Hidrógeno verde: retos, oportunidades y potencial en España

Por Javier Brey, Presidente de la AeH2


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De cero a cien en seis meses, así ha sido el crecimiento exponencial del sector del hidrógeno en España. Donde antes solo había unos cuantos ingenieros apasionados por este vector energético, ahora hay todo un país acelerando el desarrollo e implementación de estas tecnologías, con objetivos comunes, definidos y respaldados por estrategias nacionales y políticas europeas.

El mundo viene avisando desde hace muchos años, la necesidad de avanzar hacia una descarbonización de la industria a nivel global, que atienda a las necesidades medioambientales y permita afrontar, de una manera sostenible, el crecimiento de la población y la consiguiente demanda de energía.

Fue en 2019, durante la celebración de la COP25 en Madrid, cuando distintos países, gobiernos e instituciones pusieron fecha a una descarbonización total, que aspira alcanzar la eliminación completa de las emisiones de CO2. Este objetivo común, se materializó en el Pacto Verde Europeo, que establece alcanzar la neutralidad climática en el año 2050.

El Pacto Verde Europeo pretende “transformar la economía de la Unión Europea en plenamente sostenible, llevando a un cambio en el modelo social y económico de la Unión Europea” e identifica cuatro sectores clave que deberán ser descarbonizados para asegurar la consecución del objetivo principal: producción y uso de energía, sector residencial, transporte e industria. Sectores que demandan una gran cantidad de recursos energéticos, de manera continuada y prologada en el tiempo y en los que el hidrógeno tiene un gran potencial, puesto que se ha identificado en este vector energético una gran versatilidad capaz de satisfacer las futuras (y presentes) necesidades de producción, almacenamiento y distribución.

España es advertida como uno de los grandes potenciales distribuidores de hidrógeno renovable gracias a su posición geográfica y condiciones meteorológicas.

No es la primera vez que el hidrógeno trata de posicionarse como alternativa energética. La primera vez que el término “economía del hidrógeno” fue acuñado, fue en la década de los 70, cuando, a raíz de la crisis del petróleo, se plantea el hidrógeno como alternativa a la “economía basada en los combustibles fósiles” con la simple idea de producir, mediante recursos locales, todo el hidrógeno posible y usarlo como combustible en el transporte, la industria y el sector residencial. No obstante, como resultado de la bajada del precio del petróleo, esta idea perdió fuerza y no volvió a resurgir hasta finales del siglo XX, acompañando el auge de las energías renovables. Sin embargo, de nuevo, el estallido de la crisis de 2008 nubla toda posibilidad de éxito. Hasta ahora. La pregunta es, ¿qué ha cambiado?

Si analizamos los motivos por los cuales el hidrógeno no tuvo éxito en el pasado, son principalmente económicos. Las primeras olas carecían de dotaciones presupuestarias sólidas, y las que había, estaban principalmente enfocadas en I+D, dejando de lado el desarrollo del resto de la cadena de valor. Además, era poco el interés que suscitaba el hidrógeno como alternativa energética mientras el resto de energías renovables, mucho más desarrolladas, se posicionaban como alternativa real y sostenible.

Sin embargo, sin hacer ruido, las tecnologías del hidrógeno siguieron avanzando, desarrollándose poco a poco, durante más de 50 años. ¿El resultado? El momentum del hidrógeno.

¿Por qué estamos seguros de que esta vez, sí, ha venido para quedarse? Primero, el establecimiento de políticas internacionales de descarbonización (que establecen objetivos definidos y responsabilidades legales), el abaratamiento de las energías renovables (que seguirá reduciéndose a medida que avance el desarrollo de las mismas) y la madurez de las tecnologías de hidrógeno. Estas condiciones de contorno han incentivado, no sólo en España como caso aislado, sino también en el resto del mundo, el reconocimiento y apuesta por el hidrógeno como la alternativa energética más completa y que mejor se adapta a las necesidades industriales actuales y futuras.  Y es que, precisamente, el hidrógeno puede reactivar, redefinir y transformar la economía, teniendo la capacidad de generar empleo, impulsar el desarrollo económico y crear tejido industrial. Asimismo, puede mejorar la balanza de pagos, aumentando la seguridad del suministro y favoreciendo el autoconsumo energético.

El desarrollo del sector del hidrógeno nos brinda la posibilidad de disponer de tecnología “hecha en España”.

 

Fortalezas, retos y oportunidades del hidrógeno en España

España es advertida como uno de los grandes potenciales distribuidores de hidrógeno renovable gracias a su posición geográfica y condiciones meteorológicas. En este sentido, nuestro país ocupa el décimo lugar en el ranking mundial de capacidad de energías renovables. Nuestro potencial solar y eólico permitirá producir el hidrógeno renovable más barato de Europa, y que tengamos no sólo capacidad de autoabastecimiento, sino también de exportación.  Además, disponemos de un tejido productivo empresarial e industrial especializado (el 3,6% de la producción científica mundial relacionada con el hidrógeno se desarrolla en España) que abarca toda la cadena de valor del hidrógeno (producción, almacenamiento, transporte, distribución y uso) y capacidades tecnológicas y de desarrollo industrial en el sector.

De las fortalezas mencionadas, nacen oportunidades, las cuales podemos resumir en tres palabras clave: Tecnología, Equipos e Hidrógeno.

El desarrollo del sector del hidrógeno nos brinda la posibilidad de disponer de tecnología “hecha en España”. Para ello, será necesario impulsar la colaboración público-privada, lo que permitirá seguir mejorando la transferencia de tecnología, desde la I+D al mercado; establecer un plan de I+D orientado a objetivos y resultados; y, fomentar clústeres tecnológicos que favorezcan la colaboración entre agentes para materializar una primera generación de productos.

Por otro lado, España podría liderar la fabricación de equipos, mediante el apoyo a estas inversiones empresariales en capacidades de fabricación, ayudando a nuestras empresas, grandes y pequeñas, a obtener una ventaja competitiva en el sector.

Y, por último, y como ya se ha mencionado anteriormente, España tiene capacidad suficiente para autoabastecerse y, además, satisfacer la demanda europea. Por esta razón, el objetivo de España debe ser materializar la descarbonización de la industria española mediante el uso de hidrógeno renovable y convertirnos en un exportador del mismo, mediante el despliegue de proyectos estratégicos, que actualmente ya se han puesto en marcha. Es importante establecer un marco de impulso que fomente la creación de demanda, ayude a los usuarios que quieran emplear hidrógeno renovable y a las empresas que quieran producirlo, elimine las barreras administrativas y regulatorias y estimule el desarrollo de capacidades estratégicas, fomentando la integración de redes energéticas.

Precisamente, para ordenar este potencial, y situar a España en el lugar que se merece, la Asociación Española del Hidrógeno (AeH2) trabaja, desde hace más de 20 años, promoviendo e impulsando el desarrollo y el crecimiento de las tecnologías del hidrógeno en España, con el objetivo de fortalecer y poner en valor el tejido industrial nacional; construyendo, para ello, un entorno favorable para el desarrollo del hidrógeno en nuestro país y lograr una industria nacional fuerte en el ámbito internacional. En este sentido, la Agenda Sectorial de la Industria del Hidrógeno, iniciativa impulsada y elaborada por la AeH2, a petición del Ministerio de Industria, y que se encuentra actualmente en pleno desarrollo, aspira convertirse en un documento estratégico para el sector, que permitirá mejorar la competitividad del mismo al identificar las líneas de actuación y medidas prioritarias, definiendo una estrategia a medio y largo plazo para alcanzar el liderazgo competitivo de las tecnologías de hidrógeno en España.


Artículo publicado en el número 229 de RETEMA.

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