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La gestión del activo hídrico como frontera crítica: del proyecto a la explotación

La gestión basada en datos, el mantenimiento predictivo y las plataformas digitales se consolidan como herramientas clave para prolongar la vida útil de las infraestructuras y mejorar la eficiencia del ciclo integral del agua

Durante décadas, las infraestructuras del ciclo del agua se han evaluado por su capacidad para cumplir plazos, presupuesto y especificaciones técnicas durante su construcción. Sin embargo, la experiencia demuestra que el verdadero desafío comienza cuando la infraestructura entra en explotación. Es entonces cuando debe mantener su rendimiento durante décadas en un contexto marcado por el envejecimiento de los activos, las restricciones presupuestarias y unas exigencias regulatorias cada vez mayores.

Uno de los momentos más delicados es la transición entre la finalización de la obra y el inicio de la operación. Con frecuencia, la información generada durante el proyecto deja de utilizarse como herramienta de gestión y pasa a convertirse en un archivo. Planos, modificaciones de obra y criterios de diseño quedan desvinculados de la explotación diaria, que pasa a regirse por contratos, disponibilidad presupuestaria y necesidades operativas.

 

El verdadero reto de una infraestructura hídrica no termina con su construcción: comienza cuando debe operar de forma eficiente durante décadas

 

Esta desconexión dificulta conocer el estado real de los equipos, anticipar su degradación y mantener la trazabilidad de las decisiones. En un sector donde una avería en una ETAP o una EDAR puede afectar a miles de usuarios o comprometer el cumplimiento de la normativa europea, gestionar por inercia en lugar de hacerlo con información estructurada supone un riesgo creciente.

La complejidad propia de las infraestructuras hídricas agrava este problema. Redes que combinan tuberías de distintas generaciones, equipos electromecánicos, sistemas de automatización e instalaciones civiles, distribuidas además a lo largo de decenas de kilómetros, requieren modelos de gestión capaces de integrar información muy diversa. Los elevados índices de agua no registrada, que en muchas redes españolas superan todavía el 20-25 %, reflejan las consecuencias de esta gestión fragmentada, con impactos económicos, ambientales y operativos.

 

De la gestión correctiva al mantenimiento basado en condición

Los modelos tradicionales de mantenimiento basados únicamente en calendarios fijos generan intervenciones innecesarias o, por el contrario, retrasan actuaciones hasta que aparece el fallo. Frente a ello, el mantenimiento basado en condición y en el análisis histórico del comportamiento de los activos permite optimizar el equilibrio entre coste, riesgo y nivel de servicio. No obstante, este enfoque requiere disponer de datos fiables y continuos, así como de sistemas capaces de transformarlos en información útil para la toma de decisiones.

 

Plataformas digitales: la columna vertebral de la gestión hídrica avanzada

En este contexto, las plataformas digitales se convierten en la base de una gestión avanzada del activo hídrico. Herramientas como Rosmiman permiten integrar inventarios técnicos, gestionar órdenes de trabajo, planificar el mantenimiento preventivo y predictivo y consolidar el histórico de intervenciones en un único entorno. Su integración con sistemas SCADA y plataformas de telecontrol conecta la información procedente del campo con la planificación estratégica, facilitando la priorización de inversiones, la gestión por criticidad y la justificación técnica de las decisiones ante las administraciones.

 

La integración de datos operativos y estratégicos es la base para anticipar inversiones, justificar decisiones y garantizar la sostenibilidad del ciclo integral del agua

 

Implicaciones regulatorias, económicas y de gobernanza

La gestión avanzada de activos trasciende además el ámbito puramente técnico. Resulta esencial para cumplir con la Directiva Marco del Agua, los planes de seguridad del agua y las crecientes exigencias de eficiencia y sostenibilidad impuestas a las entidades gestoras. En un escenario donde gran parte de las redes españolas supera los cuarenta años de antigüedad, retrasar las inversiones no elimina el problema, sino que incrementa el riesgo y el coste futuro de las actuaciones.

La modernización del sector del agua suele asociarse a nuevas infraestructuras o tecnologías de tratamiento. Sin embargo, buena parte de la eficiencia y la resiliencia del servicio depende de cómo se gestionan los activos ya existentes. Aplicar criterios de ciclo de vida, apoyarse en datos fiables y disponer de plataformas que garanticen continuidad, integración y trazabilidad permite reducir la incertidumbre y minimizar el coste del error. En un contexto de creciente presión climática, regulatoria y económica, esta capacidad constituye un factor decisivo para la sostenibilidad del servicio.

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