"La transición está ocurriendo sin ninguna duda: la economía circular ya no es un concepto de nicho"
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El estado actual de la economía circular a escala global, los factores clave para acelerar su implementación y los principales cuellos de botella que siguen frenando su despliegue centraron el diálogo protagonizado por Constance Granier, responsable del programa para el Compromiso Global de la Fundación Ellen MacArthur, en el marco de Future4 Circularity 2026, celebrado el pasado 25 de marzo en el Auditorio El Beatriz de Madrid.
En una conversación telemática, moderada por la periodista de ciencia y tecnología y colaboradora de RETEMA, Patricia Ruiz Guevara, la experta ofreció una visión estratégica sobre el momento que atraviesa la transición hacia la circularidad, marcada por un avance significativo en términos de alineación global, pero también por una brecha persistente entre ambición y resultados reales.
A lo largo del diálogo, Granier puso el foco en la necesidad de pasar de la adopción generalizada del concepto a su implementación efectiva, reforzar las condiciones de mercado y activar un cambio sistémico basado en la colaboración entre empresas, administraciones y otros actores clave.
De concepto emergente a prioridad global: la economía circular entra en la fase decisiva de implementación
Para comenzar, Constance Granier ofreció una visión amplia sobre la evolución de la economía circular a escala global, marcada por un cambio significativo en los últimos quince años. Desde la Fundación Ellen MacArthur —organización de referencia internacional en este ámbito—, situó el momento actual como un punto de inflexión: la circularidad ha dejado de ser un concepto marginal o “de nicho” para convertirse en una prioridad ampliamente asumida por empresas, administraciones y otros actores clave.
Granier explicó que, si bien la transición está en marcha y existe una creciente alineación, esta se ha producido principalmente en el plano conceptual. La economía circular ha pasado de ser un enfoque académico a integrarse en estrategias corporativas, políticas públicas y agendas internacionales, lo que ha contribuido a generar una inercia positiva y un consenso generalizado sobre la necesidad de abandonar el modelo lineal.
“La economía circular ha pasado de ser un concepto que aparecía únicamente en artículos de investigación a estar en todas partes —empresas, ciudades, países—: todo el mundo tiene ya una estrategia.”
Sin embargo, advirtió de que este avance también introduce nuevos retos. El paso de la “evangelización” a la implementación real es, en su opinión, el momento en el que surgen las principales dificultades. Cuando la circularidad deja de ser una idea y debe materializarse en decisiones concretas, inversiones y cambios operativos, aparecen fricciones derivadas de la complejidad de los contextos locales y de la diversidad de interpretaciones del propio concepto.
En este sentido, Granier alertó del riesgo de que la economía circular pierda parte de su fuerza estratégica al convertirse en un término amplio y, en ocasiones, ambiguo. La clave, según señaló, estará en mantener su enfoque como una transformación sistémica y no diluirla en un conjunto de herramientas aisladas dentro de la sostenibilidad.
“La economía circular se ha generalizado tanto que puede significar muchas cosas; la gran pregunta es cómo aseguramos que siga siendo algo verdaderamente estratégico y no simplemente una caja de herramientas para la sostenibilidad.”
De la ambición a los resultados: las condiciones que marcan la diferencia en la economía circular
A partir de este diagnóstico, el diálogo avanzó hacia una cuestión clave: qué factores permiten realmente pasar de la teoría a la acción y generar resultados tangibles. Al abordar este punto, Constance Granier puso el foco en los aprendizajes acumulados por la Fundación Ellen MacArthur en los últimos años, especialmente a partir del trabajo con empresas a escala global. En un contexto donde la circularidad ya forma parte del discurso, subrayó que el verdadero reto está en identificar qué palancas generan resultados tangibles y sostenidos en el tiempo.
Desde su experiencia en el ámbito de los plásticos, destacó el papel del Compromiso Global impulsado por la Fundación en 2018, que ha movilizado a actores de toda la cadena de valor —desde fabricantes hasta gestores de residuos— y ha permitido generar una base sólida de datos durante más de siete años. Este seguimiento ha evidenciado diferencias claras entre las empresas que fijan objetivos ambiciosos y aquellas que no lo hacen, mostrando que la ambición no es solo una declaración de intenciones, sino un factor determinante para impulsar cambios reales. En este sentido, explicó que las compañías comprometidas han logrado reducir su uso de plástico virgen, mientras que el mercado global lo ha incrementado, reflejando el impacto directo de contar con una dirección estratégica clara.
“La ambición impulsa la acción: cuando existe una dirección clara desde arriba, la diferencia en los resultados es evidente.”
Junto a la ambición, Granier situó la transparencia y el uso de datos como otra condición imprescindible. Según explicó, disponer de información detallada sobre operaciones, productos y cadenas de suministro permite identificar oportunidades concretas de mejora y activar cambios inmediatos, como la reducción de materiales, el rediseño de envases o la optimización de procesos. Sin esa visibilidad, advirtió, resulta imposible abordar de forma efectiva los retos de la circularidad.
Más allá de estos elementos, introdujo un matiz clave para la escalabilidad del modelo: las soluciones sostenibles no pueden competir únicamente por su componente ambiental. Para consolidarse, deben ofrecer una propuesta de valor superior, siendo no solo sostenibles, sino también asequibles y convenientes para el consumidor. Solo así, señaló, podrán integrarse de forma natural en el mercado y alcanzar la escala necesaria para transformar el sistema.
“Para que las soluciones sostenibles funcionen a gran escala, tienen que ser irresistiblemente superiores: no basta con que sean sostenibles, deben ser también más asequibles y convenientes para el consumidor”
Del esfuerzo individual al cambio sistémico: las tres barreras que siguen frenando la circularidad
En el cierre del diálogo, la conversación se trasladó al terreno de los cuellos de botella que siguen impidiendo una transformación real de los modelos de producción y consumo. A partir del análisis de los resultados del Compromiso Global, reconoció que algunos de los objetivos fijados no se alcanzarán, lo que ha obligado a la Fundación Ellen MacArthur a identificar con mayor precisión dónde se están concentrando las principales barreras. Su diagnóstico fue claro: allí donde se ha avanzado es en ámbitos en los que las empresas podían actuar de forma individual sobre elementos bajo su control; sin embargo, muchos de los retos pendientes ya no pueden resolverse desde la acción aislada de una sola compañía.
En este sentido, defendió que el siguiente salto exige un cambio de sistema completo, basado en una combinación de acción individual, acción colaborativa e incidencia colectiva. A su juicio, la implicación empresarial sigue siendo esencial, pero ya no basta por sí sola para desbloquear las transformaciones más complejas. Para ello, insistió en la necesidad de reforzar la colaboración entre empresas, acelerar el papel de las administraciones y desplegar marcos regulatorios e incentivos que permitan escalar soluciones más allá de la fase piloto.
“Muchos de los objetivos que todavía quedan por alcanzar no pueden resolverse de forma aislada, ni siquiera por parte de la empresa más ambiciosa; tiene que producirse un cambio de sistema completo.”
Granier identificó tres grandes barreras sistémicas en el ámbito de los envases plásticos. La primera es la reutilización, que, según explicó, sigue atrapada en una fase piloto y no ha logrado escalar por falta de infraestructuras compartidas, inversión suficiente y políticas públicas de apoyo. La segunda tiene que ver con los envases flexibles, especialmente problemáticos en determinadas regiones por sus dificultades de reciclaje y por la falta de viabilidad económica de su gestión bajo los modelos actuales. Y la tercera, estrechamente relacionada con las anteriores, es la insuficiencia de infraestructuras, en un contexto en el que apenas una pequeña parte de los residuos se recicla realmente a nivel global.
A partir de este esquema, Granier subrayó la importancia de construir un “círculo de ambición” entre empresas y responsables públicos, en el que la acción pionera del sector privado sirva para demostrar que el cambio es posible y, a partir de ahí, permita a los gobiernos elevar el nivel de exigencia y establecer reglas de juego equilibradas para todos. Según defendió, solo así será posible pasar de los compromisos y pilotos actuales a una transformación sistémica capaz de redefinir de verdad la manera en que producimos y consumimos.
“El reto se articula en un ‘tres por tres’ —acción individual, acción colaborativa e incidencia colectiva— aplicado sobre tres grandes barreras: reutilización, envases flexibles y ampliación de la infraestructura.”
Han respaldado Future4 Circularity 2026….
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