Damià Barceló publica una evaluación crítica de la literatura científica del COVID-19 desde un enfoque ambiental y sanitaria

El indicador de la Epidemiología de Aguas Residuales es una vía para la detección precoz del virus con los tests basados en papel reactivo

Damià Barceló, director del Instituto Catalán de Investigación del Aigua (ICRA)


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Damià Barceló, director fundador del Instituto Catalán de Investigación del Agua (ICRA), uno de los científicos catalanes más citados universalmente y nombrado recientemente Doctor Honoris Causa por la Universitat de Lleida (acto que está pendiente por culpa del COVID-19), ha aprovechado su confinamiento para escribir y publicar un balance de la peste del Coronavirus en la prestigiosa revista científica Journal of Environmental Chemical Engineering.

El resultado es un artículo de opinión profundo, crítico y contundente que ofrece un resumen de soluciones y hallazgos recientes a partir de los estudios de sus colegas de los cinco continentes.

Más allá de las múltiples aportaciones, el artículo de Barceló es uno de los primeros intentos para resumir e integrar aspectos medioambientales y de salud humana referidos al control del COVID-19, con el objetivo de servir como documento polivalente, no solo para científicos de disciplinas diferentes sino también para los medios de comunicación sociales y la ciudadanía en general. La estructura de los temas abordados es sólida: la incidencia de la meteorología (el calor) y la calidad del aire en la transmisión del virus, el uso de las aguas residuales que sirven de guía para revelar la escala del brote del COVID-19, el análisis de los procedimientos actuales de desinfección de hospitales y de las nuevas tecnologías más ecológicas y la relación de terapias farmacológicas disponibles a la espera que llegue la vacuna tan deseada.

La incidencia de la meteorología (el calor) en la transmisión del COVID-19 tiene estudios a favor (uno realizado en Wuhan) y estudios en contra (realizado en 122 ciudades de China) y un realizado en Yakarta donde el tiempo, el alta movilidad y el alta densidad de los más de 9 millones de habitantes de la ciudad ha sido determinando en la rápida propagación del virus.

La calidad del aire, en cambio, tiene unanimidad como factor clave en la expansión del COVID-19, tanto en el Norte de Italia, donde las infecciones debidas a la polución del aire-humanos son superiores a las infecciones entre humanos. Un estudio sobre las ciudades de la Lombardia y Emilia Romagna indica que la polución del aire ha hecho más vulnerables las defensas de las personas mayores en su sistema respiratorio y cardiovascular.

También el estudio de Tobias/Querol destaca la mejora inmediata de la calidad del aire después del confinamiento de Barcelona. Y coincide con el estudio de Yaron Ogen en la correlación entre los niveles de dióxido de nitrógeno y el número de muertes en 66 regiones administrativas en Italia, España, Francia y Alemania, un estudio sometido a críticas metodológicas, en contradicción con un estudio similar hecho en Taiwán.

En cambio, hay una cierta unanimidad en el factor polen como cortafuegos de los virus de la gripe y similares, gracias a un grupo holandés con más de cuatro años de investigación sobre polen y gripe. Y sugiere alguna posibilidad del carácter estacional del COVID-19.

El Indicador de Epidemiología de Aguas Residuales y su método WBE (Wastewater Epidemiology Indicator) tiene su pionero en Christian Daughton, antiguo científico del EPA, la Agencia americana de Protección del Medio Ambiente, un método que Daughton reivindica no solo para el COVID-19, sino para futuras epidemias, porque ya permitió la primera detección del COVID-19 en aguas residuales en Holanda, Australia y Francia. Otros estudios también refuerzan el método WBE y la necesidad de desarrollar nuevos tests en papel reactivo para detectar el virus directamente en aguas residuales, porque son unas herramientas potentes y baratas para una rápida diagnosis de patógenos y la determinación de la transmisión de las infecciones y se ha utilizado en una gran variedad de infecciones como la malaria y varios patógenos.

La desinfección de hospitales y de sus equipos personales y sanitarios cuenta con técnicas seguras perfectamente acreditadas, pero se están probando nuevas tecnologías más amigables con las tendencias ecológicas. Al mismo tiempo, en un estudio en el hospital más grande de Irán, durante este último mes de marzo, se ha investigado el aire de las habitaciones de pacientes con COVID-19. Afortunadamente todas las muestras recogidas han sido negativas.

Las terapias farmacológicas disponibles son la antesala de la deseada vacuna, que van desde fármacos antivirales, antimalaria y antiinflamatorios, pasando, en China e India, por un retorno a las plantas tradicionales para tratar el virus, hasta la utilización de varios ensayos clínicos siguiendo protocolos basados en actividad in vitro o con una experiencia clínica limitada. No se ha probado la eficacia de ninguna terapia farmacológica. La lista es larga: Cloroquina, Hidroxicloroquina, Lopinavir, Remdesivir, Favirapir, Azitromicina, Ivermectin, los NSAIDS o antiinflamatorios no esteroideos y los broncodilatadores, mientras se espera la vacuna.

Las conclusiones y recomendaciones a las que llega el Dr. Barceló se pueden resumir así. La WBE puede ayudar a solucionar el problema angustioso de carencia de tests de diagnóstico y puede aportar un método barato y rápido para alertar de un brote de COVID-19. Pero la WBE será siempre una herramienta complementaria y no una alternativa al obligatorio PCR para la detección del COVID-19 en humanos.

El COVID-19 estará entre nosotros durante bastante de tiempo. Ahora se sabe mucho más que hace pocos meses, pero todavía se necesita hacer mucho más para solucionar esta amenaza global. Las medidas futuras tendrían que incluir una vigilancia más amplia del medio ambiente, tanto del aire como del agua, además de la disponibilidad del rápido biosensor ELISA, para proteger la población general y las aguas residuales.

En España hasta ahora el 15% de las personas infectadas por el COVID-19 son médicos y personal sanitario. Hay que garantizar la cadena de suministro de PPE (Protección Personal en Equipos) para reducir la mortalidad. Hay que planear estratégicamente la manufactura global, acceso, protección y control de las cadenas de suministro frente a los inevitables recortes, el aumento de costes y el acaparamiento nacional.

En resumen, todavía hay mucho trabajo por hacer y ojalá esta síntesis ayude no solo los científicos sino también al público en general que quiere saber algo más sobre este nuevo y terrífico coronavirus que nos tendrá a todos atareados por bastante de tiempos en los años que vienen.


Puede consultar el trabajo original aquí, no se permite la reproducción.

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