar un residuo a recuperar materias primas

El contexto europeo refuerza esa oportunidad: el Reglamento de baterías establece objetivos crecientes de recuperación de materiales y, desde 2031, porcentajes mínimos de contenido reciclado para determinados materiales presentes en baterías industriales y de vehículos eléctricos.

 

factorias

 

Esto se traduce en que los fabricantes necesitarán, más allá de las materias primas, materias primas secundarias con calidad suficiente para volver a fabricar baterías, y los residuos generados durante la producción pueden desempeñar un papel importante para conseguirlas.

El reto será diferenciar correctamente los distintos flujos. Un disolvente, un aceite contaminado y una celda descartada pueden figurar todos dentro de los residuos peligrosos de una instalación, pero sus posibilidades de recuperación y su interés para la cadena de las baterías son completamente diferentes.

 

Prepararse antes de que llegue el gran volumen

La industria española se encuentra, por tanto, ante dos oleadas: la primera comenzará con las propias gigafactorías y sus residuos de producción; la segunda crecerá progresivamente cuando aumenten las baterías de vehículos eléctricos que alcancen el final de su vida útil.

Las cifras de Figueruelas permiten empezar a dimensionar la primera.

El desafío para España será que la capacidad de tratamiento y recuperación avance al mismo ritmo que la fabricación, para gestionar correctamente nuevos residuos industriales, aprovechar los materiales que contienen y reducir la dependencia de recursos importados.

España está construyendo una industria para fabricar baterías; la oportunidad está también en construir alrededor de ella la capacidad necesaria para recuperar sus materiales y devolverlos al ciclo productivo.

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