La UPV/EHU propone el crecimiento del musgo Grimmia como biomonitorización de la contaminación de metales

Se trata de un estudio realizado por el grupo de investigación IBeA, en colaboración con el grupo de investigación GESSA de la Universidad de la Costa de Colombia


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¿Por qué crecen más unas especies de colonizadores, como es el caso de los musgos o los líquenes, en un lugar o en otro? En opinión de la investigadora del grupo IBeA de la UPV/EHU Maite Maguregui, “ya solo visualmente, la presencia de algunas especies nos puede estar dando una idea de si la atmosfera de una determinada zona está más o menos contaminada, dependiendo de la especie de que se trata. El crecimiento de ciertas especies que son más o menos resistentes a la contaminación nos estaría dando información de la calidad atmosférica, por lo menos en el ámbito de los metales del material particulado”.

La biomonitorización es una metodología que considera el uso de organismos vivos para vigilar y evaluar el impacto de diferentes contaminantes en una zona conocida, relativamente barata y fácil de aplicar. Estos organismos, que tienen la capacidad de vigilar la contaminación, se conocen también como biomonitores pasivos, ya que son capaces de identificar posibles fuentes de contaminación sin necesidad de ningún instrumento adicional.

En el estudio realizado con muestras de seis emplazamientos vizcaínos (Muskiz, Getxo, Lutxana, Zamudio, Basauri y Amorebieta-Etxano), se aplicó una metodología multianalítica para verificar la utilidad de los musgos del género Grimmia que crecen naturalmente como biomonitores pasivos de la contaminación atmosférica por metales pesados. Una vez identificados los musgos según su morfología y taxonomía, se determinó la capacidad de los mismos para acumular material particulado, se identificaron las principales partículas metálicas depositadas y, finalmente, se definieron con mayor precisión los niveles de metales acumulados en cada musgo recogido.

 

Estudio acumulativo de las partículas

Maguregui manifiesta que no se trata de contaminación relacionada con un evento puntual, sino que “el musgo nos estaría mostrando un efecto acumulativo. El musgo no es nuevo, se ha podido desarrollar hace años y ha ido acumulando metales; eso nos mostraría cómo ha habido diferentes eventos a lo largo de los años”. Los resultados obtenidos mostraron que los diferentes metales pesados detectados en el material particulado atrapado y acumulado por los musgos están estrechamente relacionados con las actividades antropogénicas (tráfico rodado, emisiones del tráfico ferroviario y marítimo, emisiones de las industrias del hierro, emisiones de las refinerías de petróleo, emisiones de las centrales eléctricas, industrias de destilación de alquitrán, etc.). No obstante, Maguregui subraya que “en ningún momento hemos encontrado concentraciones preocupantes para la salud”.

Cabe destacar la alta concentración de plomo en Punta Begoña (Getxo), siendo diez veces mayor que en los puntos de muestreo adicionales. En este caso y gracias a la relación con otras evidencias experimentales en soportes adicionales (partículas acumuladas en costras negras que crecen en los materiales de construcción), se pudo confirmar que esta zona fue altamente impactada por las emisiones de plomo en el pasado.

Por otra parte, “dado que en Lutxana la mayoría de los metales pesados (titanio, cobre, zinc, hierro y manganeso) mostraron concentraciones mucho más altas que en el resto de los puntos de muestreo, fue posible concluir que Lutxana es el punto de muestreo que muestra mayores concentraciones de metales en el material particulado atmosférico atrapado en los musgos. Por el contrario, el menos contaminado fue el muestreo de Zamudio”, concluye.

RRSS


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