La simbiosis industrial, o cómo producir más y mejor, gastando menos

Por Dolores Hidalgo, Directora del Área de Economía Circular de Fundación Cartif


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Como otros muchos elementos que nos ayudan a avanzar como sociedad, la simbiosis industrial tiene su génesis en la biología, en la cual “simbiosis” representa la asociación de individuos de diferentes especies en una relación en la que existe un beneficio mutuo. Esta definición se ha trasladado a las industrias en las que la simbiosis involucra a entidades tradicionalmente separadas en un enfoque colectivo de ventaja competitiva que provoca el intercambio físico de materiales, energía, agua y subproductos. La simbiosis industrial también se ha identificado con una oportunidad de negocio y una herramienta para la ecoinnovación. Producir más sin gastar más energía o recursos mediante la cooperación es el objetivo último que persigue este fenómeno: empresas que utilizan subproductos o residuos de otras empresas. Es un método eficaz para cerrar ciclos y, por lo tanto, para llegar a un nivel de desperdicio cero.

Las relaciones de simbiosis industrial nacen del conocimiento del otro y se han fomentado a través de una serie de factores, como son el ahorro de recursos, la obtención de beneficios económicos, el cumplimiento de requisitos ambientales, la escasez de recursos naturales o la reducción de residuos. Por lo tanto, para satisfacer estas necesidades, la simbiosis industrial se ha extendido por todo el mundo con resultados económicos, ambientales y sociales muy positivos, como demuestran las múltiples iniciativas que se encuentran en marcha.

Producir más sin gastar más energía o recursos mediante la cooperación es el objetivo último que persigue este fenómeno: empresas que utilizan subproductos o residuos de otras empresas.

De hecho, la simbiosis industrial se reconoce como una estrategia útil para apoyar la transición desde una economía lineal hasta una economía circular. La simbiosis industrial se relaciona con la economía circular a través de la búsqueda del insumo de materiales en bucles cerrados, que introduce los principios de los sistemas biológicos y elimina la dependencia de existencias limitadas. La simbiosis industrial es una iniciativa de circuito cerrado que se toma a nivel de clúster o cadena de suministro, donde un grupo de empresas comparten ciertas corrientes de recursos y energía y, por lo tanto, mejoran su energía colectiva y la eficiencia de los recursos.

La simbiosis industrial emplea una perspectiva interorganizacional para buscar emparejamientos sinérgicos entre la producción de desechos de una empresa y los insumos de otra, gracias a la cooperación entre empresas a través del intercambio de recursos e información. Sin embargo, orquestar las relaciones de simbiosis industrial entre empresas sigue siendo un proceso complejo. Existen “factores clave” que terminan siendo cruciales en este proceso de formación de sinergias. Por lo general, estos factores clave se han categorizado como habilitadores, barreras, desafíos y desencadenantes, y el objetivo principal de esta categorización es discernir entre los factores que permiten o promueven la implementación de simbiosis industrial y los factores que obstruyen o amenazan este modelo.

La falta de confianza, la incertidumbre acerca de los beneficios y la falta de intercambio de información son los principales factores que se han identificado que restringen los procesos de simbiosis industrial. Sin embargo, también hay factores que a menudo se denominan impulsores de la creación y el desarrollo de redes entre empresas, como la necesidad de reducir los costes de eliminación de materias primas sobrantes o residuos y la posible generación de ingresos. Además de estos aspectos, también se ha identificado que las políticas y la legislación existentes influyen en las prácticas de simbiosis industrial. La presión regulatoria, sobre todo la medioambiental, ha impulsado a las empresas a encontrar soluciones para utilizar los recursos de manera más eficiente y reducir la eliminación de sus residuos. Las políticas y planes que tienen como objetivo fomentar las redes de sinergia han contribuido en gran medida a la difusión de estas prácticas, sin embargo, la legislación existente también puede restringirlas. Las barreras regulatorias están principalmente vinculadas a una legislación poco clara, y una falta de orientación sobre los criterios de cumplimiento.

Con objeto de promover las prácticas de simbiosis industrial en el futuro inmediato, sería recomendable que fueran los gobiernos locales o regionales, que son los que conocen en detalle las características del tejido productivo en su territorio, los que establecieran estrategias ad hoc, con metas y responsabilidades claramente definidas para todos los actores participantes, y métodos para lograr estas metas. El apoyo político juega un papel fundamental tanto en la legitimización de toda iniciativa industrial como en la generación de confianza en el mercado y en el consumidor. Otra forma de avanzar es que los gobiernos regionales o locales demanden ciertos servicios asociados a la implementación de modelos de simbiosis industrial y, de esta manera, generen interés sobre las soluciones que el modelo pueda aportar al mercado. Alternativamente, si existen recursos, los gobiernos locales también podrían iniciar proyectos piloto que actuaran como escaparate promoviendo la replicación del modelo y la confianza del consumidor.


Artículo publicado en el número 232 de RETEMA.

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