Gestión del agua y cambio climático: los retos de la adaptación

Por Eloy García Calvo, director de IMDEA Agua


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El cambio climático siempre se ha considerado un problema global, como no podía ser de otra manera. Los gases de efecto invernadero se difunden de manera bastante homogénea en la atmosfera, sin atender a fronteras. La percepción del agua como recurso y los problemas relacionados con su escasez y su calidad se han considerado durante mucho tiempo problemas locales, no globales; se decía que una persona duchándose en Japón no influía en la cantidad y calidad del agua de la que disponía una persona en Tanzania, por ejemplo. Hace ya varios años que la denominada crisis del agua se toma como un problema global, por supuesto muy vinculado al cambio climático, de manera que ganar la batalla del cambio climático es ganar la batalla del agua. El agua sustenta ecosistemas, biodiversidad, agricultura, economías y a la sociedad en general.

La disponibilidad de agua y los problemas relacionados con ella están tan ligados al cambio climático que la adaptación al mismo es un factor crítico en la gestión del agua.  El aumento de la temperatura media en nuestro planeta derrite el hielo contribuyendo a elevar el nivel del mar y a disminuir el tamaño de los glaciares.  Alguno de estos glaciares son reservas fundamentales de agua dulce en zonas muy pobladas como el subcontinente indio. Otras reservas de agua dulce como aguas superficiales, subterráneas y, en cierta medida, la desalación de agua del mar se ven afectadas por el incremento de la concentración de gases con efecto invernadero. Las sequias y las lluvias torrenciales generadas por el cambio climático introducen incertidumbre en la gestión del agua como recurso. No solo hay que tener en cuenta el incremento de las sequías e inundaciones sino también los riesgos para el funcionamiento de los sistemas de captación y redes de distribución del agua potable y las redes y servicios de saneamiento.  El cambio climático influye de manera negativa en esa gestión.

Para la adaptación al cambio climático debemos tener claro que el factor que más influye en los problemas del agua como recurso es el crecimiento demográfico, no olvidemos que la población mundial se ha duplicado en menos de 50 años, pero el cambio climático contribuye enormemente a agravar el problema. Además de los efectos comentados anteriormente, el aumento de la temperatura terrestre supone un incremento de la transpiración y evapotranspiración que, con el incremento de superficie terrestre utilizada debido al incremento de la población, supone un aumento de las superficies áridas o degradadas en muchas zonas, por ejemplo, en España.

La falta de referencias para predecir el futuro en un escenario de cambio climático genera incertidumbre, por ello, para llevar a cabo una verdadera adaptación al cambio es necesario profundizar en conocimientos que proporcionen instrumentos fiables. La mayor parte de los instrumentos disponibles actualmente, desde infraestructuras a instituciones, son muy poco flexibles. La falta de flexibilidad dificulta la toma de decisiones en un mundo cambiante. Por ejemplo, disponer de una gran infraestructura puede condicionar las decisiones a lo largo de varias décadas. Estos problemas se pueden superar, pero son necesarios cambios significativos en la gestión. 

 

¿Cómo se mitiga el cambio climático desde el sector del agua?

La ONU observa que existen soluciones sostenibles, asequibles y adaptables en materia de agua y saneamiento. El incremento de la población supone un incremento de la demanda de agua y una disminución de la calidad global del recurso. El incremento de la demanda hace necesario obtener el recurso en lugares con acceso cada vez más difícil, con el consiguiente incremento de consumo energético. El descenso de calidad supone someter al agua a procesos que consumen energía, tanto para la potabilización como para el tratamiento de las denominadas aguas residuales.  Estas, las aguas residuales, son un recurso, no sólo de agua, más de un 99 %, sino también de energía y nutrientes, que puede cubrir incluso las necesidades energéticas del ciclo urbano del agua. Un buen ejemplo de economía circular.

En este contexto no se deben olvidar las posibilidades que ofrece el uso de procesos basados en la naturaleza para potabilización y tratamiento de agua, procesos que también pueden ser sumideros de CO2. La descentralización en la gestión del agua urbana, evitar la pérdida de vegetación para prevenir erosión e inundaciones y recoger el agua de lluvia son opciones a considerar para una gestión más flexible y sostenible y en la dirección de mitigar y adaptarnos al cambio climático.


Artículo publicado en el número 223 Mayo/Junio 2020

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