El imperativo equilibrio para un futuro sostenible

Por Félix González Yagüe, Doctor en Ingeniería de Recursos Naturales y Licenciado en Economía


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El problema

El boom de la minería de carbón en la Inglaterra del siglo XIX permitió al filósofo y economista William Stanley Jevons observar la paradoja a la que dio nombre:

A media que aumentaba la eficiencia en la extracción y aprovechamiento energético del carbón, aumentaba su consumo a un ritmo aún mayor (esta misma tendencia ha podido observarse más recientemente con otras commodities como los diferentes derivados del petróleo y utilities como la electricidad).

Este hecho, parece no ser tenido en cuenta por políticas verdes que persiguen solo la eficiencia y que “paradójicamente” podrían empujarnos a un mayor impacto ambiental por un incremento absoluto del consumo mayor que la mejora de la perseguida eficiencia.

Para evitarlo, habría que fijar al menos dos claves adicionales estableciendo un sistema económico basado en tres pilares:

  • Eficiencia: aguas arriba en la producción.

  • Concienciación: aguas abajo en el consumo.

  • Imposición: negativa a tecnologías intensivas en uso de materias primas / positiva al aprovechamiento de materias secundarias.

Parecería una solución razonable y de algún modo factible, pero a esta vieja dicotomía entre eficiencia y consumo, se suman la amenaza global a la que se enfrenta una humanidad que empieza a ser consciente de los límites naturales que encierra nuestro amable planeta.

Y si la amenaza es triple con un clima cada vez más imprevisible y adverso, una polución creciente y nociva y una pérdida de biodiversidad casi diluviana, los límites planetarios las triplican en número poniendo de manifiesto nuestra carrera hacia el precipicio, con tres de los siete sistemas estudiados más allá de la zona de incertidumbre que, además, podría serlo de no retorno. Pero no todo son malas noticias, más bien al contrario, y como viene siendo habitual en la historia de la humanidad, las buenas las superan con creces.

 

La herramienta

La creciente concienciación social y la cada vez menos casual pandemia, han puesto de manifiesto la indefectible conexión entre clima, biodiversidad y salud humana, aflorando numerosas soluciones políticas y tecnológicas para hacer frente al Armagedón de nuestra era.

De entre todas ellas, brilla con luz propia la economía circular que nació como una nueva forma de hacer las cosas pero que cada vez es más evidente que deberá ser una nueva forma de vivir en la que lo menos importante será el nombre (economía) y el apellido (circular) porque todos y cada uno de nosotros deberemos comportarnos como un solo individuo responsable y respetuoso con el pasado, el presente y el futuro de nuestro planeta y todas las especies que lo albergan.

Pero la economía circular es solo una herramienta, el cambio radica en la actitud, la amplitud de miras para ser capaces de dar soluciones globales a problemas que también lo son. En este sentido, y teniendo en cuenta los tres macrosistemas productivos más relevantes de nuestra civilización podríamos plantear una matriz de soluciones simbiótica basada en los tres pilares en los que se asienta esta nueva economía:

 

Las limitaciones

Pero siempre hay un límite para cualquier sistema productivo por muy holística que sea su concepción, y en este caso las limitaciones nos las marca nuestro propio planeta. El Marco de Límites Planetarios define nueve procesos clave en la Tierra y establece los límites seguros para las actividades humanas dentro de ellos:

  • Cambio climático: en 1988 ya superamos el límite de seguridad de 350 ppm de CO2.

  • Nuevas sustancias: químicos, metales y resto de sustancias de producción humana.

  • Ozono estratosférico: Protocolo de Montreal como ejemplo de buena práctica.

  • Aerosoles atmosféricos: de gran e incierta incidencia en la salud humana.

  • Acidificación de los océanos: grave riesgo para la biodiversidad marina.

  • Flujos biogeoquímicos: alteración de ciclos naturales de nitrógeno y fósforo.

  • Agua dulce: sequías por presión climática y escasez por consumo exponencial.

  • Cambios del en el uso de la tierra: con efecto importante en el clima.

  • Integridad de la biosfera: degradación de ecosistemas y pérdida de diversidad genética que podría perturbar los servicios esenciales de la biosfera.

De forma bastante intuitiva, y a fin de ser conscientes de los límites de nuestra propia existencia, podríamos agrupar estas nueve limitaciones en tres grandes sistemas, agua, tierra y atmósfera, como macroindicadores de la salud y el bienestar de nuestro planeta.

 

La solución

La solución pasará, por tanto, por ser capaces de desarrollar un modelo vital que integre nuestras capacidades productivas actuales con un nuevo concepto de economía y preservando la capacidad regenerativa de nuestro planeta, de forma que seamos capaces de integrarnos en sus sistemas como un elemento más, y no como un agente disruptivo.

Este modelo en ciernes requerirá del consenso de todos los agentes de nuestra sociedad para ser capaces de resolver este particular cubo de Rubik circular y definir una nueva forma de hacer las cosas.


Sobre el autor

Félix González Yagüe es Doctor en Ingeniería de los Recursos Naturales y Licenciado en Economía. Actualmente directivo en ACCIONA, profesor de UNIR y asesor en materia de Economía Circular y modelos de negocios sostenibles de organismos de la Unión Europea, Foro Económico Mundial y diferentes Administraciones Públicas.

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Sostenibilidad, Opinión, España
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