El Mar Menor lleva décadas enfermo

El Mar Menor visto desde la rambla de El Albujón. Siro_Rodenas/Shutterstock


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13/01/2020

Por José Antonio López Guerrero, Universidad Autónoma de Madrid


 

El verano de 2019 nos decía adiós con una noticia preocupante: nuestro querido, turístico y veraniego Mar Menor agonizaba. Bueno, en realidad, los que agonizaban eran, según imágenes aparecidas en los medios de comunicación, los peces que allí vivían. Miles de ellos aparecían flotando, sin vida, en una laguna costera que parecía quedarse sin oxígeno.

Los expertos apuntaban a la gota fría o DANA (depresión aislada en niveles altos) como responsable de esta catástrofe ecológica. Sin embargo, la gota fría no es inusual en la zona durante los meses de septiembre.

Tampoco parece claro que este fenómeno pueda ser el único responsable de tal catástrofe en una laguna que, aunque estrecha, está directamente conectada con el Mediterráneo. Mar, dicho sea de paso, cuya salud tampoco está para lanzar cohetes…

Sea como fuere, nuevas investigaciones quieren arrojar algo más de luz sobre la situación en esta costa (ya de por sí brillante) en un intento por salvar un valioso ecosistema tan rico en diversidad biológica.

 

El Mar Menor sufre desde hace décadas

Un informe científico señala que la mortandad masiva de peces y otras especies ocurrida en la laguna costera del Mar Menor a mediados de octubre fue consecuencia de la degradación que la laguna sufre por el exceso de nutrientes de origen básicamente agrario. Situación que se agravó por los arrastres asociados a la DANA de septiembre.

Diez expertos de seis entidades de investigación han elaborado este documento que describe cómo la entrada y acumulación durante décadas de nutrientes procedentes sobre todo de los fertilizantes agrarios transformó en 2016 las transparentes aguas del Mar Menor en una sopa verde. Este fenómeno ha provocado la destrucción del 85 % de las praderas de los fondos y su fauna acompañante.

 

Evolución de la superficie ocupada por praderas marinas en el Mar Menor: los. colores y el rayado verde representan la cobertura vegetal del fondo entre 2014 y 2017. Belando et al (2019)/IEO

 

Desde entonces, la laguna sufre una profunda degradación cuyo último episodio ha sido la mortandad masiva de peces y organismos de otras muchas especies ocurrida a mediados de octubre.

La DANA de septiembre agravó la situación, al arrastrar grandes cantidades de nutrientes y al provocar el agotamiento de oxígeno en el fondo, donde una superficie superior a 9 000 campos de fútbol ha quedado devastada. Parte del agua profunda, sin oxígeno y con sulfuros tóxicos para la fauna, afloró en superficie y causó el episodio de mortandad masiva.

Miguel Ángel Esteve, de la Universidad de Murcia, coautor del informe, aclara que la DANA de septiembre fue un factor agravante, pero no la causa de las muertes. Otras situaciones de gota fría más intensas incluso, como la de 1987, no dieron lugar nunca a tales fenómenos de mortandad.

Según Esteve, el principal motivo hay que buscarlo en la cuenca del Mar Menor. Entre 1988 y 2009 duplicó la superficie de regadíos intensivos, pasando de unas 25 000 hectáreas a más de 55 000, multiplicándose la entrada de nutrientes procedentes de fertilizantes agrarios.

 

Comunidad de Cymodocea nodosa y Caulerpa prolifera a 5 m de profundidad en 2014. (izquierda) y aspecto del mismo sitio en 2016 (derecha). Belando et al (2019)/IEO

 

El informe indica que la recuperación del Mar Menor será compleja y a largo plazo. Según Julia Martínez, de la Fundación Nueva Cultura del Agua, también coautora del informe, recuperar el Mar Menor requiere actuar en la cuenca con medidas de prevención en origen, soluciones basadas en la naturaleza y estrategias de recuperación de los humedales naturales, capaces de retener y eliminar la contaminación agraria, especialmente cuando ocurran lluvias torrenciales.

Se denomina eutrofización a la acumulación de residuos orgánicos en el litoral marino, en un lago o laguna. La sobreabundancia de nutrientes causa la proliferación de ciertas algas y microorganismos, de forma que se consume rápidamente el oxígeno del ecosistema, produciendo la muerte de un gran número de especies.

El fenómeno podría llegar a ser irreversible si no se actúa rápidamente. El Mar Menor no es solo un lugar de idílico veraneo; es un ecosistema rico en biodiversidad que bien merece la implicación de serias políticas de conservación si no queremos lamentar la desaparición de numerosas especies endémicas, únicas en el mundo.

Lo de la sombrilla en verano tampoco parece mala idea, pero deberíamos compatibilizar ambas riquezas.


Una versión de este artículo fue publicada originalmente en el blog Bio (Ciencia + Tecnología), de la Fundación para el Conocimiento madri+d.

 

Artículo publicado originalmente en The Conversation

The Conversation



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