“El gran reto de la gestión de residuos es cerrar el gap entre lo que se recupera y lo que sigue yendo a vertedero”
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El momento actual de la economía circular, los retos estructurales del sistema de gestión de residuos y las palancas necesarias para acelerar su desarrollo centraron el diálogo protagonizado por Javier Irigoyen, director general de FCC Medio Ambiente, en el marco de Future4 Circularity 2026, celebrado el pasado 25 de marzo en el Auditorio El Beatriz de Madrid, y moderado por la periodista de ciencia y tecnología y colaboradora de RETEMA, Patricia Ruiz Guevara.
Desde una visión operativa del sistema, Irigoyen situó el escenario actual en una fase de transición que, si bien ha avanzado de forma significativa en las últimas décadas, todavía no progresa al ritmo necesario para cumplir los objetivos europeos. En un contexto geopolítico complejo, el directivo defendió que el sector cuenta con una base normativa sólida, pero que el verdadero reto reside en acelerar su implementación y cerrar las brechas existentes.
Una transición sostenida: base normativa consolidada, avance gradual
Desde FCC Medio Ambiente, Javier Irigoyen enmarcó el momento actual como una transición progresiva hacia la economía circular, condicionada por un contexto geopolítico complejo, pero apoyada en los avances acumulados en las últimas décadas. En su intervención, recordó que el modelo actual surge como contraposición directa a la economía lineal de los años 70 y 80, basada en el “usar y tirar”, donde “todo iba al vertedero”, desde los residuos de producción hasta los productos al final de su vida útil.
En este sentido, destacó el papel clave de la evolución normativa como motor del cambio, desde la Ley de Envases de 1997 —que impulsó instrumentos como los sistemas colectivos de reciclaje— hasta la actual Ley 7/2022, que define el marco de la economía circular en España. A su juicio, estos avances han permitido dar pasos positivos en la implantación del modelo, aunque advirtió de que la transición avanza todavía con lentitud: “es verdad que vamos lentamente hacia ese objetivo”, en referencia al alineamiento con los estándares europeos.
“La Ley 7/2022 de residuos y suelos contaminados es el colofón final que nos permitirá aterrizar la economía circular y alinearnos con Europa”, señaló.
Ciudadanía, administración y empresa: una responsabilidad compartida
A partir de este diagnóstico, Irigoyen puso el foco en el papel determinante de la sociedad en la transformación del modelo, subrayando que el avance hacia la economía circular depende de la implicación coordinada de tres actores: ciudadanía, administraciones públicas y empresas. Entre ellos, destacó al ciudadano como el agente “más importante”, al ser el primer eslabón de la cadena a través de la separación en origen.
En este sentido, recordó el peso de los residuos municipales —en torno a 23 millones de toneladas en España— y el potencial de fracciones como el papel-cartón, el vidrio o la materia orgánica, que podrían recuperarse en gran medida si se realizara una correcta clasificación desde el domicilio. Desde su punto de vista, esta implicación es clave no solo para mejorar las tasas de reciclaje, sino también para reducir costes y facilitar el cumplimiento de los objetivos marcados por la normativa.
“El ciudadano es el actor más importante: si es capaz de hacer una buena separación en origen, conseguiríamos un gran éxito y abarataríamos mucho los costes del sistema”, subrayó.
Junto a ello, subrayó el papel de las administraciones —en la regulación, la fiscalidad y el diseño de los sistemas de recogida— y de las empresas, que deben actuar como facilitadoras del cambio a través de campañas de concienciación, innovación tecnológica y adaptación de los servicios a cada territorio. Desde sistemas de recogida más eficientes hasta tecnologías de separación avanzada, el objetivo final es aumentar la valorización de residuos y su conversión en materias primas secundarias.
Innovación aplicada: de la mejora operativa a nuevos modelos circulares
Sobre esta base, el directivo abordó el papel de la innovación como uno de los principales vectores de transformación del sector, destacando que en FCC el desarrollo de soluciones no responde únicamente a una estrategia centralizada, sino que surge en gran medida desde las propias operaciones. En este sentido, explicó que muchas de las mejoras nacen en las plantas, a partir de iniciativas de técnicos e ingenieros que convierten las instalaciones en auténticos “bancos de prueba” para optimizar procesos y escalar soluciones al conjunto de la compañía. Este enfoque se traduce en una apuesta sostenida por el I+D+i, con más de 50 proyectos desarrollados en la última década y una inversión de aproximadamente 12 millones de euros en los últimos tres años.
“Las propias plantas funcionan como bancos de prueba que nos permiten mejorar progresivamente y extender esas soluciones al resto de la compañía”, destacó.
En este contexto, la compañía está impulsando proyectos en ámbitos clave como la valorización de residuos, la generación de biometano o la recuperación de materiales complejos. Entre ellos, Irigoyen destacó iniciativas orientadas a transformar biogás de vertedero en biometano o a recuperar plásticos film que tradicionalmente terminaban en vertedero para convertirlos en nuevos productos, como bolsas utilizadas en servicios urbanos. Estas soluciones no solo mejoran la eficiencia del sistema, sino que permiten demostrar de forma tangible al ciudadano el valor de la circularidad y su impacto directo en la sostenibilidad.
Valorización energética y colaboración: claves para cerrar el gap del sistema
Finalmente, el diálogo abordó las oportunidades pendientes para completar el desarrollo del modelo, poniendo el foco en el desafío estructural que plantea el cumplimiento de los objetivos europeos, especialmente en lo relativo a la reducción del vertido.
En este sentido, Irigoyen recordó que la Ley 7/2022 establece metas exigentes —como alcanzar un 65% de recuperación de residuos valorizables y limitar el vertido al 10%—, lo que deja un margen significativo de residuos que requieren soluciones adicionales. A su parecer, este “gap” evidencia que el sistema necesita incorporar nuevas capacidades para gestionar aquellos flujos que no pueden reciclarse mediante las vías convencionales.
Para abordar este reto, el directivo defendió la necesidad de mirar a los modelos más avanzados del entorno europeo, donde la valorización energética desempeña un papel clave. Países como Francia, Alemania o Reino Unido han desarrollado amplias redes de instalaciones que permiten tratar estos residuos y convertirlos en energía, mientras que España presenta aún un recorrido por delante. En este contexto, Irigoyen subrayó la importancia de reforzar la colaboración público-privada, seguir invirtiendo en innovación y mejorar las infraestructuras existentes, sin perder de vista el papel central de la concienciación ciudadana como elemento tractor del sistema.
“No tenemos que rompernos la cabeza: tenemos que mirar a países como Francia o Alemania, donde la valorización energética ya está plenamente desarrollada”, apuntó.

