Un año después del apagón: ¿por qué millones de personas se quedaron también sin agua corriente?

Sin generadores de respaldo o sistemas autónomos, un corte eléctrico paraliza todo el sistema urbano del agua en minutos. Afortunadamente, hay soluciones
28-04-2026

El 28 de abril de 2025, a las 12:33 horas, se produjo el mayor apagón eléctrico en Europa en más de dos décadas, que afectó a más de 58 millones de personas en España, Portugal y Andorra. Además de la ausencia de luz, muchos de estos ciudadanos se encontraron con otro problema que, en principio, podríamos no relacionar con el primero: al abrir el grifo, no salía agua.

Sin electricidad, el agua dejó de llegar a las viviendas. Esto revela una dependencia invisible que rara vez aparece en el debate público: el suministro de agua no puede existir sin electricidad.

 

Cada gota consume kilovatios de energía

En España, el consumo energético medio del ciclo integral del agua (captación, potabilización, distribución, alcantarillado y depuración) se sitúa en torno a  1 kilovatio hora (kWh) por metro cúbico de agua. Para una familia de cuatro personas donde cada uno consume 150 litros de agua al día, eso representa un consumo energético mensual de 18 kWh. Esto equivale aproximadamente al consumo eléctrico mensual de un televisor encendido cuatro horas al día o a realizar una carga de lavadora al día durante todo el mes.

Sin generadores de respaldo o sistemas autónomos, un corte eléctrico paraliza todo el sistema urbano del agua en minutos. El apagón puso a prueba esta vulnerabilidad a escala peninsular. Afortunadamente, el sector superó el problema: los principales operadores urbanos activaron planes de contingencia que permitieron mantener el servicio mediante grupos electrógenos y operación manual cuando los sistemas digitales perdieron conectividad. Una lección doble: la resiliencia es posible, pero depende de haberla planificado antes del fallo.

 

Instalaciones de agua que también generan electricidad

Lejos de ser un problema sin solución, el sector del agua en España acumula experiencias que muestran el camino en el largo plazo. La clave está en transformar las instalaciones del ciclo urbano del agua de simples consumidoras de energía en productoras netas.

Dos líneas de actuación tienen ya evidencia sólida en este sentido:

Reducir las pérdidas en red no solo ahorra agua, sino también la energía que se consume para bombearla. Y esa energía ahorrada es exactamente la que hace falta cuando la red eléctrica falla.

 

Un apagón que para otros es cotidiano

El Día Mundial del Agua de este año, celebrado el 22 de marzo bajo el lema “Donde fluye el agua, crece la igualdad”, puso sobre la mesa una cifra que conviene no perder de vista: 2 100 millones de personas siguen sin acceso a servicios de agua potable gestionados de forma segura. Para ellas, lo que en la península ibérica duró unas horas es una realidad permanente.

El apagón ibérico demostró que incluso en países con infraestructura avanzada el agua puede dejar de fluir en minutos cuando falla la energía. Para más de una quinta parte de la humanidad, esa interrupción no es una emergencia puntual: es la norma. España tiene las herramientas y la experiencia para construir un ciclo urbano del agua más resiliente. Aplicarlas no es solo una cuestión de eficiencia técnica. Es una condición para garantizar un derecho humano básico, aquí y en cualquier parte del mundo.


 

Un artículo de , Universidad de Valladolid

Newsletter

La información más relevante en tu correo.

Suscribirme

Último número