Su contenido en nutrientes y materia orgánica ofrece posibilidades de aprovechamiento agrícola, pero la composición, el almacenamiento y la aplicación condicionan su eficiencia y su impacto ambiental
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El digestato conserva una parte importante de los nutrientes presentes en las materias primas sometidas a digestión anaerobia, lo que permite aprovecharlo en agricultura y devolver esos recursos al suelo. Sin embargo, hablar de digestato como fertilizante no significa que todos los materiales resultantes del proceso presenten las mismas propiedades ni puedan gestionarse de la misma manera.
El tipo de sustrato, el proceso de digestión, los tratamientos posteriores y las condiciones de almacenamiento y aplicación determinan buena parte de su valor agronómico. Una gestión inadecuada puede, además, provocar pérdidas de nutrientes y reducir los beneficios ambientales asociados a su aprovechamiento.
Nitrógeno, fósforo y potasio determinan buena parte de su interés
El digestato puede contener nitrógeno, fósforo, potasio y materia orgánica, aunque sus concentraciones varían considerablemente según las materias utilizadas en el digestor. Purines, estiércoles, residuos agroindustriales o diferentes mezclas de sustratos generan digestatos con características distintas, por lo que resulta necesario conocer su composición antes de determinar las dosis y formas de aplicación.
La digestión anaerobia modifica además la forma en la que se encuentra parte de esos nutrientes. Una proporción del nitrógeno orgánico se transforma en nitrógeno amoniacal, más fácilmente disponible para los cultivos, pero también susceptible de perderse mediante emisiones de amoniaco si el digestato no se almacena y aplica adecuadamente. Su valor no depende, por tanto, únicamente de cuánto nutriente contiene, sino también de cuánto puede aprovechar realmente el cultivo.
La materia prima condiciona la calidad final
Conocer qué entra en el digestor resulta fundamental para saber qué puede encontrarse posteriormente en el digestato. Las materias primas condicionan tanto su composición agronómica como la posible presencia de elementos no deseados que puedan limitar determinados destinos.
Por este motivo, la caracterización puede incluir parámetros como contenido en materia seca, materia orgánica, nutrientes, pH y presencia de determinados contaminantes, en función del origen y del uso previsto. La calidad del digestato comienza así mucho antes de su aplicación agrícola: el control de los materiales de entrada forma parte de la propia gestión del producto final.
Almacenar bien permite conservar mejor los nutrientes
Entre la salida del digestor y su utilización puede transcurrir un periodo de almacenamiento. Durante esta etapa pueden producirse pérdidas, especialmente de nitrógeno, si no se adoptan las condiciones adecuadas. Las emisiones de amoniacorepresentan uno de los aspectos ambientales que deben tenerse en cuenta.
Los sistemas de almacenamiento y su cobertura pueden contribuir a limitar estas pérdidas. Además de reducir emisiones, conservar el nitrógeno aumenta la cantidad disponible posteriormente para los cultivos y mejora el aprovechamiento del recurso. Evitar pérdidas durante el almacenamiento tiene, por tanto, una doble dimensión agronómica y ambiental.
Aplicar más digestato no significa fertilizar mejor
La utilización agrícola debe responder a las necesidades reales de los cultivos y a la disponibilidad de nutrientes existente en el suelo. Una aportación superior a la capacidad de absorción de las plantas no aumenta necesariamente la productividad y puede favorecer pérdidas hacia otros compartimentos ambientales.
El momento y la técnica de aplicación también resultan relevantes. Incorporar el digestato al suelo o utilizar sistemas que reduzcan su exposición al aire puede limitar determinadas pérdidas de nitrógeno frente a métodos menos eficientes. También deben considerarse factores como meteorología, tipo de suelo, pendiente y proximidad a masas de agua, ya que condicionan el riesgo de escorrentía o infiltración.
Evitar que los nutrientes terminen convirtiéndose en contaminación
Uno de los principales retos consiste precisamente en equilibrar el aprovechamiento agronómico con la protección ambiental. El nitrógeno y el fósforo son recursos esenciales para la producción agrícola, pero cuando llegan en exceso a las masas de agua pueden contribuir a problemas como la contaminación por nitratos y la eutrofización.
Esta relación resulta especialmente importante en territorios con una elevada concentración de actividad ganadera o producción de digestato. En estos casos, la disponibilidad local de nutrientes puede superar la demanda agronómica, haciendo necesario tratar, concentrar, recuperar o transportar nutrientes hacia otras zonas en lugar de incrementar las aplicaciones sobre las mismas superficies.
Analizar el digestato permite ajustar su aprovechamiento
La caracterización del material permite pasar de una aplicación basada simplemente en el volumen disponible a una fertilización basada en los nutrientes realmente aportados. Conocer la concentración de nitrógeno, fósforo y otros componentes ayuda a calcular las cantidades necesarias y complementarlas, cuando sea preciso, con otras fuentes de fertilización.
Esta información también facilita la utilización de herramientas de agricultura de precisión y planes de fertilización, ajustando las aportaciones a las necesidades de cada parcela y cultivo. El digestato puede integrarse así dentro de una gestión más eficiente de los nutrientes, en lugar de tratarse únicamente como una corriente que necesita encontrar una salida.
Convertir el digestato en recurso exige gestionar todo su recorrido
El valor del digestato no termina de definirse cuando sale de una planta de biogás. Producción, composición, almacenamiento, tratamiento, transporte y aplicación agrícola forman parte de una misma cadena y condicionan el resultado final.
Gestionar correctamente estas etapas permite conservar una mayor proporción de los nutrientes y reducir el riesgo de que terminen dispersándose en el medio. El reto consiste en hacer coincidir la oferta de nutrientes del digestato con la demanda agronómica, convirtiendo un material derivado de la producción de biogás en un recurso útil dentro de los ciclos agrícolas.
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Un biodigestor es un sistema cerrado y hermético diseñado para realizar la digestión anaerobia de materia orgánica, transformando biorresiduos en biogás y digestato mediante la acción de microorganismos en ausencia de oxígeno. Existen diferentes tipos (domésticos, industriales, discontinuos o continuos) adaptados al volumen y tipo de residuo a tratar. El biogás producido puede utilizarse como fuente de energía renovable, y el digestato como fertilizante agrícola.