Qué es la bancarrota hídrica mundial y por qué la ONU alerta de pérdidas irreversibles de agua dulce

Un informe de la Universidad de las Naciones Unidas advierte de que numerosos sistemas hídricos ya han superado umbrales irreversibles y reclama pasar de la gestión de crisis a la gestión de la quiebra del agua

La bancarrota hídrica mundial ya no es un riesgo futuro, sino una condición presente en numerosas regiones del planeta. Así lo sostiene un nuevo informe de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH), que alerta de que el uso excesivo y persistente del agua dulce ha provocado pérdidas irreversibles del capital hídrico natural y una incapacidad real de recuperar los niveles históricos de disponibilidad.

El documento, publicado en un contexto de agotamiento crónico de aguas subterráneas, degradación de suelos, deforestación y contaminación, agravados por el calentamiento global, cuestiona que conceptos como estrés hídrico o crisis del agua sigan siendo adecuados para describir la situación actual de muchos sistemas hídricos.

 

Qué significa la bancarrota hídrica mundial

El informe define formalmente la bancarrota hídrica como la extracción excesiva y sostenida de aguas superficiales y subterráneas por encima de los flujos renovables y de los niveles seguros de agotamiento, junto con la pérdida irreversible o de recuperación prohibitivamente costosa del capital natural asociado al agua.

Frente a este concepto, el texto distingue entre:

  • Estrés hídrico, entendido como una presión elevada pero reversible.

  • Crisis del agua, asociada a episodios agudos que pueden superarse.

Según el autor principal del informe, Kaveh Madani, muchas regiones ya han cruzado umbrales que impiden volver a situaciones anteriores, entrando en una fase posterior a la crisis.

 

Un sistema que consume más de lo que puede reponer

Expresado en términos financieros, el informe señala que numerosas sociedades no solo han agotado sus “ingresos” anuales de agua renovable procedente de ríos, suelos o nieve, sino también sus “ahorros” a largo plazo, como acuíferos, glaciares, humedales y lagos.

Este proceso ha derivado en fenómenos como la compactación de acuíferos, el hundimiento del terreno en ciudades y deltas costeros, la desaparición de lagos y humedales y una pérdida irreversible de biodiversidad, con impactos directos sobre la seguridad hídrica y alimentaria.

 

Un problema global con efectos interconectados

Aunque no todas las cuencas ni países se encuentran en situación de bancarrota hídrica, el informe subraya que suficientes sistemas críticos han superado estos límites como para alterar el panorama global de riesgos. La interconexión a través del comercio, la migración, el clima y las dependencias geopolíticas amplifica los impactos más allá de las regiones afectadas.

La agricultura ocupa un papel central en este diagnóstico, al concentrar alrededor del 70 % de las extracciones de agua dulce, mientras que las aguas subterráneas suministran aproximadamente el 50 % del agua doméstica y más del 40 % del riego a escala mundial.

 

Puntos críticos regionales

El informe identifica varios puntos calientes de bancarrota hídrica, entre ellos:

  • Oriente Medio y Norte de África, donde confluyen estrés hídrico elevado, vulnerabilidad climática y una fuerte dependencia de la desalación intensiva en energía.

  • Sur de Asia, con descensos crónicos de los niveles freáticos y hundimientos asociados a la agricultura y la urbanización dependientes de aguas subterráneas.

  • Suroeste de Estados Unidos, donde el río Colorado ejemplifica la sobreasignación estructural de recursos hídricos.

 

De la gestión de crisis a la gestión de la quiebra

El documento sostiene que la actual agenda global del agua, centrada en el acceso al agua potable, el saneamiento y mejoras incrementales de eficiencia, resulta insuficiente en el contexto del Antropoceno. En su lugar, propone reconocer formalmente la bancarrota hídrica mundial y avanzar hacia una gestión basada en límites, contabilidad y sostenibilidad.

Entre las prioridades señaladas figuran la prevención de daños irreversibles adicionales, el reequilibrio de derechos y demandas de agua, el apoyo a transiciones justas para las comunidades afectadas y la transformación de los sectores con mayor consumo hídrico, como la agricultura y la industria.

El informe se publica antes de la reunión preparatoria para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua de 2026, que será organizada conjuntamente por Emiratos Árabes Unidos y Senegal, y sitúa estos hitos internacionales como oportunidades clave para redefinir la gobernanza global del agua desde un enfoque más realista y basado en la ciencia.

Newsletter

La información más relevante en tu correo.

Suscribirme

Último número