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Por qué la resiliencia económica de Europa depende de acertar con la Ley de Economía Circular

La futura Ley de Economía Circular debe reforzar el mercado de materias primas secundarias, reducir el consumo de recursos y situar la prevención, la reparación y la reutilización en el centro de la política industrial europea
Autor/es
Bích Dao
Fynn Hauschke
14-09-2026
Publicado en

La industria europea del reciclaje lleva años defendiendo que la circularidad no es una mera aspiración ambiental, sino una necesidad industrial. En este punto, las organizaciones ecologistas y las empresas de reciclaje deben coincidir sin reservas.

La futura Ley de Economía Circular de la Comisión Europea ofrece una gran oportunidad para reforzar la resistencia de la industria europea, reducir la dependencia de las materias primas importadas y crear empleo. ¿Por qué?

La dependencia europea de la extracción de materias primas vírgenes tiene un precio elevado: grandes costes sociales y ambientales, exposición a riesgos geopolíticos de suministro y pérdida de competitividad de la industria europea a largo plazo. Las leyes de la UE que hagan posible una verdadera economía circular ofrecen una vía creíble para reducir el consumo de recursos y descarbonizar la economía. También pueden fortalecer la base industrial europea, reducir la dependencia de materiales importados y abrir nuevas vías para el desarrollo de soluciones. Si se hace bien, una economía circular real aportará beneficios únicos a la ciudadanía y a las empresas con el menor coste ambiental posible.

 

La circularidad es política industrial

Europa importa la mayoría de los materiales críticos necesarios para fabricar baterías, productos electrónicos, vehículos y tecnologías limpias. A la vez, se pierden materiales valiosos a través de los residuos, el reciclaje de menor calidad o las exportaciones. Nuestra economía sigue dependiendo en gran medida de unas cadenas mundiales de suministro inestables, mientras que los materiales secundarios producidos dentro de la UE tienen dificultades para competir con los recursos vírgenes.

La Ley de Economía Circular debe cambiar esta situación.

En la actualidad, el mercado juega en contra de las empresas de reciclaje. Los materiales vírgenes pueden seguir siendo más baratos porque gran parte de sus costes ambientales recae sobre el conjunto de la sociedad. Las empresas de reciclaje, mientras tanto, afrontan una demanda incierta, mercados fragmentados y normas poco uniformes. Incluso cuando existen materiales reciclados de alta calidad, los fabricantes pueden optar por materias primas primarias porque las condiciones económicas favorecen la extracción frente a la recuperación.

 


La industria europea del reciclaje lleva años defendiendo que la circularidad no es una mera aspiración ambiental, sino una necesidad industrial


 

Este es un fallo en el diseño del mercado que hace a Europa dependiente, vulnerable y poco competitiva. El ahorro de recursos y la reducción del consumo figuran entre las vías más rápidas y rentables para reducir los riesgos de la economía europea. Limitar la dependencia de unos mercados de materias primas inestables y garantizar el acceso a materiales críticos que ya tenemos a nuestro alcance son objetivos ambientales y, a la vez, exigencias estratégicas.

Los objetivos de reducción del consumo de recursos pueden aportar la seguridad que hace falta e impulsar nuevas soluciones, la prevención, la reparación y la reutilización para contener dicho consumo y reducir los flujos excesivos de materiales. Fijar objetivos exige adoptar medidas que permitan cumplirlos. La contratación pública, que representa alrededor del 14 % del PIB de la UE, debería servir para crear mercados para los productos circulares y los materiales secundarios. También hacen falta medidas como la obligación de incorporar contenido reciclado, con el fin de generar demanda para la reutilización y los materiales reciclados.

El diseño de los productos tiene la misma relevancia. Demasiados productos que entran en el mercado europeo siguen siendo difíciles o imposibles de reparar, desmontar o reciclar. Las combinaciones complejas de materiales, las sustancias peligrosas y la falta de información sobre su composición elevan los costes para las empresas de reciclaje y reducen la calidad y el valor de los materiales recuperados.

Existen razones empresariales de peso para que las compañías europeas ofrezcan a la ciudadanía productos y servicios seguros, asequibles, duraderos y de alta calidad. La Ley de Economía Circular debe respaldar a las numerosas empresas que ya apuestan por modelos sin sustancias tóxicas, prudentes en el consumo de recursos y beneficiosos para el clima. Se prevé que el sector europeo de la remanufactura cree por sí solo 500.000 puestos de trabajo nuevos de aquí a 2030, una contribución concreta a la reindustrialización sostenible que Europa necesita con urgencia. Diseñar productos duraderos, reparables y reciclables no es una mera meta ambiental. Es una base imprescindible para una economía circular competitiva.

 

El reciclaje no basta

El reciclaje es imprescindible, pero debe ser el último recurso, no la única estrategia: la verdadera circularidad abarca mucho más. La Ley de Economía Circular debe situar la prevención de residuos, la reutilización, la reparación y la remanufactura por delante del reciclaje. Los mayores beneficios económicos y ambientales proceden de actuar en las primeras fases de la cadena de valor, antes de que los productos se conviertan en residuos: evitar los desechos desde el diseño, prolongar la vida de los productos y mantener los materiales en uso conservando su máximo valor. Una legislación que dé prioridad a la prevención y a la responsabilidad sobre los productos frente a la gestión de residuos aportará beneficios muy superiores para la industria, los consumidores y el medioambiente.

 


Las herramientas necesarias para acelerar la circularidad ya existen, pero las diferencias en su aplicación entre los Estados miembros impiden el desarrollo de un mercado europeo de materias primas secundarias


 

Europa también debe abordar la fragmentación de su mercado interior.

Muchas de las herramientas necesarias para acelerar la circularidad ya existen, desde el Reglamento sobre diseño ecológico y la legislación sobre residuos hasta los regímenes de responsabilidad del productor. Sin embargo, las diferencias en su aplicación entre los Estados miembros generan inseguridad para las empresas e impiden el desarrollo de un verdadero mercado europeo de materias primas secundarias.

La respuesta no pasa por reducir las normas, sino por aplicarlas mejor, reforzar su cumplimiento y armonizarlas cuando esto ayude a las empresas a operar a través de las fronteras.

La industria del reciclaje también necesita reglas claras y uniformes sobre la calidad y la condición jurídica de los materiales. Como parte de una revisión de fondo de la Directiva Marco sobre Residuos, la Comisión debería establecer criterios ambiciosos para determinar el fin de la condición de residuo en toda la UE. Estos criterios deben contar con normas más estrictas para los materiales y con mejor información digital sobre los productos. Así, las empresas de reciclaje tendrían mayor seguridad y los fabricantes confiarían más en el uso de materias primas secundarias. A su vez, debe garantizarse que estos criterios no debiliten las normas sobre traslados de residuos ni creen riesgos para la salud humana y el medioambiente.

 


La Comisión debe aprovechar la Ley de Economía Circular para crear los mercados, las normas y las condiciones de inversión que necesitan las industrias europeas del reciclaje y la fabricación

 

La autonomía estratégica comienza por consumir menos recursos y aprovecharlos mejor

La circularidad refuerza de forma directa la autonomía estratégica y la seguridad económica de la UE, dos prioridades centrales de esta Comisión y también de la mayoría de los diputados al Parlamento Europeo y de los representantes del Consejo durante este mandato. Al reducir el volumen de materias primas necesarias y extraer el máximo valor de las que ya están en circulación, Europa puede proteger su economía frente a perturbaciones externas, reducir su exposición geopolítica y construir ecosistemas industriales resistentes que sostengan la competitividad a largo plazo. El éxito de la Ley de Economía Circular no debe medirse por el número de obligaciones de información que suprima, sino por su capacidad para crear mercados que funcionen para los materiales circulares y reducir el consumo de recursos.

Europa ha sentado las bases de uno de los marcos de economía circular más avanzados del mundo y tiene una oportunidad única para encabezar el paso hacia un modelo industrial que aproveche mejor los recursos. Esta oportunidad solo se hará realidad si resistimos la tentación de volver a las prácticas habituales. La Ley de Economía Circular debe impulsar el cambio, no servir como otra excusa para conservar el statu quo. 

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