Bioenergía, la energia que abre el camino hacia el zero

Sin el impulso a la bioenergía no habrá transición energética. Tenemos tecnología madura, el recurso forestal y agrícola, el mercado y las empresas y profesionales para implementarlo y desarrollarlo
Autor/es
Jordi Serra
13-06-2023
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Lo primero que me gustaría destacar en este artículo es compartir la enorme preocupación sobre las conclusiones del reciente informe IPCC de las Naciones Unidas sobre el calentamiento global del planeta a causa del cambio climático que nos lleva a la conclusión de que, si restamos impasibles ante ello, no habrá futuro. Sin lugar a dudas, la transición energética es fundamental para lograr la neutralidad climática en 2050 y en este sentido se han fijado unos objetivos claros y alineados en el marco de la Unión Europea. Ahora bien, considero sinceramente que ello no será suficiente y habrá que ampliar el perímetro hacia una transformación ecológica que nos lleve a una nueva cultura ambiental y a un nuevo paradigma de crecimiento económico más sostenible que nos interpele y nos haga actuar en congruencia sobre como preservamos la biodiversidad, como gestionamos los recursos naturales como el agua y nuestros bosques o como adaptamos nuestros hábitos como la alimentación, la movilidad o la generación de residuos a una nueva realidad. La lucha contra las emisiones de CO2 y la emergencia climática es poner la circularidad en el primer punto de nuestra agenda. Y es aquí precisamente donde la bioenergía debe jugar un rol destacado.

Desde el Clúster de la Bioenergía de Catalunya, desde ya hace casi ocho años, estamos impulsando el papel de la biomasa y el biogás como energías clave en el mix energético, fundamental para mitigar el cambio climático y vital para la bioeconomía circular y la competitividad empresarial. Desde hace ya casi ocho años, cuando una veintena de empresas del sector de la biomasa nos agrupamos bajo el concepto de “cadena de valor” para el fomento de la competitividad, hemos estado trabajando para que la bioenergía sea reconocida como la energía esencial, neutra en carbono, social, versátil, circular y de proximidad que es. Hoy ya forman parte del Clúster catalán, 115 socios, entre empresas privadas del sector de la bioenergía, entidades sociales, administraciones públicas locales y 5 centros tecnológicos, siendo considerado el Clúster de referencia a nivel europeo. Un trabajo riguroso que tiene su base en el servicio a las necesidades de los asociados y en la aplicación de un plan estratégico periodificado que ha comportado la organización de multitud de fórums, jornadas y seminarios con una clara vocación territorial, la participación en proyectos de investigación y desarrollo, la promoción de proyectos colaborativos de impulso a la biomasa en los ámbitos de la industria, las instalaciones deportivas, la prevención de los incendios forestales o la responsabilidad social corporativa, la coparticipación en proyectos europeos o de internacionalización empresarial. Sin olvidar, una de las principales razones de existir del Clúster que es la de ser la voz y la representación del sector de la bioenergía de Catalunya en todos los ámbitos institucionales y sociales.

El contexto de la biomasa a nivel europeo es muy claro. Continúa siendo la principal energía consumida en Europa, representando el 11% de su mix energético y el 60% respecto al total de las fuentes renovables, generando un impacto económico de 34.116 millones de euros y ahorrando la emisión a la atmósfera de unos 290 millones de Tn de CO2 anualmente. Es más, según la Agencia Internacional de la Bioenergía, la bioenergía representará el 20% del mix energético en el año 2050.

 

El contexto de la biomasa a nivel europeo es muy claro. Continúa siendo la principal energía consumida en Europa, representando el 11% de su mix energético y el 60% respecto al total de las fuentes renovables, generando un impacto económico de 34.116 millones de euros y ahorrando la emisión de unos 290 millones de Tn de CO2 anualmente.

 

Además, nunca dejaré de recordar entre sus ventajas, el carácter social de la biomasa, en forma de creación de puestos de trabajo, en especial en zonas rurales y su versatilidad, como la única energía renovable realmente gestionable y almacenable que nos puede proporcionar calefacción, refrigeración, calor, electricidad y biocombustible para el transporte. Y obviamente, el papel fundamental de la biomasa para una buena gestión forestal que tiene traducción directa en la mitigación de la sequía y especialmente en la prevención de los incendios forestales.

No hace falta recordar la elevada dependencia energética del exterior y de los combustibles fósiles que padecemos tanto Catalunya como el conjunto de España. En el caso catalán, la potencia renovable eléctrica instalada se encuentra solo en un 14% en 2021. Aunque la planificación de las administraciones públicas apuesta claramente a largo plazo por la electrificación de la demanda y la distribución, la realidad del entorno geoestratégico internacional, como el incremento general del precio de la energía que hemos padecido o la guerra de Ucrania, debe hacernos reflexionar sobre la adecuación de los objetivos y planes a una realidad que es cambiante para dar respuesta a las necesidades de la sociedad sin dogmatismos ni apriorismos. En este sentido, hay que recordar que la mitad del consumo energético es térmico, especialmente en la industria y transporte y que no todo es electrificable, por lo que es imprescindible modificar el PNIEC para que se reconozca el papel actual y de futuro de la bioenergía como principal renovable térmica que permite acelerar la descarbonización de la economía, apostando de forma meridiana por un modelo de generación de proximidad y de soberanía energética, además de permitir el acceso de nuestra industria al mercado de derechos de emisión de CO2, hecho que contribuye a su competitividad.

A nivel estrictamente de Catalunya, me gustaría destacar que a pesar de que su superficie forestal, representa el 64% del territorio y que se expande a un ritmo de un 2,5% cada año, solo se aprovecha para biomasa el 35 % de su potencial. Aún así, hay que reconocer el esfuerzo hecho y ya se dispone de más de 500 MW instalados que ahorran más de 150.000 Tn de CO2, con más de 4.000 instalaciones y 140 redes de calor que dan servicio a viviendas, hoteles, escuelas, piscinas y hospitales entre otros equipamientos con los beneficios conocidos de agregación de demanda y mejora de su gestión, reducción de costes de mantenimiento, mayor seguridad y menores costes económicos para el cliente final. La biomasa, continúa siendo clave para la competitividad de la industria y en términos de potencia instalada, supone actualmente más de 200 MW en una treintena de industrias que la utilizan como agua caliente y especialmente para generar vapor y calor en sus procesos de producción. Sin duda, para la gestión empresarial implica una mayor estabilidad y seguridad a largo plazo en precio y garantía de suministro que permite la planificación de los costes energéticos de las compañías. La demanda de biomasa nos la encontramos, a día de hoy, en los sectores papeleros, alimentario y en menor medida en el químico y el farmacéutico. Se estima un notable crecimiento de nuevas instalaciones para los próximos 3 años con más de 250 MW, tanto en  industria como en redes de calor.

Todo ello nos hace afrontar el futuro de la biomasa y de la bioenergía  en general, con esperanza en España. Sin el impulso a la bioenergía no habrá transición energética. Tenemos tecnología madura, el recurso forestal y agrícola, el mercado y las empresas y profesionales para implementarlo y desarrollarlo. Sin duda existen incertidumbres y retos de futuro que hay que afrontar, para los que las diferentes administraciones deberán comprometerse con voluntad política y de complicidad mutua con el sector privado. Entre los más destacados, la creación de un marco de seguridad jurídica, estímulos e incentivos a la adquisición y modernización de maquinaria para los productores, fomento de la formación profesional en el ámbito de los trabajos forestales, asegurar la garantía de la cobertura de la demanda de consumo interno, los planes de mantenimiento de caminos o el replanteo de algunas restricciones temporales de trabajo en el bosque. En el ámbito energético, veo necesario y coherente que se incluyan las redes de calor de biomasa en las futuras comunidades energéticas locales y finalmente, espero que la lógica se imponga y que las instituciones europeas lleguen a un acuerdo para la RED III por el que se considere a la biomasa forestal primaria exenta de emisiones de CO2. Sin duda, sería una gran noticia, no solo para el sector de nuestro país, sino muy especialmente de cara a preservar nuestra biodiversidad, la prevención de los grandes incendios forestales y la lucha contra el cambio climático. 

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