El consumo de biomasa forestal para usos térmicos en Cataluña crece un 5,2% en 2018

La Estrategia para promover el aprovechamiento energético de la biomasa forestal y agrícola 2014-2020 consolida el uso en Cataluña de un recurso renovable y de proximidad


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24/07/2019

El consumo de biomasa forestal para usos térmicos, es decir, para calefacción, agua caliente sanitaria y calor industrial- ha crecido en 2018 un 5,2%. Así lo indica el balance de cumplimiento de los diferentes objetivos que plantea la Estrategia para promover el aprovechamiento energético de la biomasa forestal y agrícola, aprobada por el Gobierno catalan en 2014 y con recorrido hasta el 2020. La biomasa es una energía renovable de proximidad, el uso de la cual contribuye a la gestión de los bosques y, al mismo tiempo, hacer frente a la situación de emergencia climática que vive Cataluña.

En total, en 2018 se consumieron 386.000 toneladas de biomasa forestal, 19.000 toneladas más respecto al 2017. Esta cifra supuso una reducción de 106.000 toneladas al año de emisiones de CO2 , 15.000 toneladas más de reducción que la año anterior. Igualmente, este volumen de biomasa equivale a gestionar 16.100 hectáreas de superficie forestal, un 4,2% más que en 2017, y ha contribuido a evitar el consumo de 106.000 toneladas de petróleo. El aprovechamiento de la biomasa es imprescindible para conseguir los objetivos que se ha fijado Cataluña en materia forestal, energética y ambiental.

La Estrategia para promover el consumo de biomasa tiene como objetivos lograr un consumo anual de 600.000 toneladas de biomasa al año 2020, generar una reducción de emisiones de CO2 de 270.000 toneladas al año y emplear una superficie forestal de 25.000 hectáreas para la producción de este combustible renovable. Por ello, en este marco, la Generalitat ha diseñado y llevado a la práctica un conjunto de medidas para extender el conocimiento de esta fuente de energía entre los usuarios, fomentar la instalación de nuevos equipos tanto en el ámbito doméstico como en el industrial y articular el mercado de este recurso.

Fruto de estas actuaciones, se ha logrado un crecimiento del sector desde el año 2013, que ha ido acompañado de la tecnificación en el consumo. El año 2018 los tipos de biomasa que registraron un mayor incremento en la demanda fueron la astilla (34%) y el pellet (5%), productos más elaborados que se utilizan en tecnologías más eficientes y para cuya producción existen certificaciones voluntarias de calidad. Por su parte, la leña, el tipo de biomasa menos elaborado, ha mantenido una evolución irregular los últimos tres años, en el que prácticamente se ha estancado su volumen de consumo.

Además, esta progresión en el consumo de biomasa se ha producido en un entorno adverso. Mientras los precios de este recurso renovable se han mantenido estables (una de sus principales características), los precios de los combustibles de origen fósil para calefacción -gasoil y gas natural- descendieron hasta niveles relativamente bajos en el año 2015 y se han ido recuperando muy lentamente, lo que ha dificultado que los usuarios que tenían que renovar la caldera optaran por una de biomasa. Sin embargo, desde el año 2013 y hasta el 2017 se han instalado 2.317 calderas de biomasa tanto domésticas como industriales, con una potencia acumulada de 195,5 MW, según datos del Observatorio de Calderas de Biomasa de Cataluña.

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