Solo podemos garantizar el suministro de agua futuro si protegemos los ecosistemas acuáticos
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La sociedad precisa de seguridad hídrica como garantía en el suministro de agua en calidad y cantidad suficiente para la población y actividades económicas. Este concepto debe incluir a los ecosistemas acuáticos, que proporcionan los recursos que usamos, depuran las aguas de manera natural y esponjan y amortiguan el impacto de lluvias intensas.
No podemos hablar de seguridad hídrica sin garantizar su buen estado y su correcto funcionamiento, que al fin devienen aspectos críticos para sectores clave de la economía española como la agricultura, el turismo y la energía.
Existe un delicado equilibrio entre satisfacer las demandas humanas y la capacidad de los ecosistemas acuáticos para proveerlas, una tensión que se agrava en regiones áridas o semiáridas de buena parte de la península ibérica. Allí, la irregularidad climática –caracterizada por sequías prolongadas y lluvias torrenciales– contrasta con una constante necesidad de agua, lo que deriva en conflictos socioecológicos que suelen saldarse con graves impactos en ríos, humedales y masas de agua subterráneas.

Conservar los ecosistemas beneficia a la economía
El colapso de los ecosistemas acuáticos arrastra consigo a la economía. Las pérdidas económicas en España derivadas de las sequías e inundaciones ya alcanzan los 1 500 millones de euros anuales, con previsiones de multiplicarse por cinco si las temperaturas aumentan 3 °C.
Estos retos socioclimáticos y ecológicos han motivado el proyecto “H2OSEG: Retos ante la escasez para alcanzar la seguridad hídrica en España”, que nace bajo el paradigma de la sostenibilidad fuerte, por el que la prosperidad socioeconómica está forzosamente ligada a la conservación de los ecosistemas. Tener ecosistemas bien conservados permite maximizar la seguridad hídrica necesaria para hacer frente a la creciente vulnerabilidad climática.
Para ello es esencial caracterizar los riesgos y definir compromisos. Mediante consultas a académicos y gestores, el equipo científico de H2OSEG hemos identificado la sobreexplotación de recursos, los cambios en los usos del suelo, la desertificación y el cambio climático como las amenazas más acuciantes. La realidad hídrica en España es muy compleja y su diagnóstico requiere de un análisis espacial detallado.
Además, en el marco del proyecto, estamos desarrollando un análisis de riesgos que relaciona el grado de exposición y la vulnerabilidad, tanto de los ecosistemas acuáticos como de las unidades de gestión hidrológica, con los escenarios de escasez de agua a los que nos conduce el cambio climático. Para ello se integran los datos del estado de los ecosistemas (conectividad, contaminación, etc.) con los de los sistemas de utilización (municipios o unidades de explotación). Los riesgos de inseguridad hídrica son muy elevados en la franja mediterránea, así como en zonas áridas del centro de la Península y de Andalucía.
La escasez hídrica genera conflictos entre sectores económicos, pero también entre éstos y los ecosistemas. Conflictos que se pueden describir a gran escala. Al superponer mapas de características climáticas, usos del suelo, calidad y usos del agua se aprecian las consecuencias de conflictos históricos (por ejemplo, entre agricultura y humedales) o emergentes, como la demanda creciente para refrigerar grandes centros de procesamiento de datos.

Herramientas para resolver los conflictos del agua
A escala local, en la que los usuarios interactúan con los ecosistemas, resolver estos conflictos requiere de herramientas de planificación basadas en escenarios.
En H2OSEG estudiamos varios casos. Uno es la cuenca del río Ter, que deriva agua hacia el área metropolitana de Barcelona y a la vez abastece sectores agrícolas y turísticos locales, lo que crea una tensión histórica que afecta tanto a los usuarios como a los ecosistemas.

Trabajamos en un sistema de ayuda a la decisión que integra modelos hidrológicos e información geográfica mediante inteligencia artificial para simular el efecto de múltiples escenarios climáticos y de gestión sobre la disponibilidad de agua y los caudales ecológicos. Esta herramienta de fácil utilización posibilitará que distintos usuarios comprendan mejor las consecuencias de sus decisiones en la gestión de los recursos hídricos.
Otro caso es el de la Albufera de Valencia. Esta laguna está sometida a una alarmante contaminación por nutrientes y contaminantes, que impacta su biodiversidad y estado ecológico. Dichos impactos se ven agravados por eventos extremos como el ocurrido tras la dana de 2024.
H2OSEG utiliza modelos para relacionar los fenómenos climáticos y el estado de las aguas con el turismo, la pesca y la caza, pero también con la capacidad del sistema para secuestrar carbono o autodepurar las aguas. Esta herramienta podrá usarse para futuros planes de manejo de este humedal, así como de otras áreas que presenten un elevado nivel de alteración.

Una inversión en seguridad económica y bienestar social
Disminuir el riesgo para la seguridad hídrica exige integrar el conocimiento científico con la experiencia en gestión, lo que va más allá de lo técnico y territorial, y se vincula directamente con la seguridad jurídica y la ordenación del territorio.
El dinero invertido en proteger los ecosistemas acuáticos representa una inversión en seguridad económica, empleo y bienestar social. Solo a través de estrategias que protejan adecuadamente los ecosistemas acuáticos y su funcionamiento integral será posible mantener nuestra actividad socioeconómica a corto y largo plazo.
Un artículo de Ariadna Gabarda-Mallorquí -Institut Català de Recerca de l'Aigua (ICRA)-, Carlos Mario Gómez Gómez -Universidad de Alcalá-, Isabel Muñoz Gracia -Universitat de Barcelona-, Pepe Barquín Ortiz -Universidad de Cantabria-, Ramon J. Batalla -Universitat de Lleida- y Sergi Sabater Cortés -Universitat de Girona-.

