El uso de vehículos eléctricos no será suficiente para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París

Según un estudio de la UVa, al cambio en el transporte deben sumarse políticas de decrecimiento en el consumo de recursos y de producción de residuos para evitar la catástrofe climática


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La Universidad de Valladolid (UVa) ha observado, a través de un modelo propio que integra variables económicas y energéticas denominado MEDEAS, que una amplia sustitución de la mayor parte de los vehículos actuales por otros eléctricos no conduciría por sí sola a los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero acordados a nivel mundial en la Cumbre del Clima de París de 2015 o por la Unión Europea en su Pacto Verde 2050. El grupo de Energía, Economía y Dinámica de Sistemas (GEEDS), responsable del estudio, concluye que además del despliegue de la movilidad eléctrica habría que considerar medidas políticas de decrecimiento para alcanzar estas metas.

La transición hacia una sociedad más sostenible es uno de los mayores retos en la actualidad a nivel mundial. A los objetivos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de diferentes organizaciones supranacionales y Estados se suma el hecho de que se puede producir un agotamiento de los recursos petroleros. El transporte es uno de los sectores con mayor dificultad para adaptarse a este cambio. Los combustibles fósiles aún suponen más del 90 por ciento del total de su uso de energía de aviones, barcos, trenes, camiones y coches y en varios países las emisiones asociadas a este sector siguen al alza a pesar de la mejora de la eficiencia en los vehículos y de la adopción de políticas más sensibles.

El grupo de investigación GEEDS de la Universidad de Valladolid ha desarrollado en los últimos años un modelo denominado MEDEAS que incorpora variables económicas, energéticas, de infraestructuras, de disponibilidad de materiales, del uso de la tierra, de objetivos frente a la crisis climática e indicadores de impacto ambiental y social, con el fin de delinear escenarios futuros para la humanidad. En un artículo publicado en 'Energy Strategy Reviews', han analizado los límites del impacto del transporte en las emisiones de gases de efecto invernadero. “No basta con invertir en energías renovables, prohibir la venta de coches diésel o fomentar el vehículo eléctrico, además es necesario un cambio copernicano en la forma de funcionar nuestras economías", avanza Margarita Mediavilla, del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática de la UVa e integrante del equipo investigador. “El bienestar no puede depender del crecimiento económico, necesitamos un cambio de paradigma", ahonda la especialista.

Ese cambio de paradigma por el que aboga este equipo científico se basa en el decrecimiento. “No tiene que ver con la recesión en términos clásicos en los que la reducción de crecimiento económico acarrea impactos negativos en forma de desempleo, déficit público, etc.", matiza su compañero Íñigo Capellán. En este planteamiento, el ‘decrecimiento’ es una reorganización de la economía para reducir el consumo de recursos naturales y de residuos, conjugado con una reestructuración económica y social.

 

Pacto Verde Europeo

Para estudiar la reducción de emisiones en el transporte el equipo científico, compuesto por perfiles tan diversos como ingenieros industriales, economistas o filósofos, ha tomado como punto de partida el Pacto Verde Europeo. En él, la Unión Europea se establece el objetivo de cero emisiones netas en 2050.

Recientemente, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von del Leyen, ha propuesto en su primer discurso sobre el Estado de la Unión alcanzar una reducción del 55 por ciento en 2030. El grupo de la UVa recogió datos sobre mitigación de gases de efecto invernadero en el sector del transporte y diseñó cuatro escenarios diferentes a futuro: uno con las tendencias actuales, otro con una hipotética alta electrificación del transporte, uno con una promoción intensa de motos y bicicletas eléctricas como sustitución del automóvil incluido el eléctrico, y un cuarto específico para cumplir los objetivos de descarbonización bajo la perspectiva del decrecimiento económico.

En sus análisis, se observa que el mantenimiento de las tendencias actuales conduce no a una reducción, sino a un crecimiento del 20 por ciento de los niveles actuales de emisiones de gases de efecto invernadero. La introducción de vehículos eléctricos como forma de transporte mayoritaria (segundo escenario) y la más amplia sustitución del coche por la bici eléctrica (tercer escenario) permitía reducciones de entre el 15 y el 30 por ciento, lejos de los objetivos. El decrecimiento sería el único escenario que lo garantizaría, según este modelo, alcanzar estas metas.

 

Disponibilidad de los minerales

En la búsqueda de un transporte más sostenible, la sustitución del petróleo y sus derivados por baterías eléctricas no acaba sin embargo con la extracción y dependencia de recursos naturales. En vez de yacimientos petrolíferos, son necesarias minas de litio, cobalto y en menor medida de níquel y manganeso para la fabricación de las baterías de los vehículos. La sustitución de todos los coches por modelos eléctricos supone, según el modelo MEDEAS, agotar las minas actuales de algunos minerales y abrir otras nuevas para alcanzar recursos de peor calidad. Esto representaría una amenaza para la biosfera. “Este tipo de explotaciones causa un gran impacto ambiental, debido a que muchas minas son a cielo abierto", explica Mediavilla.

El modelo MEDEAS desarrollado por la UVa y aplicado en este estudio es pionero en varios aspectos. Ha sido diseñado para facilitar la evaluación de políticas de transición energética, con un enfoque novedoso que integra restricciones biofísicas, económicas, sociales y tecnológicas. Integra un gran número de módulos (hasta nueve) y sus interacciones entre ellos de forma flexible y transparente con el fin de obtener certezas más firmes en sus escenarios futuros. De este modo, el modelo tiene en cuenta dos límites al crecimiento económico que raramente aparecen juntos en la literatura científica: la disponibilidad de energía y los propios daños producidos por el cambio global en forma de catástrofes, por ejemplo.

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