A Europa no le faltan estrategias de economía circular. Tampoco le faltan objetivos, normas, hojas de ruta, proyectos piloto ni buenas prácticas. Lo que está en juego ahora es otra cosa: si será capaz de convertir toda esa arquitectura política en una transformación real de la industria, los mercados, los territorios y los hábitos de consumo.
Esa es, precisamente, la frontera en la que trabaja la European Circular Economy Stakeholder Platform (ECESP), una iniciativa conjunta de la Comisión Europea y el Comité Económico y Social Europeo concebida como una “red de redes” para conectar a los actores europeos de la economía circular. Su valor no reside en dictar la norma, sino en escuchar, articular y poner en relación a quienes deben hacerla posible: empresas, administraciones, ciudades, regiones, sociedad civil, investigación, ciudadanía y sector de los recursos.
En esta entrevista a dos voces, Ladeja Godina Košir, fundadora y directora ejecutiva de Circular Change y copresidenta de la ECESP, y Anders Ladefoged, miembro del Comité Económico y Social Europeo y representante del Grupo I — Empresarios en la plataforma, analizan el momento actual de la transición circular europea. Sus respuestas sitúan el debate en el punto donde hoy se juega buena parte del futuro de la circularidad: la distancia entre la ambición normativa y la implementación real.
La conversación aborda los grandes retos de la economía circular en Europa: la falta de alineación entre regulación y mercado, el papel de las pymes, la inversión pendiente, la creación de demanda para materias primas secundarias, el potencial del ecodiseño y los pasaportes digitales de producto, la importancia de la contratación pública, la gobernanza multi-actor y el salto pendiente de los pilotos a la escala. En el fondo, una pregunta recorre toda la entrevista: cómo hacer que la economía circular deje de ser una promesa y se convierta en una forma operativa de diseñar competitividad, prosperidad y bienestar.
La European Circular Economy Stakeholder Platform se define como una “red de redes” y como un espacio europeo de diálogo entre instituciones, empresas, sociedad civil, territorios, investigación y otros actores implicados en la economía circular. ¿Cómo definiría hoy la misión de la ECESP y qué papel desempeña dentro del ecosistema circular europeo? ¿Qué valor diferencial aporta una plataforma de stakeholders frente a espacios más institucionales o regulatorios?
Ladeja Godina Košir (L.G.K.): La ECESP lleva casi diez años en funcionamiento y se ha convertido en un puente único y creíble entre la gobernanza pública y la gobernanza en red.
La gobernanza pública marca la dirección mediante estrategias, legislación y directivas. Pero la economía circular solo se hace realidad cuando los stakeholders traducen esa dirección a la práctica: en empresas, ciudades, regiones, investigación, sociedad civil y en la vida cotidiana. Ahí es donde la ECESP aporta su verdadero valor, como espacio de diálogo, reflexión y cooperación, sin el cual no podemos pasar de la ambición a la implementación.
L.G.K.: “La gobernanza pública marca la dirección mediante estrategias, legislación y directivas. Pero la economía circular solo se hace realidad cuando los stakeholders traducen esa dirección a la práctica”
Su fortaleza reside en la diversidad: distintos países, culturas, instituciones, realidades empresariales y escalas de actuación. Aunque la ECESP es una plataforma europea, trabaja con una conciencia global, porque los flujos de recursos, la competitividad, la resiliencia y el bienestar son cuestiones globales. A través del intercambio de conocimiento, las alianzas y la diplomacia circular, la ECESP contribuye a conectar la ambición circular de Europa con el conjunto del mundo.
Anders Ladefoged (A.L.): La misión de la plataforma es crear un ágora donde los stakeholders puedan compartir su camino hacia la circularidad, identificar cuellos de botella, debatir soluciones, etc. La plataforma es, por diseño, una red de redes. Como iniciativa conjunta de la Comisión Europea y el Comité Económico y Social Europeo (CESE), reunir diferentes visiones y perspectivas forma parte de su ADN.
La ECESP contribuye a que la economía circular se convierta en realidad mediante:
- el impulso de la economía circular en los Estados miembros, en los gobiernos regionales y locales, y entre las organizaciones de la sociedad civil y las empresas;
- el refuerzo de la cooperación entre redes de stakeholders para facilitar el intercambio de experiencia, buenas prácticas, conocimiento y lecciones aprendidas en economía circular;
- la identificación de barreras sociales, económicas y culturales para la transición hacia una economía circular, con la intención de informar las políticas en todos los niveles de gobernanza.
Desde la perspectiva de la ECESP, ¿en qué punto se encuentra hoy la transición hacia la economía circular en Europa? ¿Cuáles son los avances más visibles y dónde persisten las principales debilidades? En este contexto, ¿cómo valora la posición de España dentro del debate y la transición circular europea?
L.G.K.: Europa ha realizado avances importantes: la economía circular se reconoce hoy como parte de la competitividad, la resiliencia y la autonomía estratégica, y no solo como una agenda ambiental. Pero las cifras muestran que todavía estamos lejos de un cambio sistémico.
A escala global, la circularidad ha caído hasta situarse en solo el 6,9%, según el Circularity Gap Report 2025. En la UE, la tasa de uso circular de materiales alcanzó el 12,2% en 2024, mientras que la ambición es aproximadamente duplicarla de aquí a 2030, hasta acercarse al 24%. Por tanto, la dirección es correcta, pero la velocidad y la profundidad del cambio aún no son suficientes.
La principal debilidad es que seguimos sin ser lo bastante sistémicos. Contamos con políticas excelentes, proyectos piloto inspiradores y muchos actores comprometidos, pero la economía, la demanda, la financiación, la fiscalidad, la contratación pública y la gobernanza todavía no están alineadas. Como suelo decir: a Europa no le faltan soluciones; a Europa le faltan las condiciones que hagan que la circularidad sea inevitable.
España es muy relevante en este debate. Su estrategia España Circular 2030 vincula la circularidad con el uso de materiales, la reducción de residuos y la eficiencia en el uso del agua, con objetivos como reducir el consumo nacional de materiales en un 30%, disminuir la generación de residuos en un 15% y mejorar la eficiencia en el uso del agua en un 10% de aquí a 2030. Esto hace que España sea especialmente interesante, porque su transición circular incide precisamente en ámbitos donde se hacen visibles algunas de las grandes tensiones futuras de Europa: ciudades, turismo, construcción, agricultura, agua, desarrollo regional y calidad de vida.
A.L.: ¡Con esperanza! La economía circular se ha convertido en los últimos años en una prioridad política, pero todavía queda mucho camino por recorrer en su implementación.
A.L.: “La economía circular se ha convertido en los últimos años en una prioridad política, pero todavía queda mucho camino por recorrer en su implementación”
Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, la tasa de circularidad de Europa se situó en el 11,8% en 2023, lo que posiciona a la UE como referente global en este ámbito. Lamentablemente, en los últimos años solo se han logrado avances limitados. La Comisión Europea se ha marcado la ambición de duplicar esta tasa hasta alrededor del 24% en 2030, como parte de su Clean Industrial Deal, subrayando la circularidad como un motor clave de competitividad, resiliencia y reducción de la dependencia de recursos.
Uno de los logros de la Unión Europea es contar con un marco político sólido. El futuro Circular Economy Act aspira a crear un mercado único para las materias primas secundarias e incrementar la demanda de materiales reciclados. La UE se beneficia de un ecosistema creciente y de una movilización cada vez mayor de stakeholders, en un contexto en el que la economía circular se percibe ya como motor de competitividad e innovación y como herramienta para la autonomía estratégica.
Por otro lado, la brecha de implementación y la falta de inversión son los principales cuellos de botella en el desarrollo de la economía circular en los Estados miembros.
España está firmemente alineada con las prioridades de la UE en economía circular y ha trasladado la política europea a instrumentos nacionales —estrategias, planes de acción y proyectos de recuperación—, lo que refleja una elevada convergencia con la gobernanza europea. A través de su estrategia nacional integral de economía circular, con prioridades sectoriales como construcción, agroalimentación, turismo y textil, el país demuestra un sólido compromiso estratégico y político.
Desde la perspectiva de los stakeholders europeos, ¿qué barreras aparecen con mayor frecuencia: económicas, regulatorias, tecnológicas, culturales, financieras, vinculadas a la demanda o relacionadas con la coordinación entre actores?
L.G.K.: La principal brecha ya no es la falta de ambición, sino la falta de alineación del sistema.
Europa cuenta con señales políticas sólidas, pero en la práctica los modelos circulares todavía tienen que competir en mercados diseñados para productos lineales: las materias primas vírgenes suelen ser más baratas, reparar resulta demasiado caro, la contratación pública aún no se utiliza de forma suficientemente estratégica y las cadenas de valor siguen fragmentadas.
Por eso considero esencial el papel de los agentes facilitadores de la transición. La economía circular no ocurre dentro de una sola organización, sino en los espacios entre organizaciones. Necesitamos personas y entidades independientes capaces de conectar política, empresa, financiación, ciudades, investigación y ciudadanía, y de convertir la ambición en implementación.
L.G.K.: “Todo el mundo habla de colaboración, pero nadie tiene el mandato ni la financiación necesarios para orquestarla”
Por tanto, las barreras clave no son únicamente tecnológicas. Son económicas, culturales, financieras y, sobre todo, de coordinación. Todo el mundo habla de colaboración, pero con demasiada frecuencia nadie tiene el mandato ni la financiación necesarios para orquestarla. Ese es el eslabón que falta.
A.L.: Los principales cuellos de botella para una economía circular verdaderamente exitosa están relacionados con barreras económicas y financieras. En un estudio reciente, el BEI señaló una brecha de inversión de 82.000 millones de euros al año, lo que muestra importantes necesidades de inversión no cubiertas para modelos de negocio e infraestructuras circulares.
Las barreras de mercado y de modelo de negocio también afectan a la implementación de la economía circular, con una demanda débil de productos circulares, mercados inmaduros para las materias primas secundarias y una rentabilidad incierta de los modelos de negocio circulares.
Las barreras regulatorias y de gobernanza, como la fragmentación de los marcos políticos y normativos entre Estados miembros, serán abordadas por el futuro Circular Economy Act, que busca crear un mercado único para las materias primas secundarias.
¿Qué sectores o cadenas de valor consideran más avanzados en la transición circular europea y cuáles afrontan actualmente mayores tensiones?
L.G.K.: Necesitamos, efectivamente, un enfoque sectorial, porque la construcción, el textil, la alimentación, la electrónica o los envases tienen materiales, reglas y realidades de mercado diferentes. Pero antes de hablar de sectores necesitamos una brújula sistémica clara: Europa debe reducir su dependencia material, mantener el valor en uso durante más tiempo y generar bienestar y competitividad con menos recursos vírgenes.
Eso implica también cambiar nuestro lenguaje y nuestra lógica: pasar de cadenas de valor lineales a redes de valor circulares. La circularidad no se produce paso a paso en una única dirección, sino a través de actores conectados: diseñadores, productores, usuarios, reparadores, recicladores, ciudades, inversores y responsables políticos.
Los sectores más avanzados son aquellos en los que regulación, demanda, inversión y colaboración empiezan a alinearse. Los más débiles no son necesariamente los que carecen de tecnología, sino aquellos que carecen de orquestación.
A.L.: La transición circular de Europa puede considerarse desigual entre cadenas de valor, con algunos ámbitos maduros y otros que aún afrontan fricciones sistémicas. Entre los campos más exitosos desde el punto de vista de la circularidad se encuentran los envases y los sistemas de gestión y reciclaje de residuos, ya que gran parte de la actividad circular real se concentra en las fases de fin de vida, más que en las etapas previas de diseño o uso.
A.L.: “La transición circular de Europa puede considerarse desigual entre cadenas de valor, con algunos ámbitos maduros y otros que aún afrontan fricciones sistémicas”
Por otro lado, ámbitos como los plásticos, la construcción y la edificación, el textil y la electrónica son sectores donde la circularidad requiere rediseño sistémico, coordinación entre actores o cadenas globales de suministro.
¿Cómo puede contribuir la circularidad a reforzar la resiliencia industrial europea, la autonomía estratégica, la seguridad de suministro y la reducción de la dependencia de materias primas?
L.G.K.: Totalmente. La economía circular ha pasado de ser una agenda ambiental a convertirse en una estrategia económica, industrial y geopolítica.
Europa depende de los recursos. Si queremos resiliencia industrial y autonomía estratégica, no podemos limitarnos a preguntarnos dónde conseguir más materiales. También debemos preguntarnos cómo podemos necesitar menos materias primas vírgenes, cómo podemos mantener el valor durante más tiempo dentro de la economía y cómo podemos diseñar productos, edificios y sistemas reparables, reutilizables, modulares y duraderos.
La circularidad no consiste en hacer “menos negocio”. Consiste en crear valor de forma más inteligente: reducir dependencias, diseñar para la durabilidad, la reparación y la reutilización, y generar más bienestar con menos recursos. Ahí es donde la economía circular se convierte en una oportunidad empresarial, no en una carga.
L.G.K.: “La circularidad no consiste en hacer menos negocio, sino en crear valor de forma más inteligente”
A.L.: A través del futuro Circular Economy Act, la UE pretende construir una Europa más resiliente y competitiva y reducir la presión sobre los recursos naturales. El establecimiento de un mercado único para las materias primas secundarias facilitará la circulación de estos materiales entre los Estados miembros de la UE, promoviendo la eficiencia y reduciendo los residuos.
El acto buscará mejorar la disponibilidad de materiales reciclados de alta calidad y animará a las empresas a adoptar soluciones circulares e invertir en infraestructuras de reciclaje.
¿Cómo puede Europa evitar un marco demasiado complejo, fragmentado o difícil de aplicar, especialmente para las pymes?
L.G.K.: El Circular Economy Act debería priorizar la implementación. No debería ser una capa más de complejidad, sino un sistema operativo práctico para la transición circular de Europa.
Desde mi trabajo de asesoramiento en el dictamen del CESE, defendí firmemente un enfoque sistémico: analizar los flujos de materiales, los incentivos, la legislación existente, las medidas del lado de la demanda, la fiscalidad, la contratación pública y la creación de mercados. El CEA no debería entenderse como una norma aislada, sino como un elemento dentro de un ecosistema europeo más amplio que, por fin, debe funcionar mejor de forma conjunta.
Para las pymes, esto es especialmente importante. Una pequeña empresa no puede orientarse entre veinte marcos desconectados, terminología poco clara y requisitos de información que cambian cada pocos años. Las pymes necesitan claridad, previsibilidad, apoyo práctico y acceso a mercados reales. La circularidad debería percibirse como una oportunidad de negocio, no como otro castigo administrativo.
La nueva fase regulatoria debería contribuir a que las soluciones circulares sean más fáciles de diseñar, financiar, comprar y escalar. Si queremos implementación, tenemos que hacer que la circularidad sea la opción más lógica para empresas, administraciones públicas y ciudadanía.
A.L.: El Circular Economy Act debería priorizar las condiciones que conviertan la política existente en una realidad escalable, invertible e impulsada por el mercado. Uno de sus objetivos importantes es crear un verdadero mercado único para materiales y productos circulares, ya que la fragmentación de las normas entre los Estados miembros es una barrera central para escalar soluciones circulares.
A.L.: “El Circular Economy Act debería priorizar las condiciones que conviertan la política existente en una realidad escalable, invertible e impulsada por el mercado.”
La armonización también es esencial en lo relativo a las definiciones de residuo, los criterios de fin de condición de residuo y las normas de responsabilidad ampliada del productor.
¿Qué papel pueden desempeñar instrumentos como el ecodiseño, los pasaportes digitales de producto, el intercambio de datos, los criterios de fin de condición de residuo o la contratación pública verde?
L.G.K.: Los mercados de materias primas secundarias no crecerán solo porque digamos que son importantes. Necesitan calidad, confianza, trazabilidad, demanda estable y una competencia justa con las materias primas vírgenes.
Hoy, las materias primas vírgenes suelen ser más baratas porque sus verdaderos costes ambientales y sociales no están incorporados al precio. Esta es una de las distorsiones fundamentales que debemos abordar. La contratación pública, que representa alrededor del 14% del PIB de la UE, puede ser una palanca poderosa en este sentido. Si las administraciones públicas demandan soluciones circulares, los mercados responderán.
El ecodiseño, los pasaportes digitales de producto, el intercambio de datos y los criterios de fin de condición de residuo son instrumentos importantes, pero deben funcionar de manera conjunta. Los datos sin confianza no bastan. La regulación sin demanda no basta. El reciclaje sin diseño no basta. Necesitamos que todo el sistema dialogue consigo mismo.
A.L.: Mejorar las materias primas secundarias para que puedan competir con las materias primas vírgenes requiere una acción coordinada entre política, tecnología, mercados y cadenas de suministro. Mejorar su calidad exige estándares de calidad armonizados, tecnologías avanzadas de clasificación y procesamiento, y un mejor sistema de recogida.
En términos de trazabilidad y transparencia, un sistema de trazabilidad digital como el pasaporte digital de producto, la visibilidad de extremo a extremo en la cadena de suministro y el intercambio y reporte de datos estandarizados pueden ser soluciones para lograr materias primas secundarias ampliamente adoptadas y certificadas de forma creíble.
A.L.: “Mejorar las materias primas secundarias para que puedan competir con las materias primas vírgenes requiere una acción coordinada entre política, tecnología, mercados y cadenas de suministro.”
Otros aspectos clave son contar con un suministro estable y predecible y tener acceso a cantidades suficientes de materiales recuperados.
¿Qué papel desempeñan en este proceso la financiación, la demanda de soluciones circulares, la cooperación entre redes de valor y la armonización dentro del mercado único europeo?
L.G.K.: A Europa no le faltan buenas prácticas. La verdadera pregunta es: ¿por qué siguen siendo excepciones? Para escalar los modelos circulares necesitamos cuatro cosas: demanda, financiación, cooperación y armonización.
La demanda da confianza a las empresas. La financiación les ayuda a superar la fase de riesgo entre el proyecto piloto y el mercado. La cooperación entre redes de valor hace que las soluciones sean realistas. La armonización dentro del mercado único ayuda a evitar la fragmentación.
Una solución circular rara vez es creada por un único actor. Una empresa puede rediseñar un producto, pero necesita proveedores, clientes, redes de reparación, logística, datos, regulación y financiación para que el modelo funcione. Escalar la circularidad no consiste en multiplicar pilotos; consiste en cambiar las condiciones en las que las buenas soluciones pueden convertirse en la norma.
L.G.K.: “Escalar la circularidad no consiste en multiplicar pilotos; consiste en cambiar las condiciones en las que las buenas soluciones pueden convertirse en la norma”
A.L.: Llevar las soluciones circulares desde pilotos aislados hasta un despliegue sistémico exige una transformación sistémica. La creación de condiciones marco habilitadoras puede ser una de las soluciones, ya que muchas veces los sistemas lineales siguen siendo favorecidos por la regulación y la fiscalidad.
Escalar requiere regulación, estándares e incentivos que hagan económicamente viables las opciones circulares. Construir mercados funcionales para el valor circular puede ser otra respuesta, ya que muchas soluciones circulares encuentran dificultades porque las materias primas vírgenes siguen siendo más baratas y fiables.
¿Cómo deberían coordinarse instituciones, industria y pymes, ciudades y regiones, sector de residuos y recursos, organizaciones de investigación y ciudadanía para acelerar la transición?
L.G.K.: La gobernanza multi-actor no es un “extra deseable” en la economía circular. Es la infraestructura central de la implementación. La economía circular transforma relaciones: entre productor y consumidor, ciudad e industria, gestor de residuos y diseñador, responsable político y emprendedor, ciudadanía y sistema. Si estos actores no se coordinan, terminamos con esfuerzos aislados y frustración.
Las instituciones deben marcar la dirección y los incentivos. La industria debe rediseñar la creación de valor. Las pymes necesitan apoyo práctico y acceso a redes. Las ciudades y regiones pueden convertirse en laboratorios vivos. Los gestores de residuos y recursos deben incorporarse en fases más tempranas, no solo al final del proceso. La investigación aporta evidencia. La ciudadanía aporta legitimidad, creatividad y práctica cotidiana.
Por eso la ECESP importa: ayuda a generar la confianza, el lenguaje y la dirección compartida que convierten los esfuerzos fragmentados en capacidad colectiva.
A.L.: Desde la perspectiva del CESE, la participación estructurada de los stakeholders no es un añadido, sino una condición para una política de economía circular viable, legítima y eficaz. La economía circular es una transformación profundamente sistémica que afecta al funcionamiento de nuestra economía y nuestra sociedad.
Moldea los modelos de producción, el comportamiento de los consumidores, los patrones de empleo y el desarrollo territorial, lo que significa que afecta directamente a las personas y organizaciones representadas por el CESE. Por eso, plataformas como la ECESP pueden actuar como espacios permanentes donde los stakeholders intercambian prácticas, identifican barreras e informan sobre la ejecución de las políticas.
A.L.: “La principal prioridad de Europa debería ser construir mercados sólidos y predecibles, en los que las opciones circulares sean la elección económica racional.”
¿Qué riesgos debería evitar y qué oportunidades no debería desaprovechar en esta nueva fase?
L.G.K.: La gran prioridad de Europa debería ser hacer operativa la economía circular, no como un añadido ambiental, sino como la forma en que diseñamos la prosperidad, la competitividad y el bienestar.
El cambio más profundo consiste en pasar de una economía basada en el “más” —más extracción, más producción, más consumo— a una economía centrada en satisfacer las necesidades humanas con menos recursos. Por eso la circularidad es estratégica: reduce la dependencia material, mantiene el valor en uso durante más tiempo y demuestra que es posible una buena calidad de vida dentro de los límites planetarios.
Pero Europa no puede hacerlo sola. Formamos parte de mercados globales, redes de valor globales y una realidad planetaria compartida. Por tanto, nuestra transición debe mirar hacia fuera: basarse en alianzas justas, intercambio de conocimiento y diplomacia circular. No se trata de exportar normas, sino de cocrear soluciones.
El riesgo es convertir la circularidad en algo demasiado técnico, fragmentado o burocrático, o reducirla a las materias primas secundarias. La oportunidad es demostrar que la competitividad puede significar creatividad, cooperación, inteligencia en el uso de los recursos y una mejor calidad de vida.
L.G.K.: “La próxima década debe consistir en pasar del ‘por qué la economía circular’ al ‘cómo hacer que funcione’”
Para mí, la próxima década debe consistir en pasar del “por qué la economía circular” al “cómo hacer que funcione”: en empresas, ciudades, regiones, redes de valor y en la vida cotidiana. No desde el miedo, sino desde una narrativa positiva: la circularidad como camino hacia la resiliencia, la belleza, la innovación empresarial y el bienestar.
A.L.: La gran prioridad de Europa debería ser hacer que la circularidad sea económicamente viable e impulsada por el mercado. A escala de la UE, esa es precisamente la razón por la que el futuro Circular Economy Act se centra en crear un mercado único para las materias primas secundarias y en incrementar la oferta y la demanda de contenido reciclado.
La principal prioridad de Europa debería ser construir mercados sólidos y predecibles, en los que las opciones circulares sean la elección económica racional.

