Hay un relato cómodo sobre el retraso del sistema de depósito para envases en España: alguien no quiere que funcione y por eso no funciona. La realidad es bastante más compleja, y precisamente por eso merece ser contada con rigor. El problema de fondo no es de voluntades sino de secuencia: se está pidiendo a una administración que evalúe algo que, sin un diálogo técnico previo entre las partes que nadie ha impulsado todavía, no puede evaluarse con el rigor que la propia ley exige.