El territorio del Rioja ante el desafío del cambio climático

Los pronósticos muestran un incremento de las temperaturas, veranos más largos y una distribución más heterogénea de las precipitaciones, con sequías más frecuentes y prolongadas y más fenómenos anómalos.
El territorio del Rioja ante el desafío del cambio climático
El territorio del Rioja ante el desafío del cambio climático
17-05-2019
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Autores

Sergio Andrés Cabello, Profesor de Sociología, Universidad de la Rioja

Enrique Ramalle-Gomara, Profesor antropología social y cultural, UNED - Universidad Nacional de Educación a Distancia

Joaquin Giró Miranda, Profesor Titular de Sociología de la Universidad de La Rioja, Universidad de la Rioja

Lya Arpón Sáinz, Investigadora en el Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino, Universidad de la Rioja

María Paz Diago Santamaria, Investigador Post Doc Ramón y Cajal en Viticultura, Universidad de la Rioja

Nuria Pascual Bellido, Profesora de Geografía, Universidad de la Rioja


El cambio climático es una realidad y las sociedades han reaccionado demandando actuaciones para reducir su impacto, aumentando su preocupación sobre sus consecuencias y situándolo en la agenda pública.

Los pronósticos a nivel global muestran un incremento de las temperaturas, veranos más largos y una distribución más heterogénea de las precipitaciones. De esta forma, las sequías serán más frecuentes y prolongadas y habrá más fenómenos anómalos.

En este escenario, ¿qué va a ocurrir con un territorio vitivinícola como el del Rioja?, ¿cuáles han sido las transformaciones que se han dado en el mismo desde un punto de vista climatológico?, ¿qué impacto perciben los viticultores y enólogos y cuál es su grado de preocupación?

A estas preguntas, y a muchas otras, responde el proyecto Evaluación del impacto del cambio climático en la producción vitivinícola de la DOCa Rioja, que ha llevado a cabo la Universidad de La Rioja con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica.

La denominación de origen calificada Rioja (DOCa Rioja) es una zona vitivinícola de 65.326 hectáreas, con una producción de 336 millones litros de vino en el año 2018, repartidas en tres comunidades autónomas: La Rioja, País Vasco y Navarra. Ubicada en el sector occidental del valle del Ebro, es un área que, desde el punto de vista geográfico, cuenta con una combinación particular de características climáticas, geomorfológicas y topográficas que determinan la ocupación del espacio agrícola que es eminentemente de carácter vitivinícola.

Un sector especialmente sensible

Las amenazas potenciales para el mundo del vino proceden de las sequías y de esos eventos anómalos señalados anteriormente. Aunque expertos internacionales señalan que hay que hacer una lectura prudente de los estudios a escala global y han demostrado que es más certero analizar la evolución del clima a escala regional.

Los resultados del proyecto son concluyentes. En el periodo 1950-2014, la temperatura media ha subido en la mayor parte de la DOCa Rioja entre 0,9 y 1,2 ºC, provocando un desplazamiento en la clasificación vitícola de los viñedos, según el índice bioclimático de Winkler, hacia clases más cálidas.

Durante el primer periodo de estudio (1950-1982) había una mayor proporción de viñedos de la DOCa Rioja localizados en zonas frescas. Pero con el aumento de las temperaturas de los últimos 30 años, muchas de estas áreas han pasado a ser más cálidas, con un clima más similar al de La Mancha que al característico de esta región. Además, ha aumentado el riesgo de erosión y desertificación.

Una de las medidas para adaptarse a estas alteraciones bioclimáticas consiste en aumentar la superficie de viñedo hacia cotas más altas y frías. Sin embargo, mudar un viñedo de ubicación o implantar uno nuevo supone un gran esfuerzo y una importante inversión para los viticultores. La utilización de otras variedades más adaptadas a las nuevas condiciones climáticas y algunas prácticas de manejo de viñedo también se incluyen entre las acciones de adaptación.

Por otro lado, la precipitación muestra una tendencia decreciente en una amplia zona del territorio vitícola de la DOCa. Sin embargo, la alta variabilidad interanual impide observar descensos estadísticos significativos, exceptuando una estrecha franja en el curso del Ebro que abarca dese La Rioja Alta hasta la localidad de Agoncillo.

Desde el punto de vista vitivinícola, estos cambios afectan al desarrollo fenológico de la vid. De esta forma, se adelantan los diferentes estados de desarrollo de la planta, desde la brotación hasta la vendimia, generándose desequilibrios en la composición de la uva por un adelanto de la maduración tecnológica (azúcares y acidez) respecto a la madurez fenólica en variedades tintas.

Esto repercute directamente en los vinos. Al incrementarse el contenido de azúcares, se obtienen vinos con una mayor graduación alcohólica. En el caso de los tintos, puede cambiar la percepción en boca debido a la maduración más tardía de los compuestos fenólicos que les otorgan sus propiedades organolépticas.

Además, el aumento de la temperatura puede alterar el ciclo y desarrollo de plagas y enfermedades, hecho que supone un desafío añadido para el viticultor.

El punto de vista de los viticultores

Pero, ¿qué opinan los viticultores, los enólogos, etc., del territorio de la DOCa Rioja? Se ha realizado una encuesta a 481 profesionales del sector y un estudio cualitativo para conocer la valoración de los agentes que están en el terreno, para saber cuál es su grado de preocupación y su concienciación, así como las medidas que han tenido que tomar frente a las consecuencias del cambio climático descritas anteriormente.

Nos encontramos con un sector del Rioja que es plenamente consciente de la existencia del cambio climático. Un 90 % de los encuestados señaló que creía que se daba el mismo, mientras que los negacionistas representaban el 1,7 %. El 41,5 % indicaba que percibía sus efectos desde hace entre 6 y 10 años e incluso un 31,4 % ampliaba los mismos hasta más de diez años.

Un 55,9 % de los encuestados indicó que el impacto en su actividad era “bastante” y un 18,5 % que “mucho”. El 73,8 % situó en estas categorías su grado de preocupación por el cambio climático en relación a su actividad y un 85,2 % con respecto al ámbito general. Así, un 49,1 % afirmaba que dicho impacto había sido “bastante negativo” y solo un 3,5 % tenía posiciones positivas.

Los encuestados también indicaron ciertos fenómenos que se habían producido de forma manifiesta. De esta forma, entre las opciones de respuesta planteadas por el equipo investigador, indicaron haber notado “mucho” y “bastante” la variabilidad en el clima (88,5 %), el aumento de las temperaturas (86,8 %), los cambios en las fechas de recogida de la uva (72 %) y el descenso de las precipitaciones (67,1 %), entre otros.

Igualmente, el siguiente gráfico muestra los principales cambios que han percibido de forma espontánea:

El coste de la variabilidad climática

Para un 64 % de los encuestados se ha producido un aumento de gastos derivados de los cambios climatológicos. Son costes asociados a medidas de adaptación (sistemas de riego, control de plagas, enfermedades de la vid, etc.), al pago de seguros y a la mitigación de fenómenos inesperados como sequías y lluvias (cambios en las fechas de recogida y regulación de la carga de uva). Curiosamente, el impacto ha sido menor en la producción del vino en bodega.

Las perspectivas de futuro, de seguir esta tendencia, tampoco son muy positivas. Existe la percepción de que, en la próxima década, tendrán que darse ciertos cambios en el territorio del Rioja para adaptarse y mitigar los efectos del cambio climático. El 71,8 % de los participantes en el estudio señaló que harán falta nuevos sistemas de riego, el 73,8 % indicó que se intensificarán los cambios en las fechas de recogida y el 71,1 % afirmó que habrá más enfermedades y plagas.

Ante esta situación, la mayoría de los encuestados indica que harán falta más seguros y, especialmente, más información, más formación y más ayudas económicas para afrontar la situación.

El 45,7 % de los encuestados manifestaron que el territorio del Rioja tendrá que adaptarse a las nuevas circunstancias pero que se mantendrá en condiciones más o menos similares a las actuales, mientras que un 36,6 % indicaron que tendrán que buscarse medidas de adaptación como nuevas variedades de uva o plantaciones a más altura. Es decir, no existen apenas posiciones extremas, pero sí que existe la conciencia de que serán necesarios cambios aunque se difiere en la profundidad de los mismos.

¿Un fenómeno reversible?

Para buena parte de los encuestados, el cambio climático ha venido para quedarse: el 39,1 % indicó que es poco reversible y el 18,7 % que no lo es en absoluto. En el otro extremo, un 19,3 % le otorgó algún grado de reversibilidad y un 17,7 % afirmó que la situación se quedará como está en la actualidad.

En definitiva, contamos con un escenario que demuestra el aumento de las temperaturas, de los fenómenos extremos y, en menor medida, un descenso de las precipitaciones, aunque con diferencias en el interior del territorio. Tenemos también viticultores, vitivinicultores y enólogos muy conscientes de esta situación, la vienen percibiendo desde hace años y está suponiendo un coste para adaptarse y reducir sus efectos.


Artículo publicado originalmente en The Conversation

The Conversation

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