Reducir la contaminación difusa exige actuar antes de que llegue al agua

Reducir la contaminación difusa exige actuar antes de que llegue al agua

La gestión de nutrientes, la protección del suelo, las barreras vegetales y el control de la escorrentía permiten intervenir sobre los contaminantes antes de que alcancen ríos, acuíferos y otros ecosistemas

28-09-2026
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La contaminación difusa presenta una dificultad particular: cuando los contaminantes alcanzan una masa de agua, determinar exactamente de dónde proceden y eliminarlos puede resultar complejo. Por ello, buena parte de las estrategias para combatir este problema se concentran en la prevención en origen y en limitar el transporte de sustancias contaminantes por el territorio.

Las medidas necesarias dependen de cada actividad y de las características de la zona afectada. En áreas agrícolas y ganaderas, la gestión de fertilizantes y estiércoles ocupa un lugar central; en entornos urbanos, adquieren importancia el drenaje y el tratamiento de la escorrentía. Entre ambos extremos existen además soluciones basadas en la vegetación y en la propia configuración del territorio.

 

Ajustar el uso de fertilizantes para evitar pérdidas de nutrientes

Una de las principales líneas de actuación consiste en mejorar la gestión de los nutrientes utilizados en agricultura. Aplicar fertilizantes en cantidades ajustadas a las necesidades de los cultivos y en los momentos adecuados reduce el riesgo de que el nitrógeno y el fósforo excedentes terminen desplazándose fuera de las parcelas.

También resulta importante tener en cuenta las características del suelo, la meteorología y las condiciones del terreno. Una aplicación realizada antes de precipitaciones intensas, por ejemplo, puede aumentar el riesgo de pérdidas por escorrentía.

La agricultura de precisión y otras herramientas de seguimiento permiten conocer mejor las necesidades de los cultivos y ajustar las aportaciones, reduciendo pérdidas sin que la respuesta pase simplemente por eliminar el uso de nutrientes.

 

La gestión de estiércoles y purines también resulta determinante

En las explotaciones ganaderas, el almacenamiento y utilización de estiércoles y purines condiciona su posible impacto sobre el entorno. Una gestión adecuada permite aprovechar sus nutrientes y, al mismo tiempo, reducir el riesgo de pérdidas hacia el suelo y las masas de agua.

La planificación de su aplicación, unas instalaciones de almacenamiento adecuadas y el ajuste de las dosis a las necesidades agronómicas son algunas de las actuaciones que pueden contribuir a limitar estas pérdidas.

Estas medidas permiten actuar sobre el problema antes de que los nutrientes se dispersen por el territorio y resulte mucho más difícil identificar su procedencia.

 

Barreras vegetales entre la actividad y el agua

No todas las soluciones requieren actuar directamente sobre la fuente. También es posible intervenir sobre las vías por las que se desplazan los contaminantes.

Las franjas de vegetación situadas entre terrenos agrícolas y cursos de agua pueden ayudar a ralentizar la escorrentía y favorecer la retención de sedimentos y determinados contaminantes antes de que alcancen ríos y arroyos.

La conservación de la vegetación de ribera y de otros elementos del paisaje puede desempeñar una función similar. Su eficacia depende, no obstante, de factores como la anchura de las franjas, la pendiente, el tipo de suelo, la vegetación utilizada o las características de cada cuenca.

 

Proteger el suelo para limitar la escorrentía

El estado del suelo influye directamente en la circulación del agua. Cuando pierde capacidad de infiltración o queda expuesto a procesos erosivos, aumenta la posibilidad de que el agua circule por la superficie y transporte sedimentos, nutrientes y otras sustancias.

Mantener cubiertas vegetales, reducir determinados procesos de erosión y aplicar prácticas que favorezcan una estructura adecuada del suelo pueden contribuir a limitar este fenómeno.

La prevención de la contaminación difusa se relaciona así también con una gestión del suelo capaz de retener agua y reducir el arrastre de materiales.

 

El reto urbano: gestionar el agua de lluvia

Las ciudades presentan un problema diferente. Carreteras, aparcamientos y otras superficies impermeables acumulan partículas, hidrocarburos, metales y residuos que pueden ser movilizados cuando llueve.

Los sistemas urbanos de drenaje sostenible (SUDS) buscan gestionar parte de esa agua de una forma más próxima al ciclo natural, favoreciendo procesos como la infiltración, retención o almacenamiento allí donde las condiciones lo permiten.

Pavimentos permeables, jardines de lluvia, áreas de biorretención y otras soluciones pueden contribuir a controlar la escorrentía y reducir el transporte de determinados contaminantes hacia las redes de drenaje y el medio receptor.

 

Del tratamiento final a la prevención en origen

La contaminación procedente de un foco puntual puede abordarse mediante sistemas específicamente diseñados para controlar o tratar ese vertido. La naturaleza dispersa de la contaminación difusa hace que este planteamiento resulte mucho más difícil de aplicar.

Por eso, su reducción depende de combinar medidas sobre las fuentes, el suelo, la escorrentía y las vías de transporte de los contaminantes. No existe una solución única que pueda aplicarse a todos los territorios.

Cuanto antes se intervenga en el recorrido del contaminante, mayores son las posibilidades de evitar que termine incorporándose a ríos, lagos, acuíferos y otros ecosistemas. En la contaminación difusa, la prevención no es únicamente una herramienta complementaria: constituye una de las principales vías para abordar el problema.

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El drenaje urbano sostenible (SUDS) es un conjunto de técnicas y soluciones diseñadas para gestionar el agua de lluvia en entornos urbanos de forma más natural, imitando el comportamiento hidrológico del medio antes de la urbanización. Su objetivo es reducir la escorrentía superficial, mejorar la calidad del agua y prevenir inundaciones mediante sistemas como pavimentos permeables, jardines de lluvia o humedales urbanos. Los SUDS forman parte de las estrategias de adaptación al cambio climático y de planificación urbana sostenible.

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Potabilizar agua consiste en aplicar tratamientos físicos, químicos y, en algunos casos, biológicos para transformar agua bruta en agua potable apta para el consumo humano. Este proceso elimina sólidos, microorganismos patógenos, materia orgánica y contaminantes que pueden comprometer la salud. La potabilización se realiza habitualmente en una ETAP o potabilizadora e incluye fases como decantación, filtración y desinfección, garantizando que el agua cumpla los parámetros sanitarios exigidos por la normativa.

Contaminación

La contaminación es la introducción de sustancias, energía o agentes contaminantes en el medio ambiente que alteran su equilibrio natural y generan efectos negativos sobre los ecosistemas, la salud humana y los recursos naturales. Este fenómeno puede afectar al aire, el agua y el suelo, y está estrechamente vinculado a actividades humanas como la industria, el transporte, la agricultura o la gestión de residuos. La contaminación se considera uno de los principales desafíos ambientales actuales, al contribuir a problemas como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y el deterioro de la calidad ambiental.