Cambios en el uso de la tierra afectan a los ecosistemas hídricos

El aumento de las actividades agrícolas en las últimas tres décadas ha generado una mayor escorrentía por la disminución de la capacidad de infiltración de los suelos


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El aumento de las actividades agrícolas en Colombia en las últimas tres décadas ha generado una mayor escorrentía por la disminución de la capacidad de infiltración de los suelos, acentuada por el efecto que produce la pérdida de vegetación boscosa sobre la evaporación, intercepción y redistribución de la precipitación, o aguas lluvias.

Así lo estableció Diego Alejandro Patiño Rincón, magíster en Ingeniería de Recursos Hidráulicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, quien realizó una investigación en la que se determinó cómo se comportan las coberturas de la tierra –vegetación, afloramientos rocosos y cuerpos de agua– a lo largo del tiempo y del espacio.

El análisis de datos de 1987, 1998 y 2014 se realizó en la cuenca del río Chinchiná para identificar los cambios en el uso de la tierra, los mapas de cobertura y su impacto en la producción de agua.

“En todos los años encontramos una disminución en la producción de agua, lo cual se detectó por la disminución del flujo, en el que la escorrentía directa aumenta. Los cambios de uso y cobertura que más se destacan durante el periodo de análisis fueron la reducción de bosques y el aumento del territorio agrícola”, explica el magíster.

En los tres años también se evidenció una relación entre la cobertura vegetal boscosa y la pérdida de humedad de la superficie, ya que el proceso está definido por el transporte de agua a la atmósfera a través de las plantas.

Uno de los datos más importantes tiene que ver con la deforestación, la cual no se puede revertir fácilmente. “Aunque en 2014 se presentó una recuperación de la cobertura tipo bosque con respecto al área de 1998, esta no evitó que la deforestación aumentara durante el periodo de estudio, es decir que las actividades de reforestación no han sido suficientes o se deben dar en diferentes sitios de la cuenca”, destaca el investigador.

Según su estudio, en 2008 la superficie de la cuenca del río Chinchiná estaba distribuida en un 41 % por cultivos y pastos, el 25 % representaba rastrojos y un 34 % correspondía a bosques naturales, de los cuales el 6,3 % correspondían a territorios de reforestación protegidos.

Esta cuenca presenta una cobertura predominante de bosque nativo, el cual es sobreexplotado por los asentamientos poblacionales. En este territorio los suelos están destinados especialmente a sector industrial, zonas residenciales, cultivos y ganadería.

“Empleamos mapas de uso y cobertura, mediante el procesamiento de imágenes satelitales, fotografías aéreas y planchas cartográficas, las cuales nos brindaron la información necesaria para realizar estudios de planificación del territorio”, señala.

En el estudio se identificaron cuatro clases de cobertura de la tierra y se clasificaron como territorios agrícolas; bosques y áreas seminaturales, y superficies de agua.

Además se dividieron en seis subclases, representadas en pastos, áreas agrícolas heterogéneas, bosques, áreas con vegetación herbácea o arbustiva, áreas abiertas, con poca o sin vegetación, y aguas continentales.

Para analizar la precipitación se evaluaron los registros diarios de 23 estaciones con más de 30 años de información acumulada, las cuales forman parte de la Red Meteorológica de Caldas.

Según los datos obtenidos, la precipitación es abundante en la parte alta y media de la cuenca y muy abundante en la zona baja. “Sin embargo la precipitación se incrementa en los episodios fríos de La Niña, mientras que durante el fenómeno cálido de El Niño se reduce”.

Para identificar las clases de cobertura se hicieron visitas de campo en varios puntos de la cuenca, los cuales fueron apoyados mediante el uso de imágenes aéreas y satelitales de mayor resolución.

“Los mapas de uso y cobertura de la tierra son fundamentales para calcular indicadores que permitan asociar directamente los cambios de uso y cobertura como un factor que afecta el régimen hidrológico de las cuencas”, destaca el magíster.

Agrega que “las variaciones en las áreas de uso y cobertura de la tierra evidencian un aumento en las presiones ejercidas sobre el recurso hídrico. Por ejemplo la disminución de la cobertura boscosa, relacionada con el aumento de pastos y áreas agrícolas, modifica la superficie y disminuye la capacidad de almacenamiento de agua, lo que incrementa los volúmenes de escorrentía, que es el agua de lluvia que circula sobre la superficie de un terreno”.

Este análisis sirve como herramienta para los decisores de la planificación de los recursos hídricos y para la gestión de la tierra en los diferentes territorios del país.

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