¿Cómo se tratan las aguas grises?

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¿Cómo se tratan las aguas grises?

El tratamiento de aguas grises permite transformarlas en un recurso útil y seguro para usos no potables

17-03-2026

Las aguas grises contienen una carga contaminante inferior a la de otras aguas residuales, pero no pueden reutilizarse directamente sin un tratamiento previo. Antes de su uso en riego, descarga de cisternas o limpieza, es necesario aplicar un tratamiento específico que elimine sólidos en suspensión, materia orgánica, microorganismos y restos de productos químicos. Este proceso permite adaptar la calidad del agua al uso final previsto y garantizar condiciones adecuadas de seguridad sanitaria.

El nivel de tratamiento requerido depende del destino del agua regenerada y del volumen gestionado. En este contexto, se han desarrollado soluciones tecnológicas que van desde sistemas domésticos compactos hasta instalaciones de mayor escala en edificios o entornos urbanos.

 

Etapas del tratamiento de aguas grises

El tratamiento de aguas grises se basa en una combinación de procesos físicos, biológicos y de desinfección que permiten mejorar progresivamente la calidad del agua. En una primera fase, se realiza una filtración inicial destinada a retener sólidos como cabellos, fibras textiles o partículas en suspensión. Este proceso suele llevarse a cabo mediante sistemas de filtración mecánica que actúan como primera barrera.

A continuación, en función del nivel de tratamiento requerido, pueden incorporarse procesos biológicos o físico-químicos orientados a reducir la materia orgánica y los compuestos disueltos presentes en el agua. En algunos sistemas, se emplean microorganismos que degradan los contaminantes, mientras que en otros se utilizan técnicas como la coagulación o la floculación para facilitar su eliminación.

La etapa final corresponde a la desinfección, imprescindible para eliminar bacterias y patógenos. Este proceso puede realizarse mediante diferentes tecnologías, como la radiación ultravioleta, el uso de ozono o la cloración, y resulta clave para garantizar que el agua regenerada sea apta para su reutilización en condiciones seguras.