Día Mundial del Agua

Agua: arma de guerra y facilitador de paz

En materia de agua, existe una brecha entre la urgencia de la cooperación y la realidad de la inacción, que destaca la necesidad de un compromiso firme y acciones concretas para garantizar un futuro donde el agua sea catalizador de paz y sostenibilidad
Autor/es
Griselda Romero
21-03-2024
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Cada año, el 22 de marzo, Día Mundial del Agua, marca una jornada crucial en el calendario global, siendo no solo una fecha para conmemorar la importancia vital de este recurso, sino también una oportunidad para concienciar y llamar a la acción. Este 2024, el lema adoptado por las Naciones Unidas para este día trascendental es “Agua para la paz”, una consigna que resuena con urgencia en un mundo donde el acceso equitativo al agua es una cuestión de vida o muerte para millones de personas, y las disparidades y la competencia por los recursos hídricos alimentan las tensiones y los conflictos. Con motivo de esta efeméride, la ONU recuerda que “el agua no es solo un recurso que se aprovecha y por el que se compite, sino un derecho fundamental, intrínseco a todos los aspectos de la vida”.

Bajo este enfoque oportuno y crítico, cabe reseñar algunos datos alarmantes que ilustran con idoneidad la raíz del conflicto. En la actualidad, más de 2.200 millones de personas carecen de acceso seguro a agua potable, mientras que aproximadamente la mitad de la población mundial enfrenta escasez severa de agua durante al menos una parte del año. Estas cifras, que prevén seguir en aumento, se ven agravadas por el cambio climático, el crecimiento demográfico y la escasez de agua, planteando desafíos sin precedentes para la seguridad hídrica y la estabilidad global, en un contexto donde solo el 0,5% del agua de la Tierra es dulce, aprovechable y disponible.

 

Tensión y conflicto

La situación relatada conduce a que, en numerosas ocasiones, el agua se convierta en el principal detonante de los conflictos entre los distintos usuarios del agua, incluidos Estados y provincias, cuando sus intereses difieren y se perciben como irreconciliables, o cuando la cantidad o calidad del agua disminuye, impactando en la salud humana y de los ecosistemas. Según datos de la “Cronología del conflicto por el agua”, elaborada por el Pacific Institute, durante el último cuarto de siglo, cerca de 1.200 conflictos a escala global han estado relacionados con asuntos de agua; y solo desde 2020 se han identificado 543 conflictos en esta materia.

Sin embargo, el agua también puede desempeñar otros roles críticos que merecen atención, convirtiéndose en arma durante los conflictos armados, utilizada por actores estatales y no estatales para controlar territorios, poblaciones o presionar al adversario; o en víctima, siendo blanco de ataques o sufriendo daños en infraestructuras cruciales como sistemas de abastecimiento de agua, lo cual no solo amenaza la salud, sino que infringe el derecho internacional humanitario. Asimismo, la incapacidad de un gobierno para proporcionar servicios básicos de agua puede conducir a una deslegitimación de las instituciones estatales y provocar malestar social, especialmente en el contexto de inseguridad alimentaria, alto desempleo y migración interna.

En este sentido, Blanca Carazo, responsable de programas internacionales en UNICEF España, mencionaba durante una conversación para el podcast "Voces del Cambio" de RETEMA, que existen cinco formas recurrentes de hacer uso del agua en la guerra: ataques a infraestructuras, interrupción del suministro, contaminación del agua, ataques a trabajadores y obstrucción del acceso humanitario. Para revertir esta situación, desde UNICEF se proponen una serie de recomendaciones o peticiones, dirigidas tanto a la comunidad internacional, como a todas las partes interesadas en los conflictos, explica Carazo. Estas exigen, en primer lugar, evitar los ataques contra las infraestructuras de agua y saneamiento, así como contra el personal, ya que constituyen una violación del derecho internacional humanitario. En segundo lugar, abogar por la construcción y fortalecimiento de sectores de agua y saneamiento, incluso en situaciones de emergencia, mediante el desarrollo de capacidades técnicas, operativas y humanas, y la asignación adecuada de recursos. Por último, se destaca la importancia de vincular la respuesta humanitaria con soluciones sostenibles, construyendo sistemas capaces de resistir eventos adversos y fomentando la colaboración de las comunidades en la conservación y reparación de los sistemas de agua.

 

La escasez de agua y los problemas relacionados con su acceso pueden desencadenar conflictos y tensiones a diferentes escalas.

 

También Josefina Maestu, ex directora de la Oficina del Agua de Naciones Unidas en España y miembro del Consejo Asesor de la Red Española de Desarrollo Sostenible, analizaba en esta misma conversación la intersección crítica entre agua y conflictos armados, destacando el agua como un “recurso estratégico con impacto en la seguridad global”, reconocido oficialmente por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en 2016. Maestu ilustraba mediante ejemplos concretos cómo la escasez de agua y los problemas relacionados con su acceso pueden desencadenar conflictos y tensiones a diferentes escalas. Primero destacó los problemas en Siria tras períodos de sequía y escasez de agua, considerándose uno de los factores desencadenantes de las revueltas locales en el país. También hizo referencia a ataques a infraestructuras relacionadas con el agua, como plantas depuradoras en Gaza y la destrucción de infraestructuras y contaminación de aguas en Siria durante conflictos armados. Además, mencionó casos a nivel local que pueden generar inestabilidad a nivel nacional, como el conflicto en Cochabamba, Bolivia, debido a la privatización de los servicios públicos del agua, que desencadenó protestas masivas y la declaración de estado de emergencia en el país.

Estos son apenas algunos ejemplos de los muchos registrados a nivel mundial. En la actualidad, países como Yemen, Irak, Israel, Palestina, India, Somalia, Nigeria o Colombia, entre otros, están especialmente castigados por el cambio climático, y en consecuencia, sufren numerosos conflictos por este recurso, debido a escasez de agua potable, distribución desigual de los recursos hídricos, contaminación y sequías, etc.

 

Paz y cooperación

Pero el agua no solo puede ser fuente de conflictos; también tiene el poder de ser catalizador de paz y prosperidad a nivel comunitario, uniendo a los diferentes usuarios en torno a objetivos comunes, fomentando el diálogo y la reconciliación; también a nivel nacional, cuando la necesidad de cooperación facilita la coordinación de los distintos intereses, y por último, a nivel transfronterizo, donde la cooperación en recursos hídricos y la "hidrodiplomacia" son fundamentales para la comunicación y la cooperación más allá del agua (especialmente en contextos posconflicto), siendo clave para restaurar la confianza y promover la estabilidad a largo plazo.

 

A pesar de que las aguas transfronterizas representan el 60 % de los flujos de agua dulce del mundo, y más de 3.000 millones de personas dependen del agua que atraviesa las fronteras nacionales, solo 24 países han establecido acuerdos de cooperación para los recursos hídricos que comparten.

 

La cooperación pacífica en torno al agua –dentro de los países y entre ellos– puede allanar el camino para una cooperación pacífica en todos los sectores. Sin embargo, queda mucho por hacer. A pesar de que las aguas transfronterizas representan el 60 % de los flujos de agua dulce del mundo, y más de 3.000 millones de personas dependen del agua que atraviesa las fronteras nacionales, solo 24 países han establecido acuerdos de cooperación para los recursos hídricos que comparten. Esta brecha entre la urgencia de la cooperación y la realidad de la inacción resalta la necesidad de un compromiso renovado y acciones concretas para garantizar un futuro donde el agua sea un catalizador de paz y desarrollo sostenible.

En este contexto, la ONU insta a crear un “efecto cascada positivo” mediante la acción colectiva y comunitaria, y enfatiza que la cooperación no solo promueve la inversión y la seguridad, sino que también puede generar resiliencia frente a los desafíos climáticos, mejorar la salud pública, impulsar la productividad económica y proteger el medio ambiente. Para ello, es fundamental involucrar a diversas partes interesadas en la toma de decisiones relacionadas con el agua, integrar diferentes sectores como agua, energía, agricultura y medio ambiente, e implementar acciones concretas para abordar los déficits de fondos, datos, capacidad y gobernanza. Además, la promoción de la ciencia y la educación es esencial para desarrollar una conciencia compartida sobre el papel crucial del agua en la paz, la estabilidad y la prosperidad.

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